Ender Arenas: Escribir en navidad. (Perdón por la tristeza)

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El hermoso árbol de Navidad de Lake Eola tiene 64 pies y 88.000 luces animadas. No te pierdas el tradicional encendido este 1 de diciembre.

Debe ser porque escribo esta nota en vísperas de navidad estoy haciendo un balance de lo que he hecho este año.

Les confieso que creo no haber sido ni bueno ni malo, aquí lo lamentable es que no puedo agregar como decía Carlos Andrés Pérez: “sino todo lo contrario”. Pero, hoy es un buen día para no escribir sobre Trump. No es ocasión para referirme a un personaje que él mismo se vanagloria de ser un “tocavulva” (Así lo llaman sus íntimos) a pesar de que se ha erigido en “la gran esperanza blanca” para recuperar la democracia en Venezuela. De Maduro tampoco, ese dictadorzuelo, cabeza de un régimen ligado al narcotráfico y a toda actividad no santa, que ha convertido la vida de todos en una existencia miserable, mucho menos escribir sobre aviones, misiles, portaaviones, narcolanchas, intercepción de petroleros, la eminencia de la guerra, que se han convertido en temas obligados en los últimos cinco meses. Bueno, ni siquiera de MCM, la única líder cierta de la oposición conectada con los sentimientos de la gente y sobre la que se ha escrito montañas de páginas.

¿Por qué eludo escribir sobre los temas que me han movido durante todo el año?  ¿Por cansancio? No. Nunca me he cansado de lo que yo asumo como compromiso y la situación del país es mi obsesión. Es una lástima que la montaña que conozco aquí es un poco alta y me devolví a la mitad de la misma ahogado por falta de aire y me deshice de la idea de hacer mi juramento de liberar al país. Todos llevamos por dentro, especialmente en esta ocasión, un Simón Bolívar. El último que dijo llevarlo en su corazón terminó siendo la versión masculina de “La Malinche” y entregó el país a los cubanos, a los iraníes, a los chinos, a los rusos, a la Farc, al ELN, a Hezbolá y a Hamás.

No. Lo evito hoy, no porque haya escuchado la gaita “La voy a tocar a pie” casi todo el día, el algoritmo es “algo” tan dictatorial como el régimen de Maduro. Creo sí, que es porque he sentido esa especie de desasosiego, que parece tristeza, melancolía o nostalgia, eso que los brasileños llaman “saudade” que son todas esas cosas juntas. Tal vez es porque donde vivo ahora todo está envuelto por una enorme sábana blanca y la gente viste de negro, quizás por aquello de que “un negro en la nieve es un blanco perfecto” (que dicho en otro contexto es un tremendo comentario racista).

Algo debe sentir la gente que lee mis notas anteriores que no tienen nada que ver con el estado de ánimo que exteriorizo en esta nota, pues una amiga a la que estimo mucho, pero que solo conozco por video llamadas me ha enviado un video del tango “Volver”, todos lo conocen, sus primeros versos dicen: “Yo adivino el parpadeo/ de las luces que a lo lejos/ van marcando mi retorno”.

 Pero yo tengo la certeza que, para mí, ya Venezuela no es Itaca. Pero, gracias, Francis.

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El otoño entró preanunciando que el invierno sería más frío, más blanco y sus noches más oscuras que de costumbre. Hoy, 23 de diciembre, con la llegada del invierno, esa premonición se ha confirmado. Los árboles empezaron hacer su ritual striptease, con la excepción de los pudorosos pinos, que se mantienen vestidos de militar todo el año siempre en posición firme. Ahora todo está definitivamente blanco. La gente camina inclinada hacia adelante, empujada en parte por el viento, pero también para tener mayor equilibrio. Este es el momento cumbre del invierno que recién comienza, la nieve es blanca y brillante. Es una postal navideña. Eso, presumo, también puede ser la razón de la tristeza de esta nota.

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Pero, después de todo, hay que decirlo, los canadienses, con las que uno se topa en la calle, en la biblioteca, en el metro o el supermercado son amables y no se siente ningún vestigio de intolerancia racial ni expresiones xenófobas. Lo paradójico, es que estas expresiones de rechazo uno suele escucharla y vivirla de negros y hasta de árabes. Sin embargo, lo peor que me ha pasado es no saber el idioma, ¿y cómo saberlo? (En lugar de las pocas vocales en español, aquí se habla con 12 vocales orales y 4 vocales nasales, así que me rindo y me he hecho fanático de la expresión: “loro viejo no aprende hablar”) Pero, me he especializado en el lenguaje de señas, arte que he llegado a dominar y me expreso tan bien como los personajes de los noticieros que mediante señas comunican las noticias. Esto le ha hecho creer a la gente que soy sordo. (En alguna ocasión le dije a mi vecina, una mujer bellísima, con la que me encuentro todos los días en las caminerías del vecindario, mediante señas que ella era una mujer bella y especial, ella me respondió, también, con señas señalando un anillo y me dijo en francés, debió ser eso lo que me dijo: “Lo sé, pero estoy casada”, pues sonó algo así como: “je sais, Je suis mariée”). He vuelto a ser una especie de analfabeto. Leo solo en español la prensa venezolana, española, argentina y colombiana y libros, los pocos que he podido comprar. Y de verdad, no es para quejarme, pero eso me hace sentir frágil y vulnerable.

La soledad es la palabra que más miedo me produce. Ella se me ha pegado hasta en los huesos, tanto que he perdido el sentido de la compañía aun cuando este rodeado de gente, ya lo dijo Baudelaire “Una multitud puede ser un conjunto de soledades”. Pero, recuerdo y cito a Camus: “El corazón tiene memoria”, entonces vuelvo a vivir algunos pasados que me tranquilizan y hasta me hacen sonreír.

Así que de todos modos termino esta pequeña nota con una frase subversiva: “Feliz Navidad”

@enderarenas