Hugo Delgado: La respuesta violenta

92

La torrencial lluvia caía sobre Bogotá. Los vándalos bajaron como langostas con objetos contundentes en mano y agredieron el pequeño puesto policial, en donde sólo había dos agentes, quienes huyeron y se protegieron en una edificación,  ante la amenaza de muerte que gritaban los agresores. Destruyeron el local, se robaron todo lo que había – violentaron y saquearon negocios vecinos-, y los refuerzos nunca llegaron.  La custodia en la zona había disminuido sospechosamente ese tercer día de protestas. “Lo último que se llevaron fue la puerta metálica”, dijo un testigo.

En esas anunciadas jornadas de violencia, los principales medios de información social colombianos funcionaron en perfecta sintonía con la agenda de los grupos de izquierda que protestaban contra la reforma tributaria propuesta por el presidente Iván Duque, una característica de la prensa empecinada en  divulgar más información crítica destructiva  que en reconocer los avances del país. Unos analistas  la consideraban como errónea porque los grupos que lo adversan ya  habían anunciado lo que iban hacer; otros la justificaban porque no es la primera vez que se hace, y como toda nación normal su fuente de financiamiento es el impuesto; incluso en la anterior gestión de Juan Manuel Santos, los dineros para apoyar el “cuestionado proceso de paz” incluyeron sueldos y financiamientos para el partido, los reinsertados y los funcionarios ex Farc;  en esa ocasión no hubo cuestionamiento alguno,  porque los organizadores de las protestas de hoy eran los favorecidos de ayer.

La ola de protestas es una estrategia bien planificada. Algunos dirán que la excusa de ser una  directriz del Foro de Sao Paulo (FSP) -luego del encuentro celebrado en Caracas entre el 25 y 28 de julio de 2019-,  es absurda;  y que la verdadera razón es la realidad social  y política que vive Colombia.  Esos críticos – incluyendo una gran cantidad de comunicadores sociales y politiqueros de oficio- desconocen las secuelas de la violencia histórica y desigualdad social que vive la nación desde su independencia, y los avances sociales y democráticos que ha tenido Colombia; claro está que eso ha sido un proceso que todavía no ha logrado indicadores totalmente favorables, pero no deja de ser cierto que el país muestra ciudades más prósperas, y mejor accesibilidad a la educación, la salud, los servicios públicos y a las fuentes de trabajo; la institucionalidad democrática también se robusteció, sin obviar que la presencia del Estado –como ocurre en toda Latinoamérica- todavía es débil.

             Esas jornadas  profundizadas en  2019 en  Chile, Colombia, Ecuador, Estados Unidos, y  Perú, no son fortuitas. Los incrédulos  pueden ingresar al sitio www.forodesaopaulo.org y revisar las conclusiones y acciones futuras que se emprendieron contra los gobiernos que atentan contra sus intereses. Su organización se refleja en  la forma cómo actúan los grupos de vándalos que afectan la propiedad pública y privada, y no son penados; la presión que hacen las guerrillas en sus zonas de influencia bélica y de narcotráfico, por ejemplo, en el oriente, el sur y sur occidente; el rol sincronizado de las redes sociales y sus ataques y amenazas a quienes cuestionan sus actos; la divulgación de mensajes (reforzados con videos, fotografías y audios) manipulados, descontextualizados, mostrando masas inexistentes y cifras para sustentar a sus argumentos; la terminología expresada en sus textos; la incitación a la denuncia de las violaciones de los derechos humanos por parte de la policía, pero no refieren cuando agreden a  los agentes ni a los negocios saqueados; el destrozo de monumentos de personajes históricos (ocurrió en cada país enemigo, incluyendo en las protestas raciales de 2020 en Estados Unidos), el apoyo incondicional al régimen de Nicolás Maduro a quien consideran víctima de Estados Unidos, de Álvaro Uribe y del presidente Duque, y un ejemplo a seguir de lucha histórica revisionista.  

Desde su derrota en 2018, el principal contrincante del presidente Iván Duque, el corrupto e inepto ex alcalde de Bogotá,  Gustavo Petro, sigue la agenda aprobada por el  FSP; sin manejar propuesta democrática, emprendió su escalada de violencia. Una de las prácticas  comunistas, justificadas por la teoría marxista, y por la dictadura cubana hacia Latinoamérica porque no tienen otra forma de hacer política en el contexto democrático;  esa praxis la impregnaron en los grupos guerrilleros que han causado miles de muertes y no pagan sus crímenes, y en quienes imparten formación en el sistema educativo para penetrar socialmente a cada país como sucedió en Venezuela y ahora ocurre en Colombia,  y luego atacar la democracia desde las instituciones, por ejemplo, el Poder Judicial, la prensa, las universidades, las ONG, y los grupos culturales, minoritarios, feministas o ecologista. El resentimiento social e histórico sirve para todo.

Se disfrazaron de ovejas  para sacar los dientes de lobo cuando  por el voto popular llegaron al poder,  una de las debilidades de las democracias que trae consecuencias destructivas cuando se eligen personajes como Hugo Chávez, Rafael Correa, Ignacio Lula da Silva (el cuestionado ex presidente de Brasil fundador de la FSP en 1990 y cerebro del escándalo de corrupción más grande del continente, denominado Lava Jato- que también salpica al ex mandatario Juan Manuel Santo), o los corruptos Néstor y Cristina Kirchner.

Al respecto escribió el experto en asuntos latinoamericanos y catedrático de la Universidad de Harvard, Steven Levitsky (BBCMundo 8-04-2021). A pesar de reconocer que el continente vive su mejor época democrática, advierte que existen  factores que la afectan: la debilidad del Estado que limita la aplicación efectiva de políticas tributarias y de seguridad, programas sociales, una justicia equitativa para sancionar la corrupción y evitar la impunidad; la fragmentación de los partidos que impiden la consecución de decisiones públicas consensuadas; la incapacidad de construir partidos políticos sólidos  para canalizar los intereses generales; y el bajo nivel de confianza en las democracias producto de las desigualdades históricas y la deshonestidad de los funcionarios.

Levitsky  advierte que viene una época de mucha dificultad económica (agudizada por la pandemia china) que afectará los avances sociales porque los gobiernos no tendrán  dinero y afectará la confianza en su democracia. En Chile, a pesar de la arremetida de la izquierda en 2019, el presidente Sebastián Piñeira, ha logrado por la vía de la constituyente, resolver parcialmente la presión, con la ventaja que en el proceso electoral para escoger a los miembros de la asamblea, la derecha va unida y la izquierda fragmentada. Una experiencia que abre una puerta de esperanza para que las democracias busquen soluciones  institucionales diferentes a la violenta, promovida por la fosilizada izquierda continental.

Los regímenes autoritarios y comunistas han desaparecido o son pocos, y las experiencias han mostrado lecciones que favorecen la  capacidad de respuesta de las democracias. James Galbraith  (El País 5-01-2021) de la Universidad de Texas, señala una vía para que los gobiernos democráticos respondan  con mayor eficiencia a los requerimientos de la sociedad, recomendando el énfasis en la planificación, inversión, educación gratuita, seguridad social y  el desarrollo de un modelo básico  que vaya más allá del mercado y el mundo financiero, y articule los recursos (energéticos fósiles y limpios, e inversión en infraestructura), genere estabilidad social  y proteja al medio ambiente. 

 Venezuela es el espejo de los efectos que tienen sobre la democracia, la fragmentación y el personalismo, como sucedió con Chávez y pasará con Gustavo Petro. La sociedad colombiana puede tomar la experiencia de Ecuador que identificó y descartó al autócrata   antes que llegara al poder (Andrés Arauz) quien recibió financiamiento del Ejército de Liberación Nacional, cuya denuncia la hizo la Fiscalía de Colombia. Esta misma facción insurgente (Jaime Galvis Rivera, alias “Ariel” y Pablo Catatumbo), de la mano con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Santrich, Iván Márquez y Timochenko) ya han declarado  el apoyo  y siembran sus esperanzas en alcanzar la victoria electoral en 2022. No es casual que  a principios de 2020, Petro visitó a Cuba y al ser descubierto dijo “que tenía cáncer” ¿Qué hacía allá? Igual hizo el comandante venezolano antes de las elecciones, fue a recibir las instrucciones del dictador, Fidel Castro. Lo grave es que cuentan con suficiente narco financiamiento para su campaña y compra de votos en zonas como la costa norte, el sur  y el sur occidente en donde están sus bases y la red de producción de drogas.

Los personajes con debilidades autócratas, dice Levitsky tienden a irrespetar y desconocer las reglas democráticas (por ejemplo los lapsos presidenciales y proponer constituyentes para controlar el poder); negar la legitimidad del contrincante, considerándolo como un rival a destruir; promover la violencia; limitar o quitar derechos civiles ( libertad de expresión y de prensa). Los miembros del FSP de Iberoamérica que han llegado al poder, todos han realizado estas prácticas: los Kirchner, Chávez y su delfín Nicolás Maduro, Rafael Correa, Evo Morales y ya Petro hizo sus primeros anuncios. La radiografía del catedrático de Harvard es evidente. Saquen sus conclusiones y tomen sus decisiones.

@hdelgado10