Hugo Delgado: El gobierno que no existe

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Fue como la trama de la canción de Rubén Blades, Desapariciones. “Los cuerpos de seguridad llegaron a la casa, venían armados, con camiones y unidades de patrullajes, arrestaron a todos los que ahí estaban, arrasaron con todo, se llevaron hasta los bombillos, sin mostrar orden alguna. Sin derecho a nada”. Este es el relato de un familiar de las víctimas del atropello, ahora enredadas en ese laberinto al cual someten, con causa o sin ella, a cientos de venezolanos, que ahora con dólares en mano deben resolver los entuertos judiciales.

En una Venezuela sin Estado de Derecho, todo es válido. La incertidumbre generada durante el régimen chavista justificó atropellos, expropiaciones, violaciones a los derechos humanos, quiebras y asesinatos. Los responsables, al final de sus días, temen pagar sus pecados ante los tribunales internacionales o nacionales, si logran depurarlos, luego del cierre de este ciclo tenebroso de la historia nacional.

Extrañamente y luego de analizar detenidamente al ilegítimo gobierno de Nicolás Maduro se observa que sin lógica alguna se sostiene en el poder. Los indicadores más importantes para garantizar su rol en la sociedad son fallidos, juegan en su contra, desde la hiperinflación hasta la seguridad personal, están en rojo. Entonces qué lo sostiene. A esa interrogante responde enfáticamente, uno de los fotoperiodistas más reconocidos del Zulia, Gustavo Bauer, “no se puede sacar a un gobierno que no existe”.

Básicamente política y gobierno están íntimamente vinculados. Karl Deutsch (Política y Gobierno 1976) define la primera como la toma de decisiones por medios públicos, ocupándose fundamental del gobierno, es decir “de la dirección y autodirección de las grandes comunidades humanas”. El segundo, refiere a los resultados de ese proceso en “términos de control y autocontrol de la comunidad, ya sea una ciudad, un Estado o el país… la misma deriva de la palabra griega polis, que significa ciudad-Estado”.

El mismo autor amplía su explicación, al analizar la República de Platón y su parábola del barco, en la que observa que “…los límites del tamaño de un Estado eficiente deberían ser los mismos que los de un barco: ninguno de los dos debe llegar a ser tan grande que no obedezca al timón”. El timonel, acota, debe conocer la dimensión, capacidad y las funciones de la nave; también definirá el rumbo y la ruta para llegar al objetivo. Quien dirige un gobierno debe controlar, conocer la naturaleza y condiciones de su país; los límites y oportunidades que debe enfrentar y los resultados que aspira obtener.

El concepto de gobierno tiene implicaciones referidas a la responsabilidad para el manejo de la cosa pública, limitaciones del poder y la dirección y autodirección de la sociedad. Una observación de los factores anteriores muestra que Nicolás Maduro incumple con la mayor parte de ellos, está claro en el control formal de la estructura del Estado y la aplicación de la fuerza a través de los cuerpos de seguridad y las instancias judiciales, principalmente contra sus adversarios, pero en el resto de la función pública existe una anarquía total.

La anarquía es total, el régimen de Maduro no tiene aceptación y esa ruptura implica un divorcio profundo entre representados y representantes, error que se acentuó con el tiempo, luego de su cuestionada elección en abril de 2013 y su reelección en mayo de 2018. Técnicamente está caído, pero no se puede caer algo que no existe como gobierno formalmente establecido y aceptado. Históricamente en Venezuela, decía la desaparecida socióloga, Nelly Paz, “la forma de organización de quienes hacen política, es la horda indisciplinada. Sus intereses son mezquinos, ello prevalece en sus decisiones y obviamente en el destino de la sociedad”. Y esa es la forma de actuar del chavismo en los últimos 20 años, más cercana a la praxis de las hordas llaneras de la independencia, fuente y origen de su líder.

Si Deutsch plantea como claves la dirección y autodirección social, entonces el ilegítimo gobierno de Nicolás Maduro no cumple con ambas; mucho menos está claro en cuento a las capacidades del país, por ejemplo productivas o académicas, sus condiciones actuales, sus límites y oportunidades, y mucho menos en el planteamiento de objetivos y resultados a esperar.

Entonces, luego de revisar lo plantado por Bauer y Paz, no hay gobierno que derrumbar, “son simples grupos u hordas de mafiosos que defienden como pueden sus intereses y el mantener el control del poder”. Sus vínculos con el narcoterrorismo, la corrupción y el comunismo internacional, dificulta que localmente las mayorías enfilen sus esfuerzos y logren su salida.

Una respuesta intrépida es “la magia de los babalaos cubanos” que mantiene en zozobra a la oposición democrática, que producto de esos efectos esotéricos, es incapaz de asumir acciones contundentes para sacarlos del poder y justificar así su inoperancia y falta de compromiso con la causa común, argumentado –por ejemplo- que Maduro lo sabe todo y no es tonto (al igual que lo hizo Hugo Chávez).

Las diferentes crisis que ha enfrentado Venezuela en los últimos 20 años, demuestran el efecto devastador del agotado modelo rentista petrolero y del Estado todopoderoso, que se niega a morir con la complicidad de los empresarios corruptos y especuladores, y de una sociedad civil acostumbrada a la dádiva oficial. La solidaridad humana no existe. La anarquía se acentuó”. Las compañías carecen de responsabilidad social, y aprovechan la situación para engrosar sus cuentas ahora dolarizadas, facilitando la especulación y la manipulación del valor del dólar referente para determinar sus exorbitantes precios.

La docente de la Universidad del Zulia, psicóloga Yenny La Rotta, al analizar la actitud de los venezolanos decía: “Es desesperanza aprendida, un proceso acuñado por Seligman, en el que las personas perciben que hagan lo que hagan, no tiene escapatoria a la situación. Al no encontrar salida, dejan de luchar y terminan por resignarse como medio de supervivencia. Por eso llevan la vida en Venezuela como si todo fuera normal… El régimen demostró que a quien se oponga le caerán consecuencias terribles… El venezolano aprendió que tiene dos opciones, huir, saliendo del país a enfrentar un futuro incierto o quedarse resignado aplicando mecanismos de supervivencia, negando la realidad, adaptándose al medio o aliándose con el régimen, delincuentes o grupos armados”.

La crisis de la gasolina, el agua, la electricidad y los alimentos, expresa la presencia de un gobierno inexistente. Su capacidad de control solo se evidencia en la televisión y en el nivel formal de la estructura del Estado (poder judicial, fuerzas armadas, ministerios, etc.), pero en la medida que sus políticas bajan la escalera hacia el encuentro con el ciudadano desaparecen, dando paso a la ineficiencia y la corrupción. Nadie confía en el funcionario público a no ser que sea su cómplice.

La familia del relato de inicial, era inocente, los cargos que les imputaron eran falsos, pero el saqueo de su hogar quedó impune. Nadie da la cara y sus enseres se los robaron descaradamente los cuerpos de seguridad. Una demostración de una realidad. Una evidencia de la inexistencia de un gobierno formal, garante de los derechos ciudadanos. Solo hay hordas mafiosas que cuidan sus intereses, por eso es difícil salir del chavismo. Por eso no hay gobierno definido que sacar. Cualquier cambio en Venezuela vendrá “cuando la sociedad esté en crisis, al borde de la pandemia o al borde del abismo”, tal como lo presagia la película El día que se detuvo la tierra.

@hdelgado10