Ender Arenas: El humildito

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“No he sido manate, no soy manate (quiso decir magnate). No quiero riqueza material para mi vida. Tengo una sola cuenta, una cuentica de ahorro donde me depositan mi sueldito de presidente que no le veo la cara. Yo gano dos “Petro”, dos “Petro”. Pero, a esa platica no le veo la cara porque, cuando la voy a buscar, ya Cilita la agarró pa´comprarse unas cositas, ¿o no?, ¿miento Cilita? …”.

 Por supuesto Cilita asiente afirmativamente, pero se le ve desencajada y esto es natural, porque a nadie le gusta que le llamen “roba claves de banco” en público, aun cuando esto sea una broma o un fallido intento de ser gracioso, cuando en suma solo se es un des-graciado.  

Esto que dijo Maduro en un encuentro en la comunidad de Macarao le faltó “alguito” para redondear el “verdadero drama” que vive este “pobre hombre” que el país no tiene ni le alcanzará todo el oro y diamantes del Arco Minero, ni el petróleo de la cuenca del Orinoco para pagarle todo lo que “ha hecho por el país” esto es que: él y Cilita comen gracias al envío mensual que su ministro Alex Saab le hace de una “Cajita Clap” con sus arvejitas, su sardinita en salsita de tomate, su aceitico de soya, su harinita de maíz amarillo y otro paquetico de Harinita de maíz blanco, su paquetico de azuquita “La Pérola”, su bolsita de nutrichicha Los Andes, un paquetico de spaguetti y un paquetico de arroz “mesita”.

Todo en diminutivo, lo cual va bien con su naturaleza de humildito.

Uno escucha a Maduro y uno concluye que él es uno de los más grandes mamadores de gallo que ha tenido el país y que se burla de los venezolanos a quienes considera un atajo de pendejos.

Pero, eso no pasa de ser una tontería de su parte, porque todos sabemos que el negocio de la droga, el contrabando de oro, petróleo, tierras raras, las comisiones al mayor y detal le han proporcionado a él y a su entorno una enorme fortuna difícil por ahora de cuantificar.

Así que, sí, es posible, que él cobre un sueldito de dos petros, por el cargo de dictador y, le creemos, que realmente lo tiene depositado en una cuentica de ahorro, pues  las otras cuentas, las de verdad, quien sabe en qué paraíso fiscal las tendrá, esas que son las que le permiten cenar en el restaurant de Salt Bae a dos mil dólares, sin la propina, el famoso “Chuletón bañado en oro”, que todo el país, con envidia, lo vio atragantárselo junto a Cilita, no faltaba más, cuando visitó a Estambul.

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El “humildito” Maduro, no obstante, su presentación como uno más de los millones de humildes venezolanos, encabeza al régimen más corrupto que la historia del país conoce y, miren que hemos tenido corruptos y corruptores en dos siglos de historia patria. Y me atrevo afirmar que el daño producido al país, por su dictadura, y la de su mentor, ha sido mayor que el producido por la guerras vividas y sufridas por el país en toda su historia.

Creo, que este “humilde hombre” no tiene en su horizonte de futuro a una renuncia tranquila y pacífica del poder a pesar del rechazo de más del 80% de la población, de haber sido sorprendido con las manos en la masa del fraude electoral del 28 de julio de 2024 cuyo resultados robó y  de la enorme presión que hoy ejerce EE. UU, que se materializa en la destrucción de más de treinta lanchas y más de 100 muertos calificados como narcoterroristas, el bloqueo a buques petroleros que entran y salen de los puertos venezolanos, amenazas de intervención armada con bombardeos en tierra, que hace pensar a analistas y a opinadores en la eminencia de una guerra.

Todo ello no cambia la percepción del régimen, de que el costo de salida sigue luciendo superior al costo de quedarse atornillado en el poder, para ello cuenta con el monopolio de las armas en un sinnúmero de aparatos estatales y paraestatales, la coaptación de algunos sectores y factores de la oposición que insisten “en la necesidad de volver al dialogo, la negociación y a los acuerdos con el régimen”, aun cuando la experiencia evidencia, en todos los casos en las que se ha participado en encuentros de esa naturaleza de que, el régimen es un actor que, siempre, se sustrae del cumplimiento de estos.

Claro hay otros factores de la oposición que señalan que, por la cuantía del daño infligido al país, el régimen con Maduro a la cabeza debe ser enjuiciado y condenado. En verdad, Maduro ha cometido el más grande de los delitos que es difícil de ser condonado, materializado en el más detestable de los homicidios, lo que los romanos llamaron “Parricidio Patriae”, el asesinato de la patria, que se ha concretado en la ruina del país, en el causante de la mayor diáspora registrada en el continente, en la  represión brutal, en cientos de asesinatos, la liquidación de las libertades de expresión y opinión, en la politización del resentimiento cuya consecuencia ha sido la fractura y división de los venezolanos.

Mientras tanto seguimos esperando por las decisiones que tome un personaje qué, amigo de la democracia no es, qué le importemos los venezolanos, mucho menos, como lo muestra el hecho que nos ha echado a patadas de su país, donde él cree reinar. Esperar y esperar la decisión que íntimamente la mayoría desea, como dice la nota de Santiago de la Nuez en El Nacional y la Gran Aldea: “el deseo Agazapado”, la decisión de un hombre que mantiene al mundo en vilo con sus “Ahora sí, ahora no” y que, como dice Boris Muñoz en su nota de este miércoles en El País: “(Trump) ha justificado sus decisiones con argumentos cambiantes e incongruentes: drogas, terrorismo, seguridad nacional y, más recientemente, la exigencia de que Venezuela “pague” a Estados Unidos por el supuesto robo de activos petroleros. Este último alegato roza lo alucinante” y concluye su argumento con algo tremendo, que dada su inconsistencia y volubilidad por todos conocidas pudiera: “… anunciar una retirada estratégica. Incluso lo poco que ya ha hecho le permitiría afirmar que puso fin al tráfico de drogas desde Venezuela hacia Estados Unidos, derrotando a dos enemigos infames: el Cártel de los Soles y el Tren de Aragua”.

Aun así, parece que no hay otra forma de que esta pesadilla acabe y habrá que seguir esperando y confiar que el biorritmo de Trump se incline por ejercer una presión definitiva y contundente contra el régimen que parece ser la única forma de salir de esta pesadilla. A menos que, como ocurre con las pesadillas que, solo llegan al final cuando despertemos y entonces sea la sublevación multitudinaria de los venezolanos, sin muletas, se convierta en el actor fundamental de su propia épica.

 Este es el momento que les desee a todos un Feliz Año 2026, que logremos nuestros deseos de salir de esta dictadura y que si lo logramos sin la omnipresencia de Trump sería el mejor regalo que le haríamos a nuestro sufrido país.

@enderarenas