A pesar de los esfuerzos diplomáticos y económicos, el escenario venezolano permanece frágil. Grupos paramilitares, colectivos armados y facciones militares no alineadas plenamente con Rodríguez constituyen factores de riesgo significativos.
La respuesta de las Fuerzas Armadas ha sido ambivalente: lejos de asumir un papel proactivo que pudiera definir el nuevo orden político, han mostrado posturas conservadoras, centradas en la preservación de sus intereses y evitando fracturas abiertas.
Esta conducta —caracterizada por algunos analistas como miedo o cálculo estratégico— crea un vacío de liderazgo que puede ser ocupado por actores violentos o irregulares, elevando la probabilidad de conflicto interno prolongado y de daños colaterales a la población civil.
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