Votar o no votar, ahí está el dilema. Ya son 25 años de régimen chavista en el que los mecanismos de control ya no sorprenden a nadie, porque al régimen no lo detienen los instrumentos legales internacionales y gracias al terror y al dominio que han tenido en las instituciones legislativas (Asamblea Nacional) han aprobado todas las leyes que les garantiza el manejo del país, les permite reprimir y garantizar su impunidad.
De la mano de la dictadura cubana, estas dos décadas y media en la historia de Venezuela han afianzado un régimen chavista que se burla del sistema internacional, incluyendo a Estados Unidos de América, que mientras pueda hacer negocios, le importa un comino la salud de la democracia o de los derechos humanos de los venezolanos, al punto que el cuento de la mejoría de la calidad de vida y la situación país sirvió de fundamento para eliminar el TPS que favorecía a quienes huyeron a Estados Unidos de América.
Ahora que se acerca un nuevo “evento electoral municipal” a realizarse el 27 de julio de 2025, manipulado por el régimen, la oposición demostró con su abstencionismo que vuelve a cometer los mismos errores del pasado al no acudir a las elecciones de gobernadores, porque al final del cuento “el sistema electoral que irrespetó la voluntad de las mayorías el 28 de julio de 2024, le importó poco y dio ganadores a sus fichas, nada cambió, nada pasó” .
Esa desconfianza e irrespeto a la voluntad popular, generó frustración y como respuesta la oposición no participó en las elecciones de gobernadores del 25 de mayo de 2025. En su proceso de transmutación el chavismo aprendió a manejar los tiempos y la psique de las mayorías. Su sistema electoral coloca el número que quiere, así las mesas de votación reflejen otra realidad. Los observadores saben que el 25 de mayo el porcentaje de participación fue bajo y no el 40% que dijeron los directores chavistas.
No hubo código QR como sucedió el 28 de julio de 2024 que le permitió desnudar la trampa que montaron para garantizar el “triunfo de Nicolás Maduro”. Ante el mundo la mentira quedó demostrada. Pero ¿qué ocurrió después de la manipulación de los resultados presidenciales? Nada. Un año después el chavismo continúa en el poder, a pesar de los cuestionamientos, la realidad no ha cambiado.
Es evidente que los usurpadores no están dispuestos a ceder el poder por las buenas, democráticamente nunca, la razón muy sencilla, compartirlo o entregarlo significa arriesgar su propia supervivencia. La corrupción y la violación de los derechos humanos es una daga que puede cortar sus cuellos y ellos no lo van a permitir, y los chulos cubanos no van a perder la vaca lechera que les permite mantener su longeva dictadura.
La oposición siempre fue mayoría frente al chavismo, el gran error que cometió fue su pasividad y falta de protagonismo ciudadano, creado por un cómodo modelo forjado por la renta petrolera y una democracia que aparentaba estabilidad. La muestra mayor de la debilidad de Hugo Chávez fue la manipulación de los recursos físicos y legales para sembrar el miedo en los sectores más necesitados y los dependientes de las dádivas del Estado, para que votaran a su favor. El verdadero liderazgo no necesita ni amenazar ni regalar para que lo apoyen.
La manipulación de toda la estructura del Estado para generar miedo y dependencia se ha expresado en mayor grado con Nicolás Maduro. Déspota, autoritario, criminal y corrupto ha logrado controlar el país en todos sus niveles, básicamente porque al liderar una organización criminal, no tiene escrúpulo alguno para mentir, ordenar matar, robar y decir “cualquier pendejada” porque no tiene talento ni formación intelectual, por eso fue escogido por Fidel Castro para sustituir a Hugo Chávez, es la perfecta marioneta.
En el próximo evento electoral, la oposición anda tras el dilema de votar o no votar. No entendieron, como siempre lo han hecho, que el chavismo está dispuesto a todo y que el 28 de julio de 2024 fue un suceso más en el largo historial de derrotas, pero el chavismo debería analizar para modificar las estrategias que les permita robar terreno político al chavismo, entender al enemigo para tomar sus armas, mejorarlas y utilizarlas contra ellos mismos.
Luego de los aparentes fracasos, los opositores deberían robustecerse para encarar los nuevos retos con visiones diferentes, compromisos, estrategias y acciones, pero cuando se trabaja con una sociedad de cómplices, irresponsable, corrupta y sin verdadero sentimiento nacional, esos cambios difícilmente se darán.
Ejemplo de esa realidad es el caso de la candidatura a la Alcaldía de Maracaibo del nefasto y corrupto, Gian Carlo Di Martino. Es inconcebible que el apoyo se base en una supuesta excelente gestión, sustentada en una mentira que tapa su gestión corrupta e inepta, plagada de irregularidades que taparon las mismas instancias judiciales que controla el chavismo. Venden una candidatura de consenso apoyada por la oposición porque cuatro gatos corruptos de Un Nuevo Tiempo se plegaron a él a cambio de algo.
A la par de la memoria corta de la sociedad venezolana, la mentira inunda las redes sociales con aparentes analistas faltos de toda ética y formación, que confunden y hacen que la historia olvide pronto los desmanes del chavismo y de aparentes opositores que venden su alma por un puñado de dólares. Dos décadas y media de inepta y corrupta gestión ya han dado suficientes lecciones para saber que debe o no hacerse frente a ellos.
Ahora que se avecinan las nuevas elecciones, vuelve el fantasma del abstencionismo como opción de resistencia social. Sin embargo, con la experiencia reciente con los gobernadores en las que al chavismo poco le importó la participación, como ha ocurrido en diversas contiendas, la sociedad debe analizar si vota o no, la historia ha dado suficientes aportes para indicar la ruta que debe tomarse: luchar o quedarse dormido en el chinchorro.
Cupertino Flores




































