La llamada entre Donald Trump y Nicolás Maduro ocurrida el pasado 21 de noviembre, luego de 3 meses de conflictos en el Caribe, representó un punto de quiebre definitivo en la tensa relación entre Estados Unidos y Venezuela.
En esa conversación Trump dejó en claro su ultimátum: Maduro debe renunciar de inmediato o enfrentar consecuencias militares. Maduro dejó claro que está dispuesto a todo menos a perder el poder. Blufea y baila celebrando a destiempo una mano fuerte que no tiene. Es su estrategia de engaño esperando que Trump se retire con su batallón, aviones y portaviones, con el rabo entre las piernas.
Pero dentro de este contexto todo parece indicar que EEUU. decidirá atacar por tierra las redes de narcotráfico vinculadas al régimen venezolano, especialmente el Cartel de los Soles, recientemente catalogada como una organización terrorista.
La lista de peticiones del dictador venezolano a nombre del Cartel de los Soles lució inaudita por decir lo menos. Quería que su Vice-Presidente Delcy Rodríguez asumiera la transición como sustituta para mantener el anclaje del Estado forajido, antes de unas elecciones con el mismo CNE, TSJ y AN. Maduro exigió que la transición fuese con Delcy Rodríguez y no con el presidente electo Edmundo González Urrutia, hasta nuevas elecciones, donde le garantizarían una candidatura y posterior regreso al poder.
Igualmente exigió amnistía total y respeto a los derechos humanos para él y su familia, sin considerar que la justicia estadounidense lo considera fugitivo y pesa sobre su cabeza una recompensa de 50 millones de dólares por complot, por inundar de droga a los Estados Unidos, así como otros delitos relacionados con narcotráfico, como lavado de activos y corrupción.
Maduro hizo énfasis en el levantamiento de sanciones financieras a bienes y cuentas bancarias suyas propias, de su núcleo familiar y la de otros 100 miembros militares del Cartel de los Soles, archivar los procesos penales de la Corte Penal Internacional en su contra donde existen dos expedientes en fase avanzada por aproximadamente 9.000 casos de violaciones de derechos humanos y crímenes de lesa humanidad cometidos en Venezuela, entre ellos más de 10 mil asesinatos.
El dictador venezolano quería mantener el control de las FANB para preservar su regreso y garantizar así su vida y la de sus adláteres en cualquier país cómplice dispuesto a recibirlo como Turquía, Rusia o Irán.
Entre los detalles inéditos la agencia de noticias Reuters reveló que Maduro exigió en la llamada entre el presidente estadounidense y el jefe del clan narcotraficante que mantiene secuestrado el Estado en Venezuela, anular las sanciones contra al menos otros 100 miembros del régimen, incluidos mandos militares y policiales investigados por socavar la democracia y cometer violaciones de derechos humanos.
Citando fuentes de la Casa Blanca, Reuters detalló que la llamada duró menos de 15 minutos y no terminó bien.
De acuerdo con Reuters, Trump rechazó categóricamente todas las peticiones, manteniendo una única opción: la salida inmediata de Maduro en un plazo de una semana, ofreciendo únicamente un salvoconducto para preservar su vida y la de su familia, integrada por su esposa e hijo, en el exilio.
Ese plazo venció el pasado 28 de noviembre, después de lo cual Trump intensificó las medidas contra el régimen venezolano.
La negativa de Trump a aceptar tales condiciones evidenció las profundas diferencias entre ambos, pues mientras el presidente de EEUU. busca una salida definitiva para el régimen, Maduro intentó aferrarse al poder con promesas que no lograron convencer a Washington. Incluso, su actitud pública, con gestos como los conocidos “bailecitos extraños”, mostró un desdén claro ante las amenazas y un mensaje de burla ante cualquier intento de cambio pacífico propuesto por EEUU.
Tras el colapso de la conversación, Trump optó por intensificar las amenazas, anunciando posibles operaciones militares terrestres en Venezuela. El despliegue de activos navales, incluidos portaaviones y unidades expedicionarias, así como el cierre del espacio aéreo venezolano, que hicieron crecer los temores de un conflicto directo.
La situación, sin embargo, no es sencilla. Venezuela no está aislada en este conflicto. Rusia, Irán y China han sido aliados constantes del régimen, lo que agrega una capa de complejidad al escenario geopolítico. Aunque la posibilidad de una respuesta militar de estas potencias es remota, no puede descartarse. Además, la vasta extensión del territorio venezolano y la presencia de múltiples actores armados en su interior como las FARC Disidentes y el ELN hacen de cualquier operación militar una misión difícil y costosa.
La propuesta de Maduro de obtener una amnistía global fue un claro intento por asegurar una salida para él y su círculo cercano sin perder el control total del país. Sin embargo, el rechazo de Trump a esta oferta subraya las diferencias irreconciliables entre ambos.
El presidente estadounidense exige una rendición completa del régimen, sin espacio para negociaciones que permitan a los aliados de Maduro conservar su poder. Este enfoque, a diferencia del modelo cubano de cambio de régimen en Nicaragua, no deja margen para la supervivencia de los actores clave del chavismo.
La situación, aunque impredecible, está lejos de resolverse, y lo que está claro es que la crisis en Venezuela es ahora una de las principales piezas en el ajedrez geopolítico no solo del Caribe sino también del mundo.
Lo que suceda en Venezuela en los próximos días podría marcar el comienzo del fin para un régimen que ha arrasado con la democracia del país. Sin embargo, también podría desencadenar una nueva fase de confrontación y reconfiguración política en la región. La batalla por Venezuela es una lucha entre potencias que cambiará el curso de la política en América Latina.
@damasojimenez





































