Cupertino Flores: La impunidad comunista

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Revisar la historia del comunismo en el mundo desde el siglo XX es interesante, porque sus  revoluciones y líderes han cometido los crímenes más horrendos y no  han pagado sus pecados.

José Stalin el perverso líder soviético asesinó millones de personas fuera y dentro de los gulags  entrre 1929 y 1953, murió de viejo debiendo muchas cuentas; al igual que el idolatrado chino, Mao Tse Tung  que gobernó entre 1954 y 1976, y con su “revolución cultural”, se llevó varios millones a la tumba. En Latinoamérica,  el romántico revolucionario barbudo de las montañas, Fidel Castro, aún después de su muerte, lleva sus manos manchadas de sangre por sus intervenciones en el continente como Venezuela, Centroamérica, Colombia, Perú, etc. Fue un genocida que murió  tranquilamente de viejo admirado por la élite cultura y académica del mundo.

Así sucedió con el pedófilo y genocida, Pedro Antonio Marín Marín (alias Tirofijo) quien murió de viejo con sus crímenes encima. Su amigo, el corrupto y criminal, Hugo Chávez, a quien los millones ni el poder lo salvaron del cáncer,  le colocó una estatua en su nombre en la popular urbanización del 23 de Enero en Caracas Venezuela.

En el mundo del comunismo, asesinar en su nombre se justifica, pero a quienes los combaten los llaman genocidas. Sus muertes son válidas porque son por su causa, teniendo claro que el fin último del comunismo es llegar al poder, controlar a la sociedad y su historia, por eso destruyen los valores de la cultura occidental. Por su concepción amplia y participativa la democracia liberal es víctima de la penetración comunista y ese ahí donde se origina su crisis.

Difícilmente el capitalismo y su democracia pueden convivir con el comunismo, porque el objetivo final de este es su destrucción.  La experiencia de su fracaso en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), en China. Corea del Norte, Cuba, etc,  no les ha impedido que tomen arbitrariamente las banderas del progresismo.

Lo escribió recientemente, el articulista venezolano, Fernando Luis Egaña (El Nacional 26-07-2025): “Se entiende por progresista a una postura democrática que privilegia la justicia, la renovación de esquemas tradicionales, la inclusión, el respeto eficaz de los derechos humanos, el cambio y la apertura política y social, entre otros aspectos de avanzada…”.

Lo que sucede, escribe Egaña, es que “detrás de la etiqueta política de progresismo, de considerable aceptación en muchos lares, se colocan algunos de los gobiernos más corruptos e impresentables del mundo”.   

Iberoamérica es rica en ejemplos, comenzando por el presidente de España, Pedro España, un personaje con un largo prontuario corrupto,  nunca ha ganado una elección pero gobierna ese país desde 2018; desde su esposa hasta personeros del Partido Socialista de los Trabajadores están salpicados por la corrupción, pero no le ocurre nada.

En Brasil, el “capocannoneri” de la corrupción,  su presidente Ignacio Lula da Silva, fue reelecto por los brasileños luego de ser condenado y liberado por el mayor escándalo de corrupción del continente  la trama “lava jato”. La justicia lo absolvió.  En Argentina, Néstor Kirchner y su esposa Cristina Fernández, sembraron el país y más allá de las fronteras de corrupción, asesinatos y abusos de poder entre 2003-2015, envolviéndose en las banderas progresistas, junto con su marioneta Alberto Fernández, dejaron el país en ruinas y con una mafia de tarifados que obstaculizan la gestión de Javier Milei.

El prófugo ecuatoriano, Rafel Correa, como es costumbre, se envolvió en las “banderas del progresismo” y la lucha contra la pobreza,  al final de su mandato (2007-2017)  salieron a florecer sus obras corruptas, redes clientelares, abusos de poder, y ahora gracias a la protección del gobierno de Bélgica disfruta de las mieles del capitalismo, y viaja “echando vaina”, incluso se sospecha de su participación en el crimen del periodista Fernando Villavicencio (9 de agosto de 2023), antes que divulgara el informe en el que denunciaba la historia negra de Correa y sus secuaces.

En Chile, dice el presidente Javier Milei, la izquierda tuvo bastante participación con los gobiernos de Michelle Bachelet y Gabriel Boric este último involucrado en las graves manifestaciones que atentaron contra el presidente, Sebastian Piñeira,  en octubre de 2022. Intentó modificar la estructura legal pero fracasó en un par de ocasiones.  Sus políticas aberrantes solo buscan desmontar las instituciones y las buenas costumbres. Otra de las características del comunismo, destruir las bases espirituales de la sociedad capitalista.

En Colombia hay una lucha institucional peligrosa, dice el profesor de Macroeconomía de la Universidad del Zulia, Rafael Portillo. El ex guerrillero del M-19 y actual presidente,  Gustavo Petro, resumen las intenciones del comunismo. Desde hace dos años su gobierno busca socavar los principios y valores de las sociedad,  está salpicado de sospechosos asesinatos,  frecuentes escándalos de corrupción,  abusos de poder, mentiras sistemáticas, no se inmuta ante sus inepta gestión, ahora está utilizando los dineros públicos para comprar votos para las elecciones de 2026, porque de otra forma no tiene opción de ganar.

La última propuesta pretende crear una zona económica entre Colombia y Venezuela, en la frontera noroeste, este proyecto es de gran peligro para las dos naciones porque es una región tomada hace varios años por la guerrilla colombiana y el narcotráfico; el objetivo es darle peso legal a la guerrilla para otorgarle el carácter de fuerza beligerante al Ejército de Liberación Nacional y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. Este plan se viene profundizando desde 2022 cuando el Ejército de Venezuela realizó operaciones de limpieza en el Arauca  y ahora el ELN lo está haciendo en el Catatumbo en el Norte de Santander.

El otro punto de Petro es liquidar al enemigo del comunismo, Álvaro Uribe. Cuando el expresidente seleccionó a su ministro de la Defensa, Juan Manuel Santos, como el heredero de la presidencia, cometió su mayor error, porque el proceso de debilitamiento de la guerrilla se estancó y sucedió lo contrario, lo fortaleció buscando la “paz total “. Sin embargo, el exguerrillero solo ha fortalecido al ELN, a las FARC y su negocio de narcotráfico.

En reciente entrevista, el presidente de Argentina, Javier Milei, advertía que la guerra cultural impulsada por la izquierda estaba ganando la batalla a la democracia liberal de occidente, porque se había apoderado de la educación (incluyendo las universidades), la cultura (lo evidenció el apoyo de Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, de escritores europeos, actores norteamericanos. entre otros personajes) y la narrativa de los medios de comunicación social.

En el caso Venezuela el sector académico de las universidades apoyaron a Hugo Chávez, la causa cubana y la nicaragüense. Por eso la impunidad los cobija ante sus desmanes, porque tienen control sobre las instituciones, la educación, los medios de comunicación y la cultura. Los poderes mundiales se han impregnado del pensamiento comunista ahora disfrazado de “progresista”, lo grave es que la democracia, capitalista y liberal no tiene líder para que emprenda esa lucha reivindicativa.

Estados Unidos de América llamada a liderar esa batalla está diluida en su crisis social e institucional y su  actual presidente, Donald Trump, ya dio indicios de tener  una agenda de negocios para favorecer a los grandes capitales, llevándose por delante a quienes investigan sus historias negras o se oponen a sus planes. Actualmente, la diferencia entre ambos paradigmas ideológicos es mínima. El mundo político para justificar sus aberraciones siempre dice que la política no tiene valores,  ahí está el error.     

@cupertinoflores_1