No es lo mismo lo que está en juego en la política que a lo que juegan hoy los políticos. Fernando Savater: Política para amador.
La transición hacia la democracia no ha tenido lugar.
En la nota anterior concluí con el siguiente párrafo: “Es probable que esta crisis se mantenga un largo rato, administrada por el tutelaje implementado por EE.UU. ¿Cuánto durará? No tengo idea, pues depende de criterios foráneos que no tienen que ver con los deseos y demandas del ciudadano venezolano. Sí, la duración de “esta transición” depende de Trump, el hombre que el sábado señaló, por ejemplo, que la guerra contra Irán duraría tres días, al final de la tarde, señaló que el estimaba que duraría cuatro semanas, pero ayer (martes) señaló que duraría lo que fuera necesaria. Si ese es el criterio que tiene para la “transición” que él impuso en Venezuela, el problema no sería “saber cómo ni cuándo acaban las cosas, sino por saber qué haremos nosotros mientras tanto”.
A propósito de ello recuerdo una nota que lamento no acordarme de quien la tomo y que señala que: “el orden de las palabras importa”. Esa expresión puedo aplicarla a la realidad venezolana de hoy para dar cuenta de las prioridades del Plan Rubio para Venezuela, primero la estabilidad, luego la recuperación y después, mucho después, y quizás, quizás, la transición democrática. Esto último (la transición democrática) parece no formar parte del horizonte de destino que Trump y su administración contempla para Venezuela. (que genial hubiese sido que se consideraran los sentimientos del pueblo y hubiese dejado en manos de este la construcción de su propio proceso de transición hacia la democracia).
No es impaciencia, es solo que cada vez se hace más evidente que los intereses económicos de Trump prevalecen sobre las demandas por cambios democráticos de la población venezolana.
A propósito de la paciencia que se nos pide, les sugiero leer la nota que esta semana en La Gran Aldea escribe Milagros Socorro y que el jueves publica El Nacional: “Paciencia con acento venezolano”. Esta, que se nos pide hoy, es sugerida por Trump y Rubio para que la gente asuma el proceso de las tres etapas: estabilidad, recuperación y transición que solo brindan un futuro abierto e incierto, que hace que la gente se pregunte “¿Qué pasará ahora?”
Lo indiscutible hoy es que, una parte significativa del país, especialmente, aquellos que están en una “situación autorizada” (me refiero a los diputados de la oposición que hoy hacen vida en la Asamblea Nacional, a los influencers, qué quién sabe por qué rinden culto a Trump, opinadores cultores de la “corrección política”, etc.) y también a un sector del pueblo que con el miedo que se le ha inoculado durante 27 años, espera que Trump terminé de hacer “su trabajo”. Así que, no son pocos los que han asumido como una “doctrina” la narrativa de Trump y Rubio y sentencia al actual status-quo como “el mal menor”. Esto es, dice la narrativa “trumpiana” que es para evitar el caos, el desorden y la desestabilidad del orden impuesto posterior al 3 de enero y con ella han convencido a una buena parte del país como “lo mejor” en las actuales circunstancias políticas.
Este, juicio me hace pensar en dos sentencias una tomada de Maquiavelo: “El fin justifica los medios” y la otra, la que más me gusta la recojo de Albert Camus quien nos dice que “En política son los medios los que deben justificar el fin”. Pero, en todo caso, la justificación del fin: descabezar el régimen o hacerse del petróleo y de otros minerales estratégicos venezolano, al dejar al mismo aparato chavista que ha estado al frente del gobierno que, hoy, es reconocido como legal y representante del Estado venezolano por parte de EE:UU, estableciendo una relación de vasallaje (es la ironía de este momento, pues la nomenklatura antiimperialista se convirtió en “los Lacayos del Imperio”), lo evidencia como un medio bastardo para conseguir los fines deseado que, tal como se desarrollan los hechos presentes, hace que la recuperación de la democracia y la devolución de la soberanía al único que debe ejercerla, el pueblo venezolano, no se vea tan claro.
Lo paradójico, es que todos los que dicen aprobar el proyecto de transición en desarrollo, es decir, el que dice buscar y lograr la estabilidad, recuperación y la transición, pero que no las inscribe dentro de una temporalidad precisa de cuánto durará, sostienen que la democracia llegará, solo que hay que comprender la situación actual, que no puede resolverse con radicalidad y extremismo, que la palabra del momento es paciencia, que lo demás es cuestión de tiempo.
Ya lo sentenciaba el conejo de “Alicia en país de las maravillas”: “lo importante no es qué significan las palabras, lo importante es quién manda” (Francisco Laporta en El País; 09/03/2026) y ya sabemos quien manda en Venezuela después del 3 de enero.
Por cierto, hago paréntesis, la situación sobrevenida reconfigura el escenario político, caracterizado por, una parte, con los mismos personajes, pero que ahora hablan con otras palabras y con otro tono, por otra parte, aparecen otros personajes, que son harto conocidos pero, ahora travestidos con nuevas posturas políticas y nuevos paradigmas reclamando “paciencia, cordura y cohabitación”, porque eso es lo que sugiere el “Manuel de sobrevivencia política en un Estado fallido” y, últimamente, han aparecido otros personajes que fruncen el ceño e impostan la voz con signo de autoridad respetable pero cuyo objetivo, entre otros, es cancelar y desdeñar los esfuerzos políticos por restituir la palabra libertad y democracia que ha sido duramente labrada por un liderazgo que hoy es cuestionado y lo frustran de muy mala manera, acusándolo de radical e intolerante a la negociación, a los acuerdos y al diálogo.
Pero, con relación a esto no hay que asombrarse pues es común que ello ocurra porque “la coherencia conceptual (y en este caso política) está subordinada al impulso de oponerse a un adversario de manera mecánica”
Pero, bueno, volviendo a nuestro asunto, es decir, a la transición hacia la democracia que se avizora lejos, hay algo realmente vergonzante en eso de esperar que Trump termine el trabajo que inició el 3 de enero y saque del poder a la nomenklatura restante, cuando es responsabilidad de los venezolanos asumir la recuperación de la democracia y la autonomía como sujetos soberanos y recordar que “no somos bonsáis… más bonitos cuando se nos recorta” (nuestro derechos a construir con autonomía nuestro futuro como país soberano). Y de verdad, Trump nos ha podado. Y es a él (y a otros también) que debemos hacerles saber que “la única obligación moral que tenemos, los venezolanos, es no ser imbéciles”, en el sentido griego del término. Que le agradecemos el haber sacado de del poder a Maduro es también verdad pero, le corresponde al pueblo venezolano, de manera autónoma la construcción del orden social y político por la que tanto se ha luchado.
A manera de posdata:
Hace 15 años, un día como hoy, murió mi hermano, a quien amé y hoy amo su recuerdo. Les confieso que quisiera rendirle un enorme homenaje, pues él se los merece todos. No sé rezar, confieso. Pero conservo para él un poema de Miguel Hernández, “Elegía”, ese es mi tributo para él, por quien siempre he llevado luto:
(……)
“Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas.
Compañero del alma, tan temprano.
Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado
que por doler me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado
Un hachazo invisible y homicida
Un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida
Lloro mi desventura y sus conjuntos
Y siento mas tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojo de difuntos
Y sin calor de nadie y sin consuelo
Voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo
Temprano madrugó la madrugada
Temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada
No perdono a la vida desatenta
No perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
Y besarte la noble calavera y desenmordazarte y regresarte.
Volverás a mi huerto y a mi higuera:
Por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas
Y tú sangre se irán a cada lado
disfrutando tu novia y las abejas.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
Llama a un campo de almendros espumosos
mi avariciosa voz de enamorado.
A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas
compañero del alma, compañero.
@enderarenas




































