“El acoso incesante del gobierno de Trump ignora una lección central de la antigüedad clásica: la transición de Atenas de una hegemonía benévola a un imperio malévolo allanó su camino a la ruina”.
Stewart Patrick NYTimes
la gran ventaja de la alianza occidental es haber evitado otra gran conflagración bélica, luego de la segunda gran guerra, con pronósticos impredecibles. Los conflictos de la confrontación URSS-EUA fueron mayormente de baja o mediana intensidad que no pusieron en vilo la existencia humana, porque el espacio al diálogo demostró que las potencias podían llegar a acuerdos civilizados.
Dice el columnista del NYTimes, Stewart Patrick, al analizar las guerras del Peloponeso y los escritos que sobre ella hizo el historiador Tucídides, que este episodio es evocado por los realistas en materia de política exterior para justificar el uso de la fuerza (especialmente contra las naciones débiles) y la ilegalidad de las acciones, sin advertir los peligros de utilizar el poder sin límites ni legitimidad.
El poder se ejerce con diplomacia y disuasión, con mano de hierro o con la combinación de ambas, tal como lo planteaba el académico, Joseph Nye, cuando escribió un artículo en 1992 en el que explicaba las fases de la presión externa que ejercía Estados Unidos de América en sus asuntos de interés estratégico. La opción bélica era la última luego de intentar soluciones negociadas.
Ahora en pleno siglo XXI el andamiaje institucional y legal mundial construido progresivamente desde la primera gran guerra, se diluyó en medio del maremoto provocado por el gobierno de Donald Trump, evidenciado con la destrucción de sus faros-guías que guiaban la navegación de los buques que transitan por los mares del mundo.
Ese trabajo de décadas que convirtió a EUA en la potencia militar, cultural, económica y social, se ha ido al traste. Dice Patrick que “la genialidad de la política exterior estadounidense, posterior a 1945, consistió en insertar el asombroso poder de Estados Unidos en un marco de instituciones y leyes internacionales en el que todas las naciones, grandes y pequeñas, pudieran participar y beneficiarse. No era perfecta y coincidió con muchos episodios de intervención imperialista. Pero, en general, la estrategia dio sus frutos a Estados Unidos. Amortiguó la realidad del dominio estadounidense, legitimó el poder estadounidense y produjo un orden que en gran medida concordaba con los intereses estadounidenses”.
Esa construcción jamas vista por la humanidad fue lograda gracias a líderes que interpretaron los principios de la democracia, aprendieron las duras lecciones de las dos demoledoras guerras cuyo epicentro fue Europa pero sus efectos fueron universales, y aprovecharon la concentración de la mayor cantidad de conocimiento acumulado durante miles de años para utilizarlos en la transformación de la vida del hombre en todos los sentidos.
EUA se convirtió en el epicentro de los avances científicos, políticos, sociales, culturales y bélicos. Es el país referencia mundial, el más atractivo, el más imitado en sus formas de vida, en la atracción de los inmigrantes, ese rol le permitió progresar articulando las potencialidades de sus aliados de todo el mundo, es la ventaja que tiene frente a sus rivales China y Rusia regidos por autócratas.
Todas las ventajas alcanzadas por EUA durante décadas, el gobierno de Trump las está desperdiciando con la pérdida de su capacidad de diálogo, la imposición de medidas de fuerza como la aplicación de aranceles a sus aliados, sus políticas anti inmigratorias violatorias de toda norma legal y lo más grave la desconfianza que está generando su discurso en el mundo.
Las patologías históricas de EUA que se creían superadas, como el racismo, la exclusión social y el mito del “destino manifiesto de los blancos” con el que se pretende asumir el rol monopólico de dirigir los destinos de la humanidad, han resucitado como banderas de dirigentes retrógradas que mal interpretan el mundo de hoy y que está causando daños en áreas claves como la academia, la economía, la cultura, la tecnología y la diplomacia.
Algunos académicos argumentan que Trump lidera el cambio de rol de EUA en la geopolítica mundial, pero lo que está demostrando es que su modelo autocrático está enmarcado en el de Xi Jinping y Vladimir Putin: un mundo de imposición de fuerza, sin reglas legales que lo regulen e instituciones que no limiten sus ambiciones.
Lo ocurrido en el conflicto en el Medio Oriente evidencia que desde el punto de vista militar, EUA y su aliado Israel están ganando la guerra a Irán, pero la narrativa de varios sectores internacionales quiere mostrar que los ayatolas saldrán victoriosos, desconociendo su desgaste económico, social y bélico, así como el daño provocado por los asesinatos de su alta dirigencia chiita y castrense.
Lo que sí es cierto es que la crisis iraní ha demostrado los talones de Aquiles de Trump y su gobierno. Evidenció su rol de showman con declaraciones contradictorias y poco serias que en nada lo ayudan para tratar un conflicto con dimensiones humanas y económicas muy delicadas; frágil coherencia en su equipo ejecutivo militar y civil (las destituciones de altos mandos lo demuestra), a diferencia de lo ocurrido con el ex presidente Richard Nixon y su secretario Estado, Henry Kissinger, el actual mandatario no cuenta con escuderos talentosos que reviertan sus debilidades y las conviertan en fortalezas.
Trump tampoco ha demarcado sus intereses con los de Israel, para Tel Avia la prioridad es un asunto de supervivencia porque los ayatolas anunciaron que las bombas atómicas son para desaparecer al Estado israelí, lógicamente la lucha es de vida o muerte; en cambio para EUA es un asunto de geopolítica de poder (económico y político).
Desde hace dos años, los israelitas asumieron toda la responsabilidad de la limpieza de la influencia iraní en la Franja de Gaza, Libano, Siria e Irán, con el apoyo silente de los países árabes sunitas (liderados por Arabia Saudita) rivales de los clérigo chiitas iraníes. Los éxitos militares se han dado por su capacidad bélica y de su inteligencia, el trabajo ha sido despiadado porque el fanatismo religioso ha demostrado que a la élite de Teheran le importa poco el daño causado a la población civil, que mayoritariamente los rechaza.
La crisis del medio oriente ha sido un termómetro para evaluar el trabajo del segundo mandato de Trump. El rechazo de la Comunidad Europea a involucrarse en el conflicto fue producto del maltrato que le ha dado el presidente estadounidense, esta fractura favorece a China que pacientemente está recogiendo a las víctimas de sus insultos y sus aranceles, y sin escrúpulo alguno y negociaciones oscuras financia a los países asiáticos, africanos y latinoamericanos, contraponiéndose a la política de la amenaza y el garrote de Norteamérica.
Las lecciones de la guerra del Peloponeso expuestas por Tucídides, escribió Patrick, deben retumbar en la cabeza de quienes dirigen los destinos de EUA que irrespetan los principios e instituciones que fundamentan a la nación: “lo que hizo inevitable la guerra no fue solo la existencia de grandes potencias rivales, sino el hecho de que una de ellas estaba abusando de las reglas del sistema que había hecho posible su ascenso”.
@hdelgado10




































