Realpolitik: 150 días de una incertidumbre llamada interinato

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No hay elecciones en Venezuela porque ningún actor interno tiene incentivos para convocarlas y porque EE.UU. no ha fijado una línea clara debido a sus propias crisis.

La expectativa sobre Trump es alta porque solo Washington puede destrabar la transición, pero Trump está absorbido por prioridades que pesan más que Venezuela en el tablero global

En los primeros 150 días tras la captura de Nicolás Maduro, Venezuela ha vivido una transición que no termina de ser transición: un país sin su figura central de poder, pero atrapado en las mismas lógicas, los mismos actores y las mismas zonas grises que lo condenaron durante casi tres décadas. La incertidumbre no es solo política, es existencial: nadie sabe quién manda del todo, quién responde por las decisiones, ni cuál es el horizonte real de cambio. Es un interinato sin fecha de caducidad, sostenido por pactos invisibles entre militares, burócratas, operadores económicos y viejas estructuras del chavismo que se niegan a soltar el control.

Mientras tanto, la ciudadanía observa un tablero donde se habla de “transición”, pero se respira continuidad: negocios petroleros reacomodados, nuevas élites ocupando los espacios que antes controlaba Maduro, una oposición que intenta rearticularse tras el Manifiesto de Panamá, y una comunidad internacional que mira a Washington esperando señales que no terminan de llegar.

En este capítulo intentamos desnudar esa opacidad: qué ha cambiado de verdad, quién se está quedando con el poder, qué puede hacer Trump y, sobre todo, qué nos falta a los venezolanos para decidir de una vez cómo romper con lo que ya no funciona?