En los últimos tres años, Colombia ha experimentado los casos de corrupción más notables de toda su historia política. Con el gobierno izquierdista de Gustavo Petro los límites morales de la gestión pública prácticamente desaparecieron, con un agravante, los organismos encargadas de investigar y penalizar los desmanes de los gobernantes han mostrado sus limitaciones sancionatorias, dando paso a la impunidad y vulnerabilidad institucionalidad del país.
Los escándalos de corrupción y la burla pública son constantes, igual que su discurso de confrontación violenta y resentimiento social, es su condición humana que le impide ver la política con una visión constructiva. Ya en su gestión como alcalde de Bogotá entre 2012 y 2016 se demostró su poder corrupto e ineptitud, eso lo han entendido los comunistas o tiranos de derecha que saben moverse en las movedizas arenas de la democracia, sistema que ha servido para desarrollar naciones, pero también han sepultado sociedades enteras, cuando corruptos o genocidas han llegado al poder.
En nombre de la democracia han explotado las miserias humanas y se han enriquecido con el endoso de los pobres, como han ocurrido en las últimas dos décadas en Iberoamérica, en donde las sociedades buscando alternativas a dictaduras militares y políticos sectarios corruptos, optaron por esta decisión que resultó igual o peor como ocurrió en la Argentina de los Kirchner (2003-2015), el Brasil de Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2011/2023-), el Ecuador de Rafael Correa (2007-2017), la Nicaragua del dictador Daniel Ortega (1985-1990/2007-), la Venezuela de Hugo Chávez (1999-2013) y Nicolás Maduro (2013-2026), la Colombia del ex guerrillero del M-19, Gustavo Petro (2022-2026), y la España de Pedro Sánchez (2018- ).
Estos personajes eran llamados a ser una alternativa innovadora en estos sufridos e inestables países, pero resultaron más corrompidos e ineficientes que quienes intentaron suplantar. El balance, nada positivo, hizo que estas naciones que experimentaron con fórmulas izquierdistas ahora se muevan hacia gobiernos y líderes derechistas.
No en vano el mítico y cómplice líder de la izquierda latinoamericana, José Pepe Mujica, dijo antes de morir que Gustavo Petro era el llamado a dirigir las riendas del fracasado modelo en el continente; mientras uno de los creadores del Foro de Sao Pablo, Lula da Silva, uno de los corruptos del escandaloso caso Lava Jato que afectó a todo América y otros continentes, siempre apoyó los desmanes del chavismo en Venezuela.
Para entender a Petro hay que revisar la doctrina marxista. El comunismo lucha por destruir los valores de la democracia y el cristianismo occidental, advertía el periodista y diplomático venezolano experto en la materia y egresado de la Universidad de Harvard, Pablo Bassim; por eso, sin inmutarse, Mujica y Lula protegieron a dictadores como Fidel y Raúl Castro en Cuba, a Ortega en Nicaragua y a Chávez y Maduro en Venezuela.
La narrativa de Petro es aprovechar los mecanismos de la democracia y de sus leyes para evadir responsabilidades, por eso no les importa mentir, robar, burlarse del mal ajeno, traicionar amigos o familiares (caso de su hijo, Nicolás, acusado de recibir 15 mil millones de pesos ilegalmente para financiar su campaña presidencial), chantajear o asesinar (como ocurrió con el senador Miguel Uribe el 11 de agosto de 2025 o el coronel y el jefe de seguridad del Palacio de Nariño, Óscar Dávila involucrado en el caso de Laura Sarabia).
Lo expresado por la senadora Lina Garrido (Partido Radical), luego de analizar las recientes elecciones legislativas y de consulta interna (8 de marzo de 2026), demuestra el peligro que corre Colombia si resulta electo el candidato de gobierno, Iván Cepeda, hijo de los miembros del Partido Comunista de Colombia, Yira Castro y Manuel Cepeda.
La estrategia de Petro ha resultado efectiva, para su campaña logró el financiamiento de Chávez y Maduro, de las guerrillas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) y del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y de otros sospechosos grupos de la costa Atlántica que le entregaron los 15 mil millones a su hijo Nicolás Petro en la ciudad de Barranquilla, esto último ocurrió con la complicidad de Armando Benedetti y su peón, Laura Sarabia.
Garrido al revisar los números de las últimas elecciones y el informe del Misión de Observación Electoral y el presupuesto del gobierno en los últimos dos años denunció que billones de pesos se destinaron a financiar organizaciones campesinas, a dirigentes del Pacto Histórico y grupos indígenas (utilizados como un grupo de choque), en departamentos controlados por la guerrilla y el narcotráfico, entre ellos Cauca, Huila, Caquetá, Putumayo, Nariño y Norte de Santander en la frontera con Venezuela. Los apoyos pagados permitieron que en esas regiones ganaran.
En Venezuela, este control político se logró más fácil porque Chávez manejó a su antojo los ingresos mil millonarios del petróleo. En Colombia la situación es distinta, el sector poderoso es el privado que genera impuestos y puestos de trabajo; el Estado depende de las empresas, por esa razón, Petro tomó las fuentes de ingreso como las empresas de salud, los fondos de pensiones, Ecopetrol, el presupuesto nacional, etc.
Manipulando los contratos con el Estado, sus redes de testaferros, congresistas y jueces corruptos, Petro logró estructurar las fuentes de financiamientos para sus clientes electorales; con la inoperancia del poder judicial garantizó la impunidad ante los cientos de casos de corrupción, violación de leyes y crímenes; al ser el comandante en jefe neutralizó a las fuerzas armadas, policiales y a los servicios de inteligencia.
La neutralización permitió a la guerrilla y el narcotráfico apoderarse de las zonas despobladas, los cultivos y laboratorios de cocaína y de sus rutas de comercialización, y de las fronteras con Ecuador, Brasil y Venezuela. Además de este control, en 2025, Iván Cepeda y el ahora ex ministro de Justicia, Luis Montealegre, intentaron neutralizar al adversario mas importante, de la izquierda colombiana, Álvaro Uribe, pero hábilmente el ex presidente logró evadir el ataque.
¿Porqué Uribe? El candidato más importante del partido Centro Democrático, Miguel Uribe Turbay fue asesinado porque era el enemigo frontal de Petro, neutralizar al ex presidente tenía razones de fondo, conoce al país, en su mandato neutralizó a la guerrilla y a los paramilitares, y estabilizó institucionalmente a Colombia. Los resultados obtenidos por la candidata Paloma Valencia del CD son la evidencia de los temores de Petro y Cepeda.
Uribe es conocedor de la política colombiana, “se echó a Paloma en la espalda”, recorrió el país con ella, al punto que la llevó a superar los 3 millones de votos, sorprendió al convirtirla en fuerte candidata a pasar a la segunda vuelta, desplazando al favorito de la derecha, Abelardo de la Espriella.
Otros dos factores corren en contra de Cepeda, la caída de Maduro en Venezuela vulneró a las guerrillas de las Farc y el ELN que ya no tienen la seguridad territorial, los ingresos del narcotráfico, la extorsión y la explotación del oro y el coltan del escudo minero. Por otro lado, Estados Unidos de América se alió con el gobierno ecuatoriano de Daniel Novoa, para controlar la frontera con Colombia. Por estas razones, para Petro es vital mantener su proyecto político comunista. No hay mañana si pierden y Uribe sabe eso.
Recordando los episodios del Domingo de Ramos, es memorable recordar cómo sucumbe la justicia ante el poder, Jesús es expuesto ante el pueblo junto a Barrabas, y ante la propuesta del prefecto del imperio romano, Poncio Pilatos, de liberar a un preso, la mayoría soltó al delincuente y condenó al inocente. Después de cientos de años de la era cristiana, el pueblo persiste en su error: escoge al ladrón.
@hdelgado10




































