La captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores en una sola jugada sorpresa fue el movimiento final de una partida que Washington llevaba meses calculando.
Donald Trump no tocó una pieza menor: fue directo al rey y a la reina, sacándolos del tablero en una operación quirúrgica que dejó al chavismo estupefacto, como quien descubre demasiado tarde que el jaque mate ocurrió.
No hubo Vietnam, ni batalla cuerpo a cuerpo, ni guerra asimétrica, híbrida, irregular, o cualquier otra guerra de guerrillas con las que gustaba amenazar en su show del terror, el sapeo, la infamia y otras cobardías, el carcelero del régimen, Diosdado Cabello.
Caracas fue más bien un tablero de ajedrez a cielo abierto, donde el arrogante clan del terror chavista tembló sin épica y sin oportunidad de jugada alguna. Fue un jaque al rey mata a la reina en una sola jugada y un mismo helicóptero en que fueron capturados Nicolás Maduro y Cilia Flores. La única forma de acabar de tajo, desde adentro, con el madurismo y la influencia cubana.
Si sumamos los traidores se habría visto como un jaque Anastacia: caballo y reina para matar al rey sacrificando a la torre.
El audio filtrado de Delcy Rodríguez confirma que la operación fue impecable y devastadora. Un ataque relámpago que no solo neutralizó el centro del poder sino que expuso a los involucrados al escarnio público.
El embajador de Rusia en Venezuela dijo que según las investigaciones de inteligencia llevadas a cabo por el Kremlin, los hermanos Rodríguez y el criminaloide levantado en armas, Diosdado Cabello, serían los nombres de quienes “traicionaron” al dictador autoritario de Venezuela Nicolás Maduro a principios de este mes.
El embajador Serguei Melik-Bagdasarov dijo al medio Rossiya_24 que “estas autoridades cercanos a Maduro no hicieron todo lo que pudieron durante la operación que tuvo lugar el 3 de enero y que terminó con la extracción de las 2 importantes fichas que tenía Putin para enfrentar a los EEUU desde el Caribe.
El medio ruso agregó que las comunicaciones entre la entonces vicepresidenta y funcionarios de EEUU. a través de intermediarios qataríes, comenzaron en otoño pasado y continuaron después de que el presidente Donald Trump propusiera a Maduro dejar Venezuela, en una llamada telefónica en noviembre, una posibilidad que para entonces el autócrata rechazó.
Todas las fuentes citadas por el medio señalaron que los hermanos siniestros ofrecieron trabajar con las autoridades de EE.UU., sí Maduro era removido, “pero no ayudaron a hacerlo”, aclara Rossiya_24, para dejar claro que no colaboraron para derrocarlo. Solo que no hicieron nada para impedirlo.
Trump anunció intempestivamente al término de la operación, apenas unas pocas horas después de la captura, que Delcy Rodríguez sería la presidenta interina de Venezuela. Lo dijo en una dramática rueda de prensa con la plana mayor que extrajo a su exjefe para encerrarlo en el Metropolitan Detention Center (MDC) de Brooklyn, una prisión federal de alta seguridad en Nueva York.
Desde entonces, ha dicho que las administraciones están “llevándose muy bien” y que ella está “dándonos todo lo que consideramos necesario”, haciendo caso omiso a las “pataletas de pánico” y a los “mea culpa” de Delcy cuando intenta esa escueta pantomima de dócil rebeldía, al gritar que ya no acatarán más órdenes de Washington, luego de la entrega obediente de una cantidad no confirmada de barriles de crudo.
Delcy, Jorge y Diosdado siguen en estado de shock luego que les perdonaran la vida, intentando mantenerse en el poder desde una derrota que no solo fue militar y moral sino también política.
Es como si los alfiles, las torres y los peones motorizados simularan nuevas jugadas en el tablero después de la partida perdida. Cada día que pasa, desde sus respectivas tribunas, intentan narrar lo sucedido al país desde la comedia de las equivocaciones, pero es complicado, porque a ese cuento le falta un pedazo.
¿Qué hicieron en esos quince minutos antes de decidir si preferían morir o seguir con vida?
Verdugo no pide clemencia, ¿pero ellos la clamaron? Luego de un ultimatum de esa naturaleza los hermanos Rodríguez y Cabello siguen con sus vidas como interinos de Washington en la nueva correlación del poder: ¿A cuenta de qué? ¿Qué firmaron? ¿Fue una rendición funcional convenida? ¿Hay un plan que cumplir a plazos? ¿Para quien estuvo dirigido el mensaje de las fotos de John Rattzinger, director de la CIA, con los provisionales Delcy Rodríguez y el general Gustavo González López, ficha de Cabello en la Casa Militar y la DGCIM, en sustitución del mayor general Javier Macano Tábata, encargado de la seguridad de Maduro hasta su captura, y del mayor general Iván Hernández Dala, cercano colaborador del negociado, aislado y entregado dictador y su esposa.
¿Es un recordatorio del compromiso adquirido por las vidas perdonadas? ¿El reloj de arena que Washington puso sobre la mesa para Delcy, Jorge Rodríguez y Diosdado Cabello? ¿Qué los motiva a cumplir las órdenes de Trump en esta nueva y a la vista última fase de la revolución? ¿En serio es cooperar o desaparecer, camarada? He ahí el dilema de su disfuncional narrativa. Alfiles que creyeron que el rey había sido asesinado, optaron por mover, por salvarse, no por resistir.
Luego de 25 días de vida extra obtenidos después de la captura de Maduro, Delcy, cual judas, decide arrepentida moverse patrás. Devolverse. Habla de romper la cooperación con Estados Unidos como si la partida siguiera abierta. Es la ilusión del jugador que perdió a su rey y rein pero insiste en reorganizarse, convencido de que aún puede sostener el poder por inercia. El chavismo intenta reagruparse en un tablero donde las piezas centrales ya no existen y donde cada movimiento posterior está condicionado por quien controla el reloj y el espacio.
Trump, en cambio, juega con la frialdad de quien ya ganó. Ha advertido sobre un segundo ataque, más grande, más profundo, más directo, como quien recuerda que el mate puede repetirse si el rival insiste en negar la derrota. La captura de Maduro y Cilia Flores no solo es judicial; también es simbólica: el tablero ya no les pertenece.
Las declaraciones de Delcy, rechazando “las órdenes de Washington” y llamando a una política “con P mayúscula y con V de Venezuela”, suenan más a discurso de motivación personal, pasos para la superación, resiliencia y autoayuda defensiva, que a estrategia política ante la derrota militar y moral. Es como un jugador acorralado que confunde soberanía con rabietas y autonomía con negación.
El chavismo post-captura no puede ocultar la fragilidad interna del régimen, en este silencio que tanto les pesa entre el primero y el segundo ataque. Los Cabello y los Rodríguez, junto a sus colectivos armados, siguen creyendo que Caracas es inexpugnable y que la vida es eterna.
Trump ha sido explícito: Estados Unidos “está reconstruyendo” Venezuela porque su infraestructura política está podrida. En su lógica, el cambio de régimen no empeora nada; simplemente sustituye un juego viciado por otro con reglas claras y supervisión directa
El chavismo aún no asimila el jaque mate. Es un destino zombie: sus piezas menores se mueven sin destino mientras el ganador observa, paciente, listo para cerrar el juego de nuevo, si hace falta.
@damasojimenez




































