Ender Arenas: “La democracia escarmentada”

35

La democracia es una forma de vida. De allí que el juicio histórico contra el chavismo no es solo que destruyó institucionalmente un país, sino que destruyo un estilo de existencia, una manera de vivir y el mundo de la vida de los venezolanos.

Hoy estamos en un momento estelar, lo encabeza una mujer convertida en un fenómeno que trasciende lo puramente electoral para convertirse en un sentimiento. Y la propuesta que hoy, ella, junto a todos los factores de la oposición organizada, hace es la de una verdadera revolución democrática.

Recuperar la democracia, no significa recuperar lo que teníamos antes de advenimiento del chavismo al poder, pues, este, no fue un paréntesis en la vida política y social de Venezuela que se cerrará cuando pierdan el poder. Ellos refundaron un modelo que finalmente en lugar de construir, destruyó lo que había y no pudo construir un nuevo orden deseable.

La democracia que se reconstruirá será una democracia que ha escarmentado por el impacto negativo de estos, más de veinte años, de dictadura chavista.

Utilizo el termino de “democracia escarmentada” (y con ella, aludo a toda la clase política, también, escarmentada, a los partidos políticos, igualmente, escarmentados y todo el entramado estatal de nuestra anterior democracia) que lo leí de José Rodríguez Elizondo, internacionalista chileno, para referirse al regreso de la democracia en el cono sur, en la década de los 80, caracterizada como un proceso de transición que enfrenta riesgos tanto políticos como económicos.

Lo utilizo, instrumentalmente, porque creo que tal denominación se ajusta al actual proceso que se vive en Venezuela, pues, la democracia que se instaurará en Venezuela, mas temprano que tarde, tendrá estas características: la de haber escarmentado. Esta característica es la que es explica el nuevo liderazgo que ha emergido porque se ha construido al margen de la clase política clásica y de la estructura partidaria cuya palabra no ha recobrado la confianza del ciudadano.

¿Escarmentado? de qué? Pues de los errores cometidos, (a pesar de sus logros y de haber construido un país) y de la narrativa que algunos sectores democráticos construyeron para producir el enorme desafecto hacia la democracia. Los discursos de la tal dirigencia política democrática, por ejemplo, en aquellos días de febrero del 89 y de febrero y noviembre del 92, dan cuenta de cómo contribuyeron en un cambio en la orientación política del ciudadano.

Y creo que, de haber estado vivos hoy, a Rafael Caldera, a Escovar Salom, a Uslar Pietri, a la larga lista de los llamados notables, a los medios de comunicación más importantes del país, deberíamos solicitarles una enorme y profunda autocrítica. La democracia que alguna vez tuvimos requiere de una autocrítica, porque fueron sus narrativas uno de los factores que más incidió en la erosión de la confianza del ciudadano en la institucionalidad democrática. Por supuesto, no hay que eximir de responsabilidad a Carlos Andrés Pérez y compañía, que olvidaron que la distancia mas corta entre los gobernantes y los gobernados es la política. Pero, obviamente, esa autocrítica de tales personajes no podrá producirse: Todos han muertos y nos dejaron esta terrible herencia.

Hoy el reto es tremendo, la actual dirigencia democrática, diferente a la que fungió de fundadora del proceso democrático en 1958, debe hacer exactamente lo que esa generación política realizó con éxito: la instauración de un sistema y un gobierno.

 Un sistema que convierta a la democracia de nuevo en un valor político -cultural, cuestión que se fue diluyendo después de los tres primeros gobiernos democráticos (Betancourt, Leoni y Caldera) y la democracia como tecnología de gobierno que tiene que enfrentar las urgencias de gobernar en una situación de emergencia humanitaria.

Esta dualidad permitiría por un lado la reconstrucción de todo el tejido institucional, que el chavismo destruyó, en segundo lugar la reconstrucción de la vida cotidiana del venezolano, es decir, recuperar un estilo de existencia que el chavismo, igualmente destruyó y que provocó la más grande diáspora conocida en el continente, tercero, la reconstrucción de un nuevo encanto por la democracia y cuarto “resolver la doble vertiente con la que se ha manifestado históricamente la democracia: promesa y realidad”, en el sentido de que la democracia debe hacerse cargo de las demandas de una sociedad instalada en el precariato mas absoluto y al mismo tiempo asumir que la realidad, dada los estropicios heredados, podría impedir, en un principio, el cumplimiento de las promesas ofrecidas.

En todo caso, estamos frente a la posibilidad de una revolución democrática. Y de nuevo como dice Raymond Aron, tendremos la ventaja de no elegir más entre el bien y el mal, sino, más modestamente entre lo preferible y lo indeseable.

Ah! Y recordar que solo la democracia nos hace demócratas.

@enderarenas