Hugo Delgado: Los negocios de la democracia

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Institucionalmente, el presidente de Estados Unidos de América (EUA) está cerrando su círculo de poder con la reciente designación del nuevo presidente de la Reserva Federal (FED), Kevin Warsh  (56), un ex banquero del Morgan Stanley del que son accionistas los fondos de inversiones BlackRock y the Vanguard Group, es miembro de su junta de gobernadores y un aliado del presidente Donald Trump, quien –a su vez- mantuvo enfrentamientos con el saliente, Jerome Powell, por su oposición a reducir las tasas de interés.

Powell argumentó que la presión inflacionaria no recomendaba la reducción de las tasas de interés (TI), ya que ésta se incrementó en los últimos dos meses a cifras históricas como producto del conflicto con Irán el aumento de los precios de los combustibles y de los productos de consumo masivo. Esta posición del exPresidente de la FED afectó los intereses de Trump que planteó una baja en las TI para estimular la demanda y el crecimiento económico. 

Por su parte, Warsh  se ha declarado en favor de reducir la presencia de la FED en los mercados financieros y sus versiones indican que va a llevar a ese organismo hacia las decisiones de Trump; sin embargo, la situación mundial no es fácil, más en estos momentos cuando la crisis con Irán provocó el  incremento de los precios del petróleo y gas que impactaron los costos de los bienes y servicios.

Este movimiento con Warsh es un eslabón más en la cadena de injerencias que Trump está haciendo para eliminar sus amenazas legales (suman más de 34 procesos judiciales incluyendo el confuso caso de Jeffrey Esptein), destituyendo jueces, fiscales, investigadores, etc; lo otro son los descarados negocios en los que están involucrados familiares, y sus aliadas, las grandes empresas de tecnología y los fondos de inversión como el Grupo BlackRock.

La fortuna de las empresas Trump se incrementó en más de 1500 millones de dólares en el último año. Las relaciones financieras y de inversión con grupos árabes son evidentes. Detrás de cada proceso de negociación están sus familiares y amigos encargados de resolver conflictos como el de Irán, Gaza, Ucrania, Panamá, Venezuela, China o la Comunidad Europea, tal como se evidenció en las conversaciones con el régimen de Teherán, cuyo equipo está conformado por su yerno, Jared Kushner, también involucrado en el proyecto inmobiliario y turístico “Nueva Gaza”, emprendido por su organización Trump financiado por un fondo de inversiones con capitales árabes.

En las conversaciones con el primer ministro de Ucrania, Volodomir Zelenski, Trump asumió la posición agresiva para chantajearlo y hacerlo ceder en la entrega de recursos naturales estratégicos vitales para las industrias armamentista, chips, automotriz y telefónica; pugna que mantiene con China que ha logrado controlar estos minerales en el mundo, producto de su agresiva y sistemática política de inversión y financiamiento de gobiernos corruptos -principalmente- como ocurrió con el régimen de Venezuela.

Algunos analistas señalan que este gobierno monetizó la presidencia, sin barreras legales ni legislativas que lo controlen e investiguen, Trump, ha vendido su marca a través de su familia y sus amigos, dando rienda suelta  a sus intereses. Su actitud autócrata, dice la investigadora de la Universidad de Princeton (New Yorker 15-5-2026), Kim Lena Scheppele, está directamente relacionada con la corrupción que caracteriza su presidencia.

Eso se evidenció desde el primer momento de su segunda gestión cuando amenazó con invadir a Panamá, la presión cedió con la entrega de los puertos Balboa (Pacífico) y Cristóbal (Atlántico) al grupo BlackRock (liderado por Larry Fink) que negoció ambos terminales por $19 mil millones con el consorcio de Hong Kong CK Hutchinson Holding.

Otro hecho, fue el regalo público de Qatar de un avión valorado en 200 millones de dólares para su uso personal. También existen denuncias relacionadas con negocios con criptomonedas que han dejado grandes ganancias a sus grupos familiares. Sus actos y declaraciones también generan efectos que indudablemente benefician a los grupos empresariales que operan en Wall Street, pero que afectan en estos tiempos de inflación a los menos favorecidos.

El conflicto con Irán evidencia que las decisiones y acciones de Trump forman parte de sus negocios personales mezclados con “aparentes intereses nacionales”. El equipo de negociadores de EUA presentes en Islamabad  está integrado por el vicepresidente James Vance, el empresario inmobiliario Steven Witkof y su yerno, Jared Kushner, ningún diplomático de carrera especialista en negociaciones en el medio oriente estuvo presente.

Los más favorecidos en este conflicto han sido las grandes empresas del negocio petrolero y las corporaciones financieras más importantes de EUA, las ganancias por el incremento del precio del barril ha superado los $100 son monumentales, mientras la población mundial está afectada por el incremento de precios de los bienes y servicios.  En este mundo de aparente anarquismo, están operando los “ingenieros del caos”  que son los directamente beneficiados por las acciones de  Trump.

El escenario caótico favorece a los grandes de la tecnología ahora empeñados en atemorizar  y controlar el mundo de la Inteligencia Artificial. El comportamiento positivo de los principales indicadores de Wall Street lo evidencia. Ahora con el peón de Trump en la presidencia de la FED  se facilitarán  los flujos de capital con criptomonedas  dentro de una economía digital liderada por Elon Musk, que también facilita el financiamiento de los legisladores de Washington responsables de aprobar las políticas públicas de la nación.

Las acciones de Trump han monetizado la presidencia de EUA y contrario a la búsqueda del rescate de los principios y valores que sustentan a la nación, su liderazgo mundial ha creado un ambiente de inestabilidad que no favorecen los intereses norteamericanos, tal como se ha visto con su titubeante política arancelaria convertida en arma de chantaje que ha minado la confianza de sus potenciales aliados y favorecido a su ahora reconocido “par”, China.

¿Es la nueva geopolítica de EUA relacionar directamente los negocios del capitalismo con la democracia? Siempre fue así, pero ahora los analistas pro Trump justifican sus abiertas andanzas en el medio oriente, Europa, Latinoamérica y Asia. El caso Venezuela evidencia que la democracia quedó a un lado, lo que importa es garantizar el suministro de petroleo, minerales raros y oro, y el control de las corporaciones norteamericanas sobre su vida nacional.

Igualmente es cierto que sus acciones e intereses son parecidas a la de los autócratas Xi Jinping (China) y Vladimir Putin (Rusia); se presagia que las negociaciones entre las potencias busquen romper con la institucionalidad y legalidad mundial construida luego de la Segunda Guerra, para dar rienda suelta a sus intereses, en un contexto de capitalismo fusionado con dictaduras o autocracias que genere las nuevas bases mundiales de una estabilidad con estructuras constructivas, tal como lo dijo el dictador chino en su reciente encuentro con Trump.

@hdelgado10