He revisado las últimas declaraciones de Donald Trump, digo últimas por decir algo, pues, con él nunca se sabe cuáles son realmente las últimas. La que leo ahora es su opinión sobre el asesinato del director de cine y actor Rob Reiner y su esposa. Es una declaración demencial, por decir lo menos. Según Trump, la muerte del director, es por culpa del mismo Reiner, su asesinato se debió a lo que él y sus fans, llaman «Trump Derangement Syndrome» (TDS) que, mutatis mutandi, es la versión trumpista de “Chávez los tiene locos”, señalando que, a Reiner y a su esposa, los mato “la ira que (el cineasta) provocaba en los demás debido a su grave, persistente e incurable afección mental anti-trump”, al día siguiente, en lugar, de rectificar sus palabras y darles las condolencias a la familia y amigos del cineasta, ratificó lo dicho, sentenciando que “Reiner era una mala persona para los EEUU”.
Pero, lo que realmente era Reiner, además de un excelente director de cine, era un convencido demócrata que señaló, más de una vez, el peligro de Trump para la democracia norteamericana, además de calificarlo como “el más incompetente ser humano que jamás haya asumido la presidencia de los Estados Unidos”.
El jueves, después de seguir a Tucker Carlson, uno de los mayores conspiranoicos seguidores de Trump, que había filtrado que, Donald Trump haría una alocución a nivel nacional donde declararía la guerra a Venezuela, todos los venezolanos expectantes y ávidos estaban pendiente, pensando y diciendo “Esta es la noche”, entonces, el impredecible Trump terminó haciendo, sin mencionar ni siquiera el nombre de Venezuela, su balance de gobierno, donde reveló uno de sus lados más criticados y repudiados: su terrible compulsión a mentir y hacer, como cualquier gobernante de esos países que él califica de manera escatológica: le echó la culpa a su antecesor e igual que en su día Chávez ofreció una etapa de oro que nunca llegó, él ha ofrecido, bueno ofrecido no, ya habla de haber logrado en 11 meses, convertir a EE. UU. en el más grandioso país del mundo y algo, en verdad bastante, acelerado y hasta gritón construyó una realidad alternativa que poco tiene que ver con la verdad de lo que ocurre hoy en EE. UU.
Es que la “manera Trump” ya es demasiado: su autoimportancia, su creencia de ser especial y único, su dificultad por aceptar su responsabilidad, de ser siempre el centro de atención, su tendencia a exagerar y a mentir, su naturaleza manipuladora, su arrogancia y su actitud de superioridad y su falta de empatía lo presentan como un narcisista que no tiene límites en expresar el excesivo amor y admiración de sí mismo.
Trump se ha hecho responsable del aparente triunfo electoral de Asfura en Honduras, al darle su apoyo e interviniendo en el proceso electoral de ese país, tal como ocurrió en las elecciones de Argentina apoyando a Milei, ofreciéndole ayuda y financiamiento a ese país si le daban apoyo a Asfura. Igualmente se considera el factor determinante, contra toda evidencia, del triunfo en Chile de José Antonio Kast, quien, según él, no lideraba el proceso electoral hasta que él formuló su adhesión a la candidatura conservadora del chileno.
Dice ser el pacificador de 8 guerras en África y Asia y de haber concluido la milenaria guerra entre judíos y palestinos, cuestión que ni Dios había podido resolver en 3000 años, solo esto, según su inmenso ego, lo hace merecedor del Nobel de la Paz.
Bueno, es que Trump cada vez que habla “se revienta de vanidad: Yo, yo, yo, yo. Ese es el estribillo de su vida…” y no puede hablar sin vanagloriarse.
En lo que nos concierne a los venezolanos sus declaraciones han sido múltiples y de todos conocidos y ya, los venezolanos empiezan a hartarse de las mismas, pero, ninguna ha sido tan contraproducente, como las dada a propósito del bloqueo a todo buque petrolero sancionado que entre o salga de Venezuela. En esa declaración terminó señalando que “Venezuela está completamente rodeada por la Armada más grande jamás reunida en la historia de Sudamérica. Esta solo crecerá, y la conmoción para ellos será como nunca antes la han visto, hasta que devuelvan a Estados Unidos todo el petróleo, las tierras y otros activos que nos robaron previamente» Y sigue: “Estados Unidos no permitirá que un régimen hostil se apodere de nuestro petróleo, tierras ni ningún otro activo, todo lo cual debe ser devuelto a Estados Unidos INMEDIATAMENTE”.
Tal discurso legitima la narrativa chavista que ha señalado que EE. UU. solo quiere “robarse el petróleo y los recursos naturales venezolanos”, deslegitima la suya propia repetida una y otra vez de ser una lucha contra el narcotráfico con los resultados ya conocidos con más de 20 “narcolanchas” destruidas y 97 muertes producidas por los bombardeos. De esta declaración comentaristas y opinadores venezolanos, seguidores de Trump han tratado de justificarlo. Pero, se trató de una afirmación que se adecúa perfectamente con su naturaleza arrogante. Él sabe muy bien que el negocio petrolero en EE. UU es un negocio de los privados que se soporta sobre empresas como Exxon, Chevron, Conoco, etc. es decir que no hay empresas estatales petroleras.
Admitir su enorme interés por el petróleo venezolano coloca a la oposición, especialmente, al sector dirigido por MCM en una disyuntiva, pues ella, que es “la única persona con liderazgo político real entre los venezolanos hoy…. Ha insistido en vender a Trump como el único que puede ayudarnos a derrotar a una dictadura que ha ahogado en sangre todo lo que hemos intentado contra ella. ¿Cómo? Pues haciendo lo que EEUU ha hecho en otros países de la región, pero jamás en Venezuela: usar su poder militar para intimidar a la élite chavista, acostumbrada a ganar siempre, y desatar una reacción en cadena de pánico y traición que sea letal para la dictadura” (Osio Cabrices)
La cuestión es que, más allá de que estemos de acuerdo en que para salir de Maduro, hay que “pactar hasta con el diablo” y ya se hable de la “Armada de la última esperanza” (nombre del artículo de Rafael Osio Cabrices, publicado en Letras libres) es importante dejar claro que la transición democrática estará libre de las tutelas tanto de las FAN como de cualquier potencia extranjera que conviertan al Estado en apenas un segmento de un todo cuyas decisiones fundamentales son tomadas fuera de sus fronteras o por el actor que internamente monopoliza la violencia . Esa y no otra debe ser la repuesta que debe dar MCM a Trump cuando ocurra el desenlace que todo el país ansía.
Nota: Como Uds. pueden notar (de verdad no lo sé, estoy presumiendo que todos leen mi nota semanal), esta nota está escrita con la fuente Times New Roman en lugar de la fuente Calibri con la que acostumbro escribir esta nota, cosa que no cambia nada, pero es solo para decirle que entre los “grandes cambios” realizados por Trump es esta que eleva la tipografía a categoría ideológica, pues la razón de tal cambio del tipo de letras para los documentos que emanan de la Casa Blanca es que la fuente Calibri es una fuente Woke.
@enderarenas




































