Hugo Delgado: Subasta de votos

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Lo ocurrido en las elecciones legislativas y las consultas internas a las que acudieron varias organizaciones políticas en Colombia, el pasado domingo 8 de marzo de 2026, confirma las razones del saqueo sistemático al erario púbico del presidente Gustavo Petro y su nomenclatura.

Desde la llegada al gobierno en agosto de 2022, Petro enfiló sus estrategias hacia el control de los fondos e instituciones que garantizaran recursos económicos, votantes manipulables (salud, burocracia, petróleo, empresas públicas centralizadas) y contratos oscuros.

Todas las variables se dieron, las denuncias de corrupción, históricamente incomparables,  lo evidencian, en ellas están involucrados familiares, ministros, senadores, representantes, jueces, funcionarios de todo tipo, amigos, etc. En ese escenario, el objetivo fue acumular recursos económicos para garantizar contratos y distribución de partidas presupuestarias amañadas; igualmente buscó el control de organismos con grandes poblaciones dependientes de sus servicios y trabajos, garantizando la masa de votantes que en las elecciones internas del Pacto Histórico escogió a Iván Cepeda, y ahora eligió a senadores y representantes.

También  utilizó la estrategia de “divide y vencerás” en al consulta interna del pasado 8 de marzo, lanzando a varios aliados para dispersar el voto, tratando de generar confusión e impulsar a su candidato Iván Cepeda. Igualmente, “la compra de votos” fue masiva, fuentes de la costa Atlántica de Colombia, dijeron que se pagaron de 150  a 200 mil pesos por voto, “eso  es común y es de conocimiento público”.

Para reforzar sus objetivos creó una narrativa victimaria en la que oculta los intereses de la izquierda, creando constantemente situaciones caóticas para impulsar sus iniciativas dirigidas a desestabilizar a las instituciones, asesinar a sus contrarios, beneficiar a la guerrilla y a su negocio del narcotráfico,  atacar al sector privado y enemigos como Álvaro Uribe.

Esa narrativa  la impulsó con una estrategia de comunicaciones en las que las redes se convirtieron en el puente para generar el caos, amenazar, especular, mentir o atacar  a sus contrincantes, sin ningún tipo de sanción legal, ya que filtró el sistema judicial asignando peones de su confianza o corrompiendo.

La estrategia de minar la institucionalidad colombiana no fue difícil, Petro la vulneró utilizando el poder, los dineros públicos y la corrupción. Lo ocurrido en el Congreso de la República lo evidencia, la compra de votos fue común, las denuncias y detenciones de varios congresistas  reflejaron la descomposición social y política que vive el país.

Esa descomposición impulsada por Petro saturó la opinión pública hasta el punto que los escándalos son comunes en un país cargado de violencia política, de venganza y de resentimiento social; lo grave del asunto es que los cerebros de la corrupción gozan de impunidad y  la ley brilla por su ausencia.

El festín de compra de votos reafirma una costumbre que ya caracteriza a la democracia colombiana, esta vez Petro apuesta “a que  se las sabe todas” y con el poder que le dio la sociedad en agosto de 2022 va a tratar de mantenerse a toda costa, porque esa es la misión histórica que se cree el marxismo.

Y es que los colombianos lo eligieron conociendo su experiencia guerrillera en el M-19,  su corrupta e inepta gestión como alcalde de Bogotá  (2012-2016) y de vivir siempre de la política. De los cargos penales se ha logrado zafar negociando políticamente, por ejemplo, cuando fue destituido de la Alcaldía de Bogotá logró un pacto para apoyar a Juan Manuel Santos en su reelección presidencial.

Conocedor de las mañas políticas, Petro ha jugado con las cartas del sistema, los demostró en su  elección del 2022 y en la Alcaldía de Bogotá cuando fue filmado durante la entrega de 20 millones de pesos dados por Juan Carlos Montes, un contratista que luego se convirtió en miembro de su gabinete. Por otra parte, su hijo Nicolás Petro recibió 15 mil millones de pesos para los gastos de la campaña presidencial, este caso ha sido procesado con evidentes dificultades.

Lo ocurrido en las elecciones del pasado 8 de marzo solo  evidencia las debilidades del sistema democrático, Petro entiende que sin dinero ni complicidades no puede mantener a su mafia en la presidencia, la situación no es fácil y sabe que la demostración de fuerza de su principal enemigo, Álvaro Uribe, no se debe menospreciar; en mayo otra vez se determinará el poder de compra de conciencias con dinero y que un pueblo sin responsabilidad se presta para tamaño circo, vendiendo su conciencia al mejor postor. 

@hdelgado10