Hugo Delgado: Los olvidados

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Que los empresarios sean optimistas, hagan comparsa al régimen  y sus resultados de fin de año 2021, incluyendo las cifras dudosas del Banco Central (BCV), y vean positivamente el futuro verde, luego de la aceptación de un secreto a voces: El dólar como amo y señor de la economía; se justifica plenamente,  si se ve a una Venezuela partida en dos.

Una obsesionada con el mejoramiento material (producción petrolera, crecimiento del Producto Interno Bruto  -PIB- y la activación del comercio, por ejemplo); y otra humana, apabullada por la pobreza (94%), humillada por la mala calidad de sus servicios públicos, el incremento de precios de los productos ahora dolarizados, y afectada nuevamente por la pandemia china Covid19, la depresión, el estrés y el suicidio.

Centrados en mostrar un dudoso mejoramiento de la economía y con números fríos que ocultan una realidad todavía poco clara, la comparsa  empresarial y banquera  ve con optimismo el 2022, porque sacan la mejor partida con sus ganancias dolarizadas. “Conversé con un muchacho que trabajaba en un negocio de propietarios chinos durante 14 horas,  seis días a la semana y le pagan 30 dólares ($120 al mes), eran sus esclavos”, comentó una profesional de una ciudad de la zona andina. “Buscan jóvenes que alucinados por la divisa americana son explotados y maltratados por el dueño del negocio”, agregó. Un pedazo de una realidad que muestra el tipo de normalidad predominante en el país y quien es el verdadero beneficiario.

A falta de producción nacional, ahora el régimen, aliado con enchufados y empresarios venezolanos dio rienda suelta a la importación de productos para eliminar la escasez, en un país cuyo aparato productivo desapareció en gran parte. Los asesores españoles recomendaron desmontar el inútil y corrupto sistema de control cambiario que estimuló la corrupción en el sector público y privado. Al quedar las arcas en cero, no quedó otra cosa que  liberar su uso como referente en las operaciones económicas internas y externas.

Total con la baja producción petrolera ya el rol de “controlador político” de la divisa (tal como lo dijo el héroe de la revolución y ex adeco, Aristóbulo Isturiz) no se justificaba porque simplemente “la botija está vacía”. Así comenzó la segunda comparsa del régimen, mantener el poder y manejar las divisas provenientes de las remesas, las operaciones bancarías legales e ilegales y los dineros oscuros provenientes del lavado.

Así se transformó la economía nacional. La importación de productos sin pago de impuestos,  impulsó la creación de negocios que  facilitan inversiones legales e ilegales creadas por corruptos cuyo temor a las sanciones los obligó a “montar bodegones, farmacias, supermercados o comprar inmuebles”, que les permitan lavar los dineros mal habidos. El robo de miles de millones de dólares –vía corrupción pública y privada- al inyectarse a la actividad comercial local generó un impacto, más cuando en los últimos ocho años el PIB había caído 70%, es decir cualquier  indicador que se moviera hacia arriba iba a generar optimismo al régimen y al sector privado.

De forma egoísta la mayor parte de los analistas ven el lado material de la economía y se les olvida el aspecto humano de los venezolanos. Se obvia que ambas partes son fundamentales para el desarrollo y bienestar del país, no se le da importancia a sus condiciones de vida, sus percepciones y en especial su salud mental. Conversando con una amiga de Valera, comentaba su preocupación por la cantidad de suicidios que ocurren en el estado Trujillo. Su apreciación es cierta, ya en 2020  el Observatorio Venezolano de Violencia (OVV) informó que los estados Lara, Trujillo y Mérida, mostraban la mayor tasa nacional que se ubicó en 306 casos en el primer trimestre de 2020, cifra obtenida  con el seguimiento y evaluación de 77 medios de comunicación, ya que el régimen -desde 2014-, dejó de publicar los anuarios de salud pública, típica estrategia de las dictaduras para ocultar la realidad. Esa cifra en 2021 -en ese mismo lapso- fue de 222 decesos, de los que solo en el estado Zulia, fronterizo con Colombia,  hubo 36, 100% más que en el período anterior. 

La misma ONG en un estudio previo en el que analizaba el período 2010-2018 advertía que Venezuela alcanzó la tasa más alta de suicidios en 80 años de registro, producto de la crisis humanitaria. El investigador Gustavo Páez, responsable del estudio, explicó: “Entre 2010 y 2015 la tasa aumentó 81%; entre 2015 y 2018 llegó a 155%, cerca de 9,7 casos por cada 100.000 habitantes. En números absolutos se pasó de 1.143 suicidios a 2.889 tres años después…Muchas veces en medio de un cuadro depresivo”.

La psicóloga  e investigadora en suicidios, Jocelyn Acosta,  dijo a Radio y Televisión Martí (4 de noviembre de 2019) que  la emoción principal  reflejada   por  la sociedad venezolana es la tristeza.  Explicó que “el empobrecimiento, el colapso de los servicios, el deterioro de la calidad de vida, la pérdida de la seguridad social, la falta de trabajo y los pocos espacios de desarrollo, generan, incertidumbre y desesperanza que no contribuyen a la salud social ni mental de la población. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) la tasa mundial de suicidios es de 16 por cada 100 mil habitantes. En Venezuela en 2019 es de 28 por cada 100 mil habitantes”.

En 2020 un profesor de la Universidad del Zulia murió, durante la pandemia china, prácticamente de desnutrición y depresión comentaba otro docente. Recientemente en la Universidad de los Andes ocurrió un caso similar con los profesores jubilados, Pedro José Salinas (83) de la Facultad de Ciencias Forestales y Ambientales, e Isbelia Hernández, quien falleció. Ambos vivían solos porque sus familiares se fueron y aunque los descendientes de Salinas alegaron que ellos le envían remesas, la soledad y la depresión también son parte de la situación, dijo alguien que lo conocía, “no es solo cuestión de dólares, a los viejos los dejaron a la deriva”.  

La investigadora Acosta enfatiza: “La combinación del sentimiento de tristeza más la situación de recesión económica que vive el país provoca el alza de dos indicadores: la migración y el suicidio”.  Según expertos (NIUS 2-08-2020), «La depresión te hunde, y te tumba y te quita las ganas de todo, es el miedo al pasado. La ansiedad te da la adrenalina para salir a la calle y no parar de caminar durante horas, es el miedo al futuro»; y ambas son muy graves,  y pueden causar grandes trastornos no solamente en las personas que las padecen sino en su entorno familiar”

En Venezuela, el deterioro del sistema de salud, ha provocado que las enfermedades mentales sean las últimas en la cola de la atención sanitaria y muchas veces, la necesidad de cubrir lo básico, como el plato de comida diario, no permite prestar la atención necesaria a este tipo de dolencias del interior, señalan los expertos. Esa realidad no reflejada en las cifras de los empresarios y banqueros, felices porque ahora sus ganancias son en dólares y bailan al ritmo del régimen, parece no importar en una sociedad afanada por ver la “luz al final del túnel” y volver al camino del bonche, el consumismo  y los viajes a Margarita, que caracterizaron a la Venezuela petrolera.   

@hdelgado10