Para Lourdes
No se pide la libertad,
se siembra como trigo en las manos,
se defiende como al hijo en la tormenta,
se canta con la voz rota del pueblo.
Cuando el pueblo abre su garganta,
la libertad despierta de su sueño,
camina entre cadenas oxidadas,
enciende hogueras en la sombra.
No es un dogma,
no es un templo de piedra,
es la única verdad que sangra,
la raíz de nuestra humanidad.
Morir por ella es sembrar futuro,
vivir con ella es respirar sin miedo.
Nuestros pueblos han sido esclavos,
nuestros caminos, cicatrices,
pero la historia, incansable,
se dirige hacia su aurora.
Por eso gritamos,
en la plaza abierta, en la calle ardiente:
¡Libertad ahora, libertad siempre,
libertad para todos los hombres,
para todos los pueblos oprimidos,
para todos los soles del mundo!




































