Ángel Lombardi Boscán: Claves para leer la historia

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Vintage still life. Vintage magnifying glass lies, pocket watch, old book and astrolabe on an ancient world map in 1565.

Todo un reto éste propósito dentro del campo de las ciencias sociales porque la historia ciencia puede ser también asumida como literatura. La historia es el historiador junto a sus hechos: un dialogo sin fin entre el presente y el pasado que procura una comprensión, lo más amplia posible y precisa a la vez, que le dé sentido al comportamiento caótico de tantos acontecimientos cuya relevancia nos invita a una reflexión pausada, sencilla y humilde.

            En lo personal la historia es básicamente curiosidad y asombro. Estudiar el pasado debe ser algo motivador para ampliar conocimientos y cultura aunque bajo la premisa de lo inacabado y el predominio del olvido. Hay la historia como volumen oceánico de hechos tan dispares en lo económico, social, político, cultural, religioso y demás que debemos distinguir de la historiografía como la reflexión que hacen los autores bajo una teoría, metodología y filosofía que clasifica, ordena y explica esos hechos alcanzando una comprensión de carácter humanístico: una antropología filosófica.

            Además, la historiografía como conocimiento histórico no sólo queda ordenado por la documentación pública o privada sino que asume las más diversas fuentes posibles que ayudan a “leer la historia”. Lo digital, el cine, la arqueología, una pintura o teatro antiguo, e incluso, la historia oral, son fuentes tan relevantes como la escritura.

            Las controversias en torno a un mismo hecho o personaje relevante deben ir más allá de la diatriba ideológica y centrarse en la pluralidad de las versiones más serias que puedan existir para que sean contrastadas y comprendidas. Un juicio apriorístico contradice el debate enriquecedor en torno a las muchas voces que tiene la historia. El 12 de octubre de 1492 por ejemplo, suscita todos los años versiones tan diferentes y tendenciosas que ha terminado por deformar un hecho tan relevante como lo fue la primera globalización.

            Para leer la historia hay que delimitar los hechos y hacerse preguntas sobre esos mismos hechos (hipótesis de trabajo) y para ello es clave una cronología con el apoyo gráfico de los mapas. Tiempo y Espacio son las coordenadas en que la aventura de la historia se desarrolla. Y no es la verdad lo que se busca conseguir sino un conocimiento sustentado en algún tipo de evidencia documental acompañada de una interpretación que ofrezca algún sentido teleológico. Las capacidades profesionales y éticas del historiador son fundamentales en ésta búsqueda de un conocimiento veraz.   

            Hay muchas formas de leer la historia. Lamentablemente, el imperio de las tesis o modas intelectuales, termina por suplantar la explicación más sencilla de los hechos bajo la creencia que el cuerpo teórico explicativo académico lo hace científico y pertinente porque busca demostraciones ocultas y se privan de lo más importante de todo: su disfrute. Jorge Luis Borges (1899-1986) se jactaba de ser mejor lector que escritor y sostenía: “Bueno, esto me gusta porque es una poesía muy bella, o porque es un cuento que sigo con interés y me olvido de mí mismo para pensar en los personajes…”.

La hermenéutica es una interesante propuesta de inicio: lectura y comentario de textos sin pretender ningún tipo de demostración. La historia al servicio de una forma de belleza para comprender el pasado y sus infinitos laberintos.  

Dr. Ángel Rafael Lombardi Boscán

Director del Centro de Estudios Históricos de la Universidad del Zulia

@lombardiboscan