Juan Lozano: María Corina, Maduro y Trump

127

¿Comerá natilla Maduro en el palacio de Miraflores en esta Navidad?

“No habrá paz en Colombia mientras no se restablezca la democracia en Venezuela”, dijo la gran María Corina al advertir con precisión los vasos comunicantes que existen entre el régimen del tirano y usurpador vecino y tantos grupos narcoterroristas y narcoguerrilleros que delinquen en Colombia, matan, extorsionan, secuestran y llenan nuestro país de sangre, dolor y desolación.

Por eso en Colombia sentimos que ese premio Nobel no es solo para los venezolanos. Es también para los colombianos que aún creemos en la libertad y en la democracia.

Mientras los demócratas del mundo, empezando por el presidente del Comité Nobel aplaudían de pie a María Corina, la canciller de Colombia decidió criticarla, al paso que abrió la puerta para un asilo de Maduro en Colombia, país en el que, salvo por sus protegidos y sus cómplices o aliados, es repudiado, rechazado, detestado y despreciado.

* * * *

Muchas veces el Nobel de Paz ha quedado mal otorgado. Eso lo sabemos.

Pero algunas veces, el Nobel brilla como el galardón emblemático que premia a los más grandes de la humanidad. Eso fue exactamente lo que pasó este año con la inmensa María Corina Machado, que de ser la heroína de Venezuela pasó a ser la heroína de las Américas y un símbolo global de lucha contra la tiranía, el despotismo, la corrupción y el robo de las elecciones.

María Corina no solo ha librado una lucha política. Ha enfrentado a los asesinos. Ha desenmascarado a los narcotraficantes. Ha desafiado a los corruptos. Les quitó el antifaz.

Ya nadie en el mundo cree que en Venezuela un colectivo de próceres bolivarianos defienden el legado del Libertador.

Gracias a María Corina está claro que lo sucedido en Venezuela fue que una bandola de delincuentes se apoderó del poder y no quieren soltarlo.

De ser la heroína de Venezuela, María Corina Machado pasó a ser la heroína de las Américas y un símbolo global de lucha contra la tiranía, el despotismo, la corrupción y el robo de las elecciones

* * * *

El premio a María Corina terminó –seguramente sin proponérselo cuando fue conferido– cerrando el ciclo del asedio contra Maduro.

A las recompensas más altas del mundo por Maduro, al portaaviones Gerald Ford, a la flota naval desplegada en el Caribe, a los ‘bombardiers’ que cruzan los cielos, a las advertencias personales y directas de Donald Trump y Marco Rubio, a las acciones judiciales, el Nobel le suma la gesta de María Corina para que el planeta entero sepa lo que realmente ocurre en Venezuela de manera que cualquier acción contra Maduro para apartarlo del poder con su consentimiento o sin su consentimiento no será juzgado como un acto de intervención sino como unas acciones orientadas a liberar a un pueblo. Se entenderá mayoritariamente como un acto de redención de un país martirizado y abusado por un dictador represor y corrupto.

* * * *

Maduro se comió a cuentos al cándido Joe Biden y sus ingenuos asesores. Se burló de ellos, los timó, los manoseó y los usó.

Eso no volverá a ocurrir. Estoy seguro. A Trump no le bastará con seguir bombardeando narcolanchas. Va por el pez gordo y si algo ha demostrado es que no es hombre de discursos sino de acciones… ¡el fin, creo yo, ya está muy cerca! ¡Por fin!

Hoy, recuerdo que hace unos seis meses, en nuestro conversatorio público en la asamblea de la Andi, le pregunté en colombiano al prestigioso senador Bernie Moreno si creía que Maduro “comía natilla” en el Palacio de Miraflores en esta Navidad. Me dijo que no lo creía. Yo tampoco lo creo. Y creo que si pasa la Nochebuena allá, le quedan muy poquitas más aferrado a esa silla. Ojalá así sea. Por eso también, una vez más, gracias, María Corina.

Juan Lozano / El Tiempo