Alexis Blanco: Maracaibo llora a su artista fundamental

108


Amarga mañana la de este viernes, cuando a las 9:38 horas ha trascendido el ser de una artista que hizo de Maracaibo su principal motivación estética. La ciudadanía aprendió a reconocerse culturalmente en los espacios del antiguo mercado, transformados por ella en proactivo centro de interacción cívica.

Desde Buenos Aires, Régulo Pachano, su principal mentor, lloró mientras contaba cómo, en el momento de su habitual llamada telefónica, ella expiraba. La ciudad declaró de inmediato duelo público cultural.…/…Llorando.

Imposible que este texto no comience agitando duro el corazón de la memoria. Régulo comprime en sus vahídos millares de experiencias gerenciadas al lado de Lía, desde nimios asuntos personales, digamos el cumpleaños de su esposo, Rafi, o la expo de su hijo Bernardo y también la reunión con las fuerzas vivas de la ciudad para impulsar junto con ella una estrella de cinco museos activos. 

Las palabras de Régulo las ha sacado desde esa memorabilia Lía, esa idea de la maestra en torno a una Maracaibo plena de ciudadanía proactiva en y desde la acción cultural bien gerenciada y mejor desplegada. Régulo sabía de la inminencia de ese último suspiro, pero he aquí que la tenacidad optimista, el tesón apasionado, la convicción plena desde el “sí se puede” que caracterizó la personalidad de Lía, dio siempre alas a la posibilidad de ese milagro que, finalmente, cedió ante el vértigo del destino.

A las 9:38 de este viernes 22, donde de pronto oscureció el horizonte. Escribía Régulo: “Lía será eterna para el Zulia y Maracaibo. Su creación,  amor, humanidad y sentimiento ciudadano permitirá recordarla dignamente y con el agradecimiento por siempre de su obra y enseñanzas. Se me va la Maestra y amiga, se me va el alma de la cultura se me va la mujer que me enseñó y apasionó por lo único que se hacer…”, redactó temprano para nosotros.

El mundo entero llora a Lía. Desde distintos lugares del orbe, las redes van reportando el crudo impacto de su deceso. Fue hermosa y tan fructífera la vida y obra de Carmen Rosalía González, la muchacha que vino al mundo, en Caracas, el cuatro de agosto de 1930. La niña talentosa que tantas veces entrevistamos, con dilección y harto orgullo, quien ingresó, con solo catorce años, a la Escuela de Artes Plásticas. La precoz condiscípula de maestros como Jesús Soto, Julio Maragall, Francisco Narváez, de Isaac Chocrón o Román Chalbaud. Lía siempre tenía un plan para confidenciarte. Lo hermoso era que, al cabo de unos días, las ideas comenzaban a aflorar en hechos.

Después de alguna entrevista le conté de una idea teatralísima que recién se me había ocurrido, mientras conversaba con Juan Mendoza: un espectáculo en tiempo de happening llamado FiestaLía, un evento múltiple realizado en varios tiempos y que ocuparía fundamentalmente los espacios sucedáneos al Centro de Arte de Maracaibo, que inmortaliza su nombre.

Entonces consagré muchas horas a coleccionar entrevistas y documentos que refieren a cabalidad su profundo sentimiento de amor por esta ciudad, su barro, su lago, su esencia mágica, su mística cotidiana, la suma de todos sus asombros en una sola pieza escultórica. Una FiestaLía donde todos, absolutamente todos los presentes, tendrían oportunidad de representar a Lía de Bermúdez. Ser ella, ser como ella, soñar y combatir por mejorar la condición ciudadana.

Esa era ella. En serio que lo era. Desde que marchó, por cuestiones de salud (ella no podía emocionarse demasiado y todas sus relaciones con esta ciudad eran harto emocionales), Maracaibo sintió su ausencia emprendedora. Todos éramos Lía Bermúdez, en una gran celebración donde hubo música, “aunado al juego teatral público con atlantes, baraltes y baraltas, Lías y Líos, todo en una mágica secuencia en la que cada quien volará a su gusto y medida…

Unas réplicas tamaño natural de algunas de las esculturas de Lía, entre ellas la fabulosa negra Petrolía (el nombre del happening del 3-11 parte del pertinente juego de palabrujas)…”…Danzas Típicas Maracaibo, la agrupación Teatro Esencial Sileo, Teatro Mampara, entre otros, se hicieron presente, así como representantes del colectivo La Pomona, del Consejo Comunal Relámpago del Catatumbo…. Ahora hay que hacer muchos homenajes públicos como este, porque Lía bien los merece.

Colega y colaboradora, la maestra Ofelia Soto escribió: “Ella gue dió el apoyo y estímulo a todos los artistas. Especialmente en el Maracaibo que tanto amó. Sus amigos la lloramos. Mi sentido pésame a su inolvidable familia”.

Desde Miami, el artista Edgar Gutiérrez también reaccionó: “Siempre que muere un artista pienso que deja una obra inconclusa, pero Lía no ha muerto, tan solo ha cambiado de traje! Lo ha cambiado por el traje de luz, el espiritual para seguir deleitando al Universo con sus creaciones y aquí nos deja un legado para muchas generaciones que verán, en su excelente obra la inspiración para seguir con nuevas propuestas escultóricas! Buen viaje querida y respetada Lía. Que la paz de HaShem este con todos sus familiares…”.Los homenajes van en volandas.

La poeta Jacquelinne Goldberg, apuntó: “Lía Bermúdez está en mi memoria desde siempre. Siendo muy niña iba con mi papá a su galería, su casa, sus exposiciones. Crecí admirándola. Hace poco tuve la fortuna de escribir sobre ella para un libro. Era, es, como su obra, de hierro, aire, eternidad.”…El 28 de febrero de 2013. Banesco presentó el libro Gente que hace escuela, donde quien suscribe tuvo el honor de escribir el capítulo sobre Lía, quien fue retratada ad hoc por el maestro Fernando Bracho.

El diez de mayo de 2005, el entonces rector de la Universidad del Zulia, Leonardo Atencio (+), confirió el Doctorado Honoris Causa a la dulce Lía. Dijo entonces: “Hace ya 60 años que esta gran mujer está entre nosotros y desde entonces toda su energía vital ha estado orientada al ejercicio de diversos roles: amorosa esposa, madre abnegada, profesora universitaria, artista plástica y una prolífica gestora cultural, que le han merecido los más grandes elogios de la colectividad zuliana y del país…”

La inolvidable Anita Arenas era entonces decana de la Facultad Experimental de Arte, desde cuyo seno emergió la idea del grande reconocimiento a Lía. Al declarar a los medios, ella inició formal campaña para que Lía obtuviese el Premio Nacional de Artes Plásticas. Dios, con quien ahora mismo Lía conversa para un proyecto de Museo de todos los Cielos, escuchó sus palabras. Durante la primera semana de septiembre de 2006, la mayor noticia fue su Premio Nacional de Artes Plásticas. Con humildad y un toque inteligente de sarcasmo, recibió el lauro: «La cultura no tiene partido. El artista puede hacer lo que quiere y así son los museos. La política no puede intervenir en la obra de arte». Tal sería siempre uno de sus preceptos clave. La obra estética siempre ha de estar al alcance de todos por igual. Gran ideario para la recién casada que, en 1947, arriba a la ciudad por vía lacustre, desde la estación de ferry de Palmarejo, y cuya mirada quedó para siempre incendiada de colores, de formas extraordinarias, de una aldea que ignoraba que esa dama que llegaba por su puerto traía una maleta invisible, cargada de progreso y civilidad al alcance de todos.

Lia Bermudez - 10 Artworks, Bio & Shows on Artsy

Servidora pública que, en tanto artista, emprendería su propio “Viaje a Ítaca”: ya en 1952 comienza a referenciar una búsqueda personal dentro de la corriente de la abstracción geométrica, esculpiendo en hierro y reflexionando en torno a los problemas de la integración artística o, mejor, arte público.

En 2006 ganó el Premio Nacional de Artes Plásticas y hubo júbilo en todos los estamentos culturales. Antes su palmarés era increíble: segundo premio del Salón D’Empaire, Maracaibo; Premio Shell, Salón D’Empaire, Maracaibo; Premio Universidad de Carabobo, XXIV Salón Arturo Michelena, Ateneo de Valencia, estado Carabobo; Premio Ejecutivo del Estado Zulia, Maracaibo, 1969; Premio Julio Morales Lara, XXXI Salón Arturo Michelena, Ateneo de Valencia, estado Carabobo, 1977. Todas las glorias son ahora de Lía.

Julio Reyes, Juan Bravo, Humberto Chacín, Gustavo Baüer y Alexis Blanco están a cargo de La Concitación del Placer. Educando la mirada para el arte, un libro donde 32 artistas reflexionan sobre su oficio, a partir de un cuestionario común de once preguntas. La maestra Lía Bermúdez no podía faltar, siendo una obra de mis más profundos afectos y regocijos en este mundo creador. Escribí, para presentarla, este texto que ahora rinde póstumo homenaje a la Maestra Inolvidable: “La maestra Lía no está en condiciones emocionales para responder ningún tipo de planteamientos vinculados con una de sus mayores pasiones de vida: Maracaibo. Su familia, a través del doctor Régulo Pachano, así nos lo comunicó, refiriendo que para ella resulta muy difícil lidiar con los sentimientos que le genera hablar de su obra, realizada en buena medida en esta ciudad. Aprobó, eso sí, este juego mental que a continuación desplegamos: Ella responderá a través de nuestras múltiples conversaciones durante más de medio siglo. Fui su alumno en la cátedra de Diseño Gráfico en la Escuela de Comunicación Social de la Universidad del Zulia. También instigué, como miembro de la junta directiva de la desaparecida Sociedad Dramática de Maracaibo, el homenaje que acompañó su viaje a Caracas por asuntos de familia. Solía despeinarla cada vez que nos veíamos, ora por el abrazo cálido, ora porque no podía evitar acariciarle sus sienes al despedirnos. Siempre con la lúcida recomendación de alguna noticia importante en su portafolios, para que yo la desarrollara después.  Desde los tapiados túneles de la ciudad hasta sus diseños de Museos clave, como los de El Lago o el del Barro de América…También hablábamos mucho de su adolescencia en medio de amigos de toda la vida, como Cabrujas, Chocrón o Chalbaud, en teatro. Lía me consiguió los números de Marisol Escobar y de Fernando Botero, en Nueva York, para que los entrevistara, cosa que en efecto se hizo y donde buena parte del contenido de los cuestionarios los elaboré baso su asesoría. Así ocurrió con Soto, Cruz-Diez o Gego. Lía es ese dinamo que no podría faltar en este ejercicio sobre La Mirada. Su arte es público, es decir, abierto para todos. Aún tengo varias deudas pendientes con ella, como culminar ese espectáculo abierto en la Plaza Baralt, FIESTALÍA, con mi Club Dramático Teatro de la Concitación.

Luz verde me dió su familia, avalado por Pachano Olivares, y aquí vamos, como si Lía Bermúdez hubiese instigado las once pautas de este Libro de Artistas…Entonces llegó La Parca y ahora no nos queda sino llorar, mucho, por Lía, por todos…Ella, hasta en eso, nos ilumina el camino y nos permite reconocernos en su “Ítaca” personal. He tomado fotos del muro de Fernando Bracho mas una en la que aparece ella con Gustavo Baüer… Dios bendiga por siempre el alma bendita de nuestra Bienamada Lía inolvidable…