Cupertino Flores: Contra el tiempo

38

La inteligencia de Estados Unidos de América se inserta en el modelo del manejo de la información en la toma de decisiones de acuerdo con  sus intereses. Eso no ha variado desde el inicio de su fundación y fue  reforzado por la doctrina de James Monroe (1823) que le permitió dejar clara sus intenciones de ser potencia, con injerencias en cualquier punto geográfico del mundo,  y con una “realpolitik”  que tuvo su máxima expresión con el secretario de Estado, Henry Kissinger.

Por eso los tiempos de acción de los distintos gobiernos  demócratas o republicanos norteamericanos son inciertos y en el caso Venezuela son desesperantes. En los inicios del chavismo a finales del siglo XX las grandes corporaciones petroleras de EUA fueron las que  financiaron a la izquierda latinoamericana y de otras latitudes.

La inteligencia norteamericano debía saber a dónde y a quiénes beneficiaron los dineros provenientes del gobierno de Hugo Chávez y  el régimen de Nicolás Maduro. No fue un secreto este financiamiento que llenó de escándalos de corrupción al continente y en Europa, como ha sucedido con España y Portugal. También es cierto que en la burocracia de  EUA se incurre en errores, la ventaja que tiene el sistema democrático y capitalista  es que se nutre de varias fuentes  que les permite solventar sus fallas.

Ese modelo democrático-capitalista sobrevivió a la “guerra fría” y ahora EUA  necesita armar nuevos escenarios bélicos para justificar el incremento del gasto militar, mostrar su poderío bélico, expresar su liderazgo mundial, buscar razones para  amenazar a los potenciales enemigos y competidores  de sus intereses económicos y políticos. Así que  actualizando su vieja doctrina de Monroe repiten el viejo patrón imperialista que los ha caracterizado.   

Así que no es novedoso lo que está haciendo Donald Trump,  los propósitos expansionistas son similares al pasado, la diferencia es la dimensión del mundo que ahora EUA quiere controlar utilizando armas económicas, militares y políticas, un juego peligroso en un contexto totalmente diferente por la variedad de intereses que la misma Norteamérica creo luego de la segunda guerra.

En el caso Venezuela los  tiempos de EUA no son iguales a los que espera una sociedad desesperada por la crítica situación ocurrida bajo el régimen chavista. El 3 de enero  de 2026 cuando los norteamericanos capturaron a Nicolás Maduro y se lo llevaron para que compareciera ante su justicia, “el pueblo se llenó de ilusiones,  de esperar por reivindicaciones salariales justas,  de ofertas salariales mejores porque las inversiones petroleras los llevará a la prosperidad, de aceptar la oferta de Trump y Marco Rubio de la estabilidad a cambio de la democracia.

En un escenario trancado y sin aparentes salidas, Trump actuó, cumplió la misión que los venezolanos no asumieron.  Es lógico -entonces- que los EUA cobre por tan noble misión, eso lo han expresado abiertamente, pero el tiempo corre en contra de sus propósitos, que por lo visto, nada tienen que ver con retomar pronto el camino de la democracia.

Mientras tanto, el chavismo con su estructura de control sigue operando con normalidad, a través de los cuerpos de seguridad, las gobernaciones, alcaldías, los poderes, etc. La población continua su vida normal, realizando sus faenas, divirtiéndose, esperando los nuevos pasos que ordene Trump que le permitirán mejorar sus vidas, los empresarios y banqueros ansían la nueva bonanza que traerán “las supuestas inversiones multimillonarias  de las  transnacionales que volverán al negocio petrolero, tal como lo presagió Juan Pablo  Pérez Alfonso.

La promesa de Trump  de traer riqueza a Venezuela es la esperanza de los venezolanos, que no se dan cuenta que la crisis  la provocó su irresponsabilidad ciudadana,  la falta de compromiso con la patria expresada por militares, políticos, empresarios, banqueros y muchos sectores de una población,  que aceptó la corrupción generalizada del Estado paternalista, cuya huella todavía esta marcada en muchas instituciones y mentes.

Lo que viene no es nada sencillo,  el gobierno de Trump argumenta que aspira a una transición pacífica, porque supuestamente una ruptura violenta del régimen chavista  puede generar una violencia generalizada; sin embargo, la estructura criminal del régimen chavista sigue operando en la frontera colombo-venezolana en complicidad con peligrosas organizaciones como el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que difícilmente dejarán su tranquilidad y los buenos  negocios relacionados con el narcotráfico, la minería ilegal, la corrupción  y el lavado de dinero.

A esta realidad se unen los viejos vicios de políticos de los partidos tradicionales, varios de los cuales han degenerado en otras organizaciones que arrastran “las malas mañas”  que llevaron al poder al chavismo, e incluso continuaron haciendo negocios sin importar el daño que le causaron a Venezuela. Esta dirigencia que huyó del país desde hace varios años logró engranar una maquinaria propagandística que solo vive del caos, el chisme y de un falso heroísmo que alimenta por las redes sociales

De esta realidad también  hacen parte organizaciones como los sindicatos y gremios fosilizados en instituciones fundamentales de país como las universidades, llamadas estas a construir a la Venezuela futura, pero que en este momento solo aspiran a  sobrevivir en un mundo con resabios politiqueros, corruptos y desfasados.

Mientras tanto el nuevo amo de Venezuela maneja sus tiempos, ha establecido un plan en el que la ilegítima vicepresidente y presidente encargada, Delcy Rodríguez,  y su nomenclatura controlada por su hermano, Jorge Rodríguez, después de ser supuestos acérrimos enemigos, ahora siguen obedientemente sus órdenes para garantizar la paz que necesitan las inversiones de sus amigos.

En segundo lugar, dice el secretario de Estado, de origen cubano, Marco Rubio, vendrá el reencuentro con la democracia ¿Cuánto es el tiempo de espera para este paso? Ellos sabrán. Mientras tanto el chavismo seguirá gobernando y los venezolanos soñando con la millonaria Venezuela petrolera.

Cupertino Flores