Cupertino Flores: La inmolación de Venezuela

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Si los venezolanos dejaron en manos de terceros su destino, tienen poco derecho a exigir. Eso es lo que la realidad muestra después de la operación comando de militares de Estados Unidos de América que facilitó la captura de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, en horas de la madrugada del pasado  3 de enero de 2026.

Durante 26 años, fueron desacertados los intentos por capturar a los cabecillas chavistas o llevar a feliz término la salida de esta pesadilla malévola concebida por Hugo Chávez y su nomenclatura. El dolor y el daño causado a la sociedad es incalculable. Lamentable es que todavía existen grupos de venezolanos que luego de transitar por tan trágico episodio histórico sigan creyendo en unos ideales que fracasaron.

La mentira, la omisión y la indiferencia, ante el genocidio y la corrupción, estudiada por Alberto Moravia y citada recientemente por el escritor de Países Bajos, Rob Rimen, le ha hecho mucho daño a la humanidad, Venezuela no es la excepción,  porque es la esencia del espíritu fascista.  Ocurrió con Israel y su holocausto nazi que ahora expresan sus secuelas en el conflicto con los palestinos; sucede con Stephen Miller quien desde la Casa Blanca ha desatado la persecución contra los inmigrantes usando practicas de las SS.

Esa indiferencia explicada por Rimen genera secuelas posteriores y ha convertido a la sociedad en el “culmen del mal y las tinieblas”, los hombres pueden crear belleza o destrucción, demuestran que pueden hacer lo mejor y  lo peor. Pero también es cierto  que todavía existen espacios  para hacer lo correcto y tener dignidad.

El silencio generalizado que se escucha en Venezuela no es casual. Luego del 3 de enero de 2026, la mayoría esperaba algo más, pero lo único que retumba son los redes. Expertos de todos los tamaños y calibres aparecen de la nada, creando conjeturas que confunden a una opinión pública que esperaba algo más.

Lo cierto, es que 26 años en el poder le han permitido al chavismo controlar la estructura del Estado, sus recursos económicos, han creado una red de clientes  con los empresarios y la población que espera con ansias los bonos que medio le permite comer, en medio de una desenfrenada inflación dominada por el dólar.

Esa indiferencia social hace que a varios sectores les importe poco si cambia o no la situación. Total, dijo una profesora universitaria, luego de tanto tiempo sufriendo, no se puede criticar a quienes se lo pegan todos los fines de semana, vayan a la playa a los restaurantes o a los andes a disfrutar la vida, no importa los abusos a sus familiares que trabajan duro en el exterior para darles calidad de vida a quienes se quedaron.

El país se inmoló por su incapacidad de asumir el compromiso histórico de defender su democracia, que aún con sus defectos profundizados por los partidos políticos (principalmente Acción Democrática y Copei), representó el período de mayor progreso, aunque la cultura ciudadana se quedó a medias e impidió consolidar procesos interesantes como la descentralización.

La incapacidad de la sociedad para resolver sus asuntos, condujo a Venezuela hacia opciones en las que su soberanía  se diluyó en medio de intereses foráneos que en nada la favorecieron, con la complicidad de militares, políticos, empresarios y grupos de venezolanos, sin escrúpulos, corruptos o cómplices, genocidas que incluso recibiendo órdenes externas asesinaron a sus conciudadanos.

Luego del 3 de enero de 2026 se abrió un abanico de especulaciones en el que el chavismo que controla la estructura del Estados negocia con el gobierno de Donald Trump,  destacándose el tema petrolero sobre la democracia.  Los expertos y opinadores de oficio que en estos tiempos han florecido como un campo de amapola, han explicado de distintas formas lo que está sucediendo, pero el común de la gente no percibe ningún cambio.

El chavismo sigue en el poder, controla la vida pública, la corrupción sigue su camino, gobernadores, alcaldes, entes públicos, bancos que ayudaron en el saqueo y lavado del dinero, siguen haciendo de las suyas,  eso hace imperativa la necesidad de legitimar a sus representantes  a la Asamblea Nacional (AN) y a todas las instituciones representativas que no tienen legitimidad desde que se anuló a la AN  2015,  tal como lo afirma el profesor de la Universidad de Harvard, Ricardo Hausmann en una reciente declaración criticada por algunos sectores pro Donald Trump.

Hausmann fundamenta su preocupación sobre lo que puede hacer el gobierno de Trump: “no veo completamente errada la estrategia de Washington para Venezuela, pero sí la catalogo de imprevisible. Donald Trump le dijo al New York Times que el único límite de sus acciones en el extranjero lo marcará su propia moral, no ninguna ley internacional. El problema que eso tiene es que si él hace lo que le da la gana, su comportamiento no es predecible”.

Es que esa variable es importante y solo se puede superar con unas “elecciones generales” que le den legitimidad a un país que navega en un turbulento mar de incertidumbres legales que impide que la inversión petrolera, por ejemplo, fluya con seguridad, más cuando  los planes de recuperación de la industria tienen que hacerse a largo plazo.

La incertidumbre es la constante que viven los venezolanos; es consecuencia del interés mostrado evidentemente por el petróleo y otros minerales por parte del gobierno de Donald Trump y su escudero, el grupo inversionista BlackRock («Son los dueños del mundo»: BlackRock, el poderoso fondo de inversión que busca controlar dos puertos clave del Canal de Panamá – BBC News Mundo), y las ambiciones por el poder expresadas por los hermanos Jorge y Delcy Rodríguez.

Mientras en el territorio nacional no pasa nada, la inflación no se detiene, la especulación sigue su curso, la corrupción es un tema indiferente de la vida diaria, las diatribas continúan y el futuro sigue en manos de quienes se atrevieron a algo ese 3 de enero de 2026 y ahora vienen a cobrar la factura de su movilización militar.

Mientras la democracia sigue en espera, voces experimentadas como la de Hausmann, acertadamente claman porque se busque la vía democrática  para legitimar a un Estado que perdió su norte con el chavismo, convirtiendo a Venezuela en un país controlado por una nomenclatura de forajidos.

Por algo será  que las grandes petroleras tomaron con cautela la oferta de Trump de invertir  en el negocio petrolero, así hagan las modificaciones a la Ley de Hidrocarburos que también será ilegítima. Hausmann afirma que “ellas quieren entrar a un país con Estado de derecho”.