Dámaso Jiménez: Gasolina e inflación: La tormenta perfecta para el bolsillo estadounidense

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El conflicto armado en el estrecho de Ormuz ha disparado el crudo Brent por encima de los US$126, obligando al CENTCOM a intervenir militarmente para intentar restablecer la navegación. El indetenible aumento de la gasolina y los alimentos podría generar cierta inestabilidad en los hogares estadounidenses hasta el próximo año.

La economía global está sintiendo los efectos de un conflicto que se extiende a toda la cadena de suministro. El aumento del precio del petróleo «tiene un efecto dominó no solo sobre los productos vinculados al petróleo, sino básicamente en todos los aspectos de nuestra vida cotidiana», explica Naveen Das, analista senior de petróleo en la plataforma de datos y análisis Kpler. Este es el punto de partida: el petróleo se vuelve más caro, y como consecuencia también todo lo demás.

Este repunte de precios tiene sus raíces en las crecientes preocupaciones sobre el suministro, los conflictos geopolíticos y la especulación en los mercados. El punto más crítico es el estrecho de Ormuz, una vía vital para el transporte de petróleo que permanece prácticamente cerrada, estancando los esfuerzos de paz.

Antes de que comenzara el ataque de EE.UU. e Israel contra Irán, el crudo Brent cotizaba en torno a los US$70 por barril. En la última semana, el crudo Brent subió brevemente casi un 7%, hasta superar los US$126, luego retrocedió ante las advertencias de Trump a los ayatolas hasta situarse en US$116. Inmediatamente el ejército iraní advirtió a las fuerzas estadounidenses que se mantuvieran alejadas del estrecho de Ormuz y el crudo volvió a subir como en una especie de telenovela de la energía. Por lo pronto Trump busca desesperadamente destrabar la vía y aliviar la presión sobre los precios. Con el apoyo de las fuerzas del Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) hay un intento de reestablecer la libertad de navegación para el transporte marítimo comercial a  través del estrecho de Ormuz, pero su efecto aún está por verse.

Los precios ya reflejan la tensión del mercado. Esta semana, el Brent subió un 1,52%, cotizando a 109,80 dólares, mientras que el WTI aumentó un 1,56%, hasta los 103,50 dólares. El contrato del Brent para entrega en junio vence este jueves 7 de mayo, y el de julio, que actualmente es el más negociado y fija el precio del crudo para los próximos meses, rondaba los US$110 por barril, es decir, un 44,4% menos que el máximo alcanzado el jueves de la pasada semana.

El aumento del precio del crudo se traduce rápidamente en mayores costos para la vida corriente. Como el petróleo crudo es el componente clave de la gasolina y el diésel, el aumento de los precios al por mayor se refleja rápidamente en los surtidores, haciendo subir los costos del combustible para los conductores estadounidenses. El petróleo no solo se utiliza como combustible, sino que también es un insumo clave en una amplia gama de productos, desde plásticos y envases hasta productos químicos y fertilizantes, lo que encarece la producción en múltiples sectores.

El precio de la gasolina subió casi 21% en marzo respecto del mes anterior. El precio promedio de la gasolina a nivel nacional subió a 4,30 dólares por galón el jueves 30 de abril, según la asociación automotriz AAA, frente a 2,98 dólares antes de que comenzara la guerra.

En consecuencia, el estadounidense común podría enfrentarse a un aumento de las facturas de energía, un incremento considerable en los precios de los alimentos y las tarifas aéreas. De por si el aumento de los precios de los fertilizantes podría acabar traduciéndose en un encarecimiento de los alimentos, un golpe doble para el consumidor que ya lidia con el transporte caro. El precio de la turbosina en los principales aeropuertos del país se han encarecido entre 53 y 66 por ciento respecto a los niveles previos al conflicto en Medio Oriente. Algunas aerolíneas ya han subido las tarifas o han recortado rutas, una señal de que la industria ya está absorbiendo el costo de un combustible de aviación más caro.

La perspectiva a corto plazo no luce alentadora. Analistas de inversión afirman que los costos podrían mantenerse elevados hasta el año que viene.

Con la vía de Ormuz aún por reabrirse y las tensiones militares en aumento, el consumidor estadounidense se prepara para un periodo prolongado de alta inflación y restricciones económicas, a la espera de que pueda restablecerse la libertad de navegación en Ormuz y aliviar la tormenta perfecta para el bolsillo estadounidense.

@damasojimenez