Entre el 14 y 15 de mayo de 2026, los presidentes de China, Xi Jinping, y el de Estados Unidos de América, Donald Trump, se reunieron en Pekín para romper el hielo de las tensas relaciones que afectan sus intereses y la geopolítica mundial.
Las declaraciones de ambos mandatarios mostraron sus visiones particulares con miras a evitar un daño mutuo (confrontación bélica), estableciendo que ahora sus relaciones estarán fundamentadas en la equidad y reciprocidad, según Xi, será una “estabilidad estratégica constructiva”.
Sus posiciones dejaron claros sus intereses, Trump consideró como exitoso el acercamiento por las ventas de aviones, chips y otros acuerdos de tipo comercial; mientras Xi planteó que EUA debe reconocer la igualdad entre ambas naciones; un cambio de paradigma que es un hito para las relaciones futuras.
El poder de China lo construyó EUA, cuando el asesor de seguridad del gobierno de Richard Nixon, Henry Kissinger, visitó ese país el 9 de julio de 1971 y se reunió con el entonces primer ministro, Zhou Enlai, para entablar un acercamiento que permitiría, desde el punto de vista estratégico, hacer contrapeso al poderío de la comunista Unión Soviética.
Una relación que facilitó el traslado de gran parte del aparato productivo norteamericano, estimuló la inversión y estableció una nueva división del trabajo mundial aprovechando la gran cantidad de mano de obra barata. Décadas después, China se convirtió en el centro manufacturero del mundo, se le proporcionaron ventajas comerciales para que se incorporara al mundo capitalista hasta que se convirtió en el contrapeso de EUA.
La confrontación de poderes se agudizó, escribió Li Yuan en el NYTimes el 20-05-2026, “en enero, un grupo de expertos de corte nacionalista de Pekín afiliado a la Universidad Renmin publicó un informe triunfalista sobre el primer año de la vuelta al poder de Trump; argumentaban que sus aranceles, sus ataques a los aliados, sus políticas anti migratorias y sus agresiones a la clase política dominante estadounidense habían fortalecido inadvertidamente a China, al tiempo que debilitaban a Estados Unidos.
Pero este fenómeno geopolítico no es casual, obedece a una tendencia histórica analizada por el filósofo alemán, Oswald Spengler en su obra “La decadencia de occidente”, publicada en dos tomos (1918 y 1922).
Aplicando su análisis histórico a hechos particulares concretos relacionados, comparativamente, con macro estructuras culturales en distintos momentos de la vida de la humanidad, caracterizó sus entidades sociales y su relación entre la cultura y los seres vivos, Spengler determinó que el ciclo del predominio de la Europa occidental y Norteamérica comenzó a decaer en el siglo XIX.
Esos acontecimientos concretos de la cultura se reflejan en un proceso como el vivido por un ser vivo: juventud, crecimiento, florecimiento y decadencia. Esa evolución natural se observa en el comportamiento de factores como la moral, la ineficacia de las instituciones que soportan la democracia, la corrupción, la excesiva auto complacencia social y la aparición de “cesarismos autócratas”.
En sus estudios, Spengler analizó y predijo los efectos del poder del dinero de las élites poderosas y de la tecnología, una predicción vigente que se inició a finales del siglo XX y se profundizó en el XXI, con las grandes corporaciones tecnológicas que ahora irrumpen con el control absoluto en el desarrollo de los algoritmos, de los equipos, de la captación y el procesamiento de los datos y la creación de estados gobernados por la tecnología.
Su percepción histórica se evidencia con la tendencia de los tres líderes más importantes del mundo: la Rusia de Vladimir Putin, la China de Xi Jinping y la EUA de Donald Trump;todos empeñados en destruir la arquitectura legal e institucional construida por Norteamérica después de la Segunda Gran Guerra y que ahora les estorba.
Sin embargo, el geopolitólogo, Joseph Nye, constructor junto a Robert Keohane de la teoría neo liberal de las relaciones internacionales (1977), ya en 1990 escribió sobre el poder multipolar, el uso de los mecanismos institucionales globales para resolver los asuntos que afectan a la humanidad y que difícilmente pueden manejarse de manera particular (por ejemplo las epidemias o los problemas ambientales), relegando a un grado extremo el uso de la fuerza.
Con sus propuestas del poder duro y blando propusieron el manejo de los asuntos globales con la visión de la interdependencia asimétrica y compleja considerando las reglas, el comercio, la tecnología y las instituciones para resolver los problemas de la humanidad.
Esa forma de accionar liderada por EUA, le permitió liderar a la democracia occidental, ahora vulnerada por el afianzamiento del uso del poder duro, basado en el poder económico y militar para imponer sus intereses, rompiendo cualquier posibilidad de instrumentar los mecanismos de la opción blanda.
Ahora que los empresarios lideran el control mundial usando el poder del dinero y la tecnología, se construyen hiper verdades utilizando los medios de comunicación masiva (redes sociales e inteligencia artificial) y se instrumentó la modalidad del colonialismo digital para abrir las puertas del colapso de las instituciones tradicionales y propiciar la aparición de autócratas populistas que gobernarán sin respetar las leyes. Una advertencia de Spengler que la realidad de hoy materializa y que Nye junto con Keohane pretendieron teorizar para que la democracia sobreviva.
@hdelgado10



































