“Respetado presidente Donald Trump, le escribo para presentarle algunas ideas e información para su consideración”.
Así comenzó la carta que Maduro entregó a Trump, luego de llamarlo cobarde varias semanas atrás, retándolo a buscarlo en Venezuela.
El pasado 6 de septiembre, el señalado por EEUU. como jefe del cártel de los Soles y usurpador de la gestión presidencial en Venezuela, Nicolás Maduro, le envió una carta al presidente de EEUU, Donald Trump, buscando reestablecer un canal de diálogo directo y presentando al país como un territorio libre de narcotráfico.
En su misiva, Maduro negó vínculos entre el Estado venezolano y las organizaciones criminales, destacando la supuesta efectividad de sus fuerzas de seguridad en la lucha contra el tráfico de drogas. Al mismo tiempo presentó cifras sobre la neutralización de envíos ilícitos y destrucción de aeronaves utilizadas en actividades del narcotráfico, sacadas posiblemente de alguna servilleta, tal como falsificó los resultados presentados por el CNE para darlo como ganador sin pruebas de ningún tipo, salvo su devaluada palabra.
Maduro parece haber adoptado esta carta como estrategia de supervivencia y salvación, luego de comprobar la superioridad tecnológica y militar de EEUU., mostrando inicialmente disposición a un enfrentamiento bélico pero posteriormente buscando un acercamiento diplomático para evitar conflictos directos.
La carta subraya la intención de abrir un diálogo directo con el enviado especial Richard Grenell para “superar el ruido mediático y las noticias falsas”.
La administración Trump rechazó de plano la invitación, calificando la misiva de «fake» por estar plagada de mentiras y engaños.
La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, afirmó este lunes que “Maduro repitió muchas mentiras por lo que la postura de la Administración Trump sobre el narcorégimen de Maduro no ha cambiado”, reiterando la legitimidad de los operativos antidrogas estadounidenses en el Caribe y la decisión del presidente norteamericano de utilizar todos los medios necesarios contra el tráfico ilícito de drogas proveniente de Venezuela.
La carta de Maduro también buscó justificar el entrenamiento de milicias civiles, pero Trump ridiculizó estas acciones, enfatizando la superioridad de sus fuerzas armadas frente a las “rocheleras” milicias chavistas, más preparadas a servir como carne de cañón para proteger a los capos de la mafia, que para la defensa incólume de la patria. Ya la ONU ha advertido sobre los riesgos de “penetrar o actuar dentro de la soberanía venezolana», pero la estrategia estadounidense se mantiene firme.
María Corina Machado, desde la oposición en resistencia, aclaró que la intención de EE.UU. no es un cambio de régimen, sino desmantelar la estructura criminal que considera la mayor amenaza para la seguridad nacional estadounidense, reforzando la narrativa de lucha contra el narcoterrorismo y no una intervención política.
La carta de Maduro representa un intento de negociación en contravía que busca una huida hacia delante del régimen que usurpa el poder desde el pasado 10 de Enero, para reducir la presión militar y diplomática estadounidense, intentando lavarle la cara a los miles de operaciones ejecutadas por este cartel que han sido documentadas e investigadas por diferentes medios y organismos. En su carta Maduro se presenta como un gobierno cooperativo con la lucha antidrogas y limpio de polvo y paja de cualquier señalamiento como cartel del narcotráfico.
Sin embargo, la respuesta de Trump indica que la política de EE.UU. seguirá enfocada en operaciones antidrogas y presión sobre el régimen, ignorando unos intentos de diálogo que a su juicio carecen de toda credibilidad.
Maduro confiaba en su suerte para buscar la ansiada legitimidad, así como la reducción de sanciones, tan sólo con una historia de buenas intenciones sacada de un sombrero de mago, sin prueba alguna que refutaran el grueso informe de denuncias, favores, data, cifras, investigaciones y testimonios aportados incluso por sus sobrinos, funcionarios, militares, excolaboradores e inclusives por capos que pasaron por el tribunal de Nueva York y que hoy pagan condenas contundentes en las cárceles de EEUU.
Este rechazó de Trump al diálogo invocado por Maduro reafirma que se mantendrá en la misma dirección de guerra no declarada contra el narcocartel que opera en Venezuela.
Tras concretarse el primer bombardeo, Maduro pudo comprobar la determinación del ejército estadounidense en concretar su misión, buscarlo y extraerlo para que comparezca ante la justicia norteamericana como jefe del Cártel de los Soles.
Ante el superior equipamiento tecnológico y armamentístico y la destacable preparación militar, el régimen comenzó a mostrarse receloso de la capacidad del ejército de Trump. Y aunque inicialmente se mostró decidido a plantar cara a un enfrentamiento bélico, Maduro dio marcha atrás y adoptó una posición pacifista, sumisa y cobarde, abogando por un acuerdo de diálogo, que fue presentada buscando el perdón a cambio de favores.
En la carta Maduro no oculta su preferencia para entenderse con Richard Grenell, hunde a Petro como principal productor de narcóticos y se vende como un «Jeidi» en la guerra de las galaxis del nacotráfico.
«Tuve una larga conversación con el Enviado Especial Rick Grenell (Richard Grenell) sobre este y otros temas. En ese sentido, le envío datos contundentes sobre la producción y el tráfico de drogas en Sudamérica. Estos datos demuestran de forma concluyente que Venezuela es un territorio libre de producción de drogas y un país sin relevancia en el ámbito de los narcóticos. Esto se debe al inmenso esfuerzo realizado durante años por nuestras fuerzas policiales y militares», dice la nota. (…)
(…) «Este año ya hemos neutralizado y destruido más del 70% de la pequeña cantidad de droga que intenta cruzar la frontera, que tiene más de 2,200 kilómetros de longitud. De acuerdo con la legislación venezolana, hemos destruido 402 aeronaves de tráfico internacional de drogas. Estos datos confirman el impecable historial de Venezuela en la lucha contra el narcotráfico internacional, como lo han expresado todas las organizaciones y agencias internacionales especializadas en la materia».
Al afirmar públicamente que la carta estaba plagada de mentiras y engaños, el magnate neoyorquino rechazó tanto la narrativa heróica como la invitación a dialogo con quien parece condenado a convertirse en su futura presa o trofeo de guerra contra el narcotráfico en las aguas del Caribe,
“Nicolás Maduro repitió muchas mentiras por lo que la postura del presidente Trump sobre Venezuela no cambia en nada”, declaró la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, en una rueda de prensa este lunes.
Maduro en ese despecho obsesivo que no reconocer su situación amenazó con el fastidio. «Mandaré miles de cartas a Trump asi me ignore».
@damasojimenez




































