«Las evidencias confirman que el crimen de persecución por motivos políticos continúa en Venezuela, sin que ninguna autoridad nacional demuestre voluntad de prevenir, perseguir o castigar estas graves violaciones de derechos humanos. La única esperanza de que las víctimas encuentren justicia recae en la comunidad internacional.”Marta Valiñas, presidenta de la Misión de Determinación de los Hechos sobre Venezuela
En Venezuela no se está escribiendo una novela de narcodictadores: se está viviendo. Lo que el último informe de la Misión Internacional de Determinación de los Hechos de la ONU revela sobre la represión desatada a partir del 29 de julio de 2024 tiene el dramatismo de una ficción macabra, pero es real. Y es más grave de lo que muchos quieren admitir.
No se trata de excesos aislados de policías extraviados ni de un puñado de militares díscolos. Es un plan meticuloso de persecución política, una maquinaria del poder que ha convertido al Estado —una organización criminal global— en verdugo de sus ciudadanos. Al menos treinta personas murieron —veinticinco en las protestas después del 28J y cinco en custodia estatal— y tres más fallecieron tras ser excarceladas por el deterioro de su salud. Estas cifras no son estadísticas: son nombres, rostros, familias rotas.
Un país convertido en prisión
Más de 2.220 detenciones han sido documentadas en poco más de un año: opositores, periodistas, defensores de derechos humanos e incluso familiares de quienes se han atrevido a disentir. Hay detenciones extorsivas en las que la libertad se negocia en dólares; audiencias secretas y nocturnas en las que la justicia es un simulacro. El derecho a la defensa ha sido reducido a una parodia y el debido proceso… letra muerta.
Y como si no bastara, el régimen ha perfeccionado el arte de la desaparición: hombres y mujeres retenidos en casas clandestinas, ocultados durante días, semanas o meses, mientras sus familias mendigan información. Ni las medicinas de las que depende su salud se las reciben. El desaparecido deja de ser una persona para convertirse en un espectro.
La tortura como política de Estado
Los testimonios de golpizas, asfixias, descargas eléctricas y violencia sexual no describen hechos aislados, sino una política de terror institucional. El aislamiento prolongado y la incomunicación son utilizados como métodos de castigo psicológico, en abierta violación de las Reglas Mandela de la ONU —estándares mínimos de respeto y dignidad carcelaria—. La tortura no es una excepción: es la norma.
La violencia sexual, por su parte, ha sido empleada de manera sistemática, incluso contra adolescentes y hombres, con el propósito de humillar, quebrar y doblegar. Es la barbarie disfrazada de orden.
Silencio y censura
El espacio cívico ha sido clausurado. Leyes como la de Fiscalización de ONG y el llamado proyecto “contra el fascismo” han convertido el disentir en delito. Los periodistas son hostigados y secuestrados, los medios clausurados y silenciados, las redes sociales vigiladas. El país respira miedo.
Incluso los niños han sido atrapados en esta telaraña. La Misión de la ONU documenta al menos 220 detenciones de menores de edad, muchos sometidos a tratos crueles, algunos a tortura y violencia sexual. Nada simboliza mejor el colapso moral de un régimen que encarcela a un adolescente por protestar.
El desafío para el mundo libre
Este informe es un acta de acusación dirigida no solo al Cártel de los Soles, sino al mundo entero. La justicia internacional tiene la oportunidad —y la obligación— de actuar. Si las democracias callan, serán cómplices.
La historia de América Latina está llena de dictaduras que parecían eternas hasta que un día cayeron, en parte porque hubo quien se atrevió a nombrar el horror y exigir justicia. Esa es la tarea hoy: nombrar el crimen, denunciar la impunidad y recordar que el derecho penal internacional existe para casos como este.
Si el siglo XXI aspira a conservar un mínimo de dignidad, su primera tarea es responder a esta tragedia que desgarra al continente. Venezuela es hoy el espejo implacable en el que el mundo libre está obligado a mirarse.
@antdelacruz_
Director Ejecutivo de Inter América Trends




































