José Aranguibel: ¡¡Cómo olvidar el 4F!!

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Claro, imposible poder no recordar que hoy sábado 4 de febrero, miles de venezolanos como quien les escribe olvidemos que hace 31 años comenzó a configurarse lo que seis años después llevaría al nacimiento del gobierno de la “Revolución Bonita”. Después de 24 años los problemas del día a día no desaparecieron o mejoraron, sino que empeoraron. Aún así desde aquella fecha sigue echándosele la culpa a adecos, copeyanos y al mismísimo imperio de los males que ahora han crecido como la espuma del mar.

Viví el momento de esa parte de la historia cumpliendo funciones de reportero del desaparecido Diario Metropolitano LA COLUMNA de Maracaibo y recuerdo en imágenes guardadas en el disco duro cerebral, los sucesos que nos cambiaron la vida a los venezolanos después del “Por Ahora” de Hugo Chávez Frías en aquel “Amaneció de Golpe” como llamarían luego una película del cineasta, Carlos Azpúrua.

Es cierto que hoy seguramente en plazas, dependencias militares o gubernamentales “celebren” esta efemérides a lo grande en el marco de un país en permanente efervescencia y convulsión social muy superior a la que en Venezuela existió, cuando un importante componente de oficiales de las FAN decidió insurgir para derrocar al gobierno constitucional de Carlos Andrés Pérez. 

Muy válida, recuerdo, la opinión favorable que se regó como pólvora en aquella Venezuela de 1.992 acerca de la acción golpista del 4F que tuvo eco en sectores populares, empresariales, gremiales, clérigos, universitarios y culturales que vieron con simpatías el movimiento militar y hasta “justificaron” que los nuevos próceres violaran el juramento de respetar y hacer respetar las disposiciones de la Constitución de la República de 1961 a la que le quedarían contados días, después que fue derogada por otra nacida el 15 de diciembre de 1.999.

Claro, no todos los venezolanos aplaudieron que el golpe triunfara, pero no puede negarse que el ambiente de la antipolítica creciente, conducta a favor de algunos dueños de medios de comunicación, carestía de la vida, hambre, desempleo, deficiencias en los servicios públicos y la inobservancia de castigo a protagonistas de sonados casos de corrupción, —servidos en bandeja de plata—, fueran el detonante que llevó a justificar el discurso de la asonada militar de esa madrugada que le permitiría más adelante al expresidente, Rafael Caldera Rodríguez, dejar a Copei, organizar El Chiripero, llegar otra vez a Miraflores y otorgarle el sobreseimiento de la causa a quienes se habían alzado en armas.

La intentona del 4F no triunfó en la calle, pero no duraría mucho en el tiempo que su mensaje, intención y propósito produjera el cambio de actores en la política y destino de la nación. Nacería otra Venezuela tiempo después con la llegada de Chávez Frías al poder por la vía del sufragio democrático en diciembre de 1.998.

La pregunta hoy después de 31 años de aquellos sucesos que “justificaron” el 4F, sigue siendo ¿cuál es el balance de los problemas que tenía aquella Venezuela con la de hoy. Desaparecieron o están multiplicados?. Los indicadores económicos y sociales, internos y externos, dicen, revelan y confirman que las razones por las que el 4F justificó su insurgir no desaparecieron, sino que crecieron y están multiplicados en 31 años desde la célebre frase del “Por Ahora” a pesar del multimillonario ingreso por renta petrolera. 

La salida de 7 millones 200 mil venezolanos del país por razones de supervivencia, procurando una mejor calidad de vida, considero es la mejor evidencia que las cosas no han andado nada bien, porque la revolución ha hecho el

milagro de fomentar la pobreza extrema de los venezolanos. Usted, amigo lector, saque sus propias conclusiones. 

José Aranguibel Carrasco