El chavismo resultó derrotado en Barinas por segunda vez consecutiva

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Tras una derrota inminente frenada por una sentencia judicial, el chavismo puso en marcha toda su maquinaria para mantener el control de Barinas, el estado donde nació Hugo Chávez, convertido en centro de la política de Venezuela con las elecciones de gobernador de este domingo.

Los comicios de hoy suponen una polémica repetición ordenada por la Sala Electoral del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) que anuló los resultados del pasado 21 de noviembre. Es que según datos del propio CNE chavista, el candidato opositor Freddy Superlano (Voluntad Popular) ganó la gobernación con el 37,60% de los votos, frente al 37,21% que cosechó Argenis Chávez, hermano del ex presidente Hugo Chávez y ex gobernador estatal. Pero la dictadura no se podía permitir entregar el poder en la “cuna de la revolución”. En primera instancia, en una maniobra absolutamente insólita y arbitraria, anuló los comicios. Luego, inhabilitó a Superlano a ejercer cargos públicos y convocó a una nueva elección para hoy, 9 de enero de 2022.


“¡Este domingo, arrasamos!”, arengó Jorge Arreaza, el candidato de la dictadura, en una tarima en la que besó una réplica del sable del prócer Simón Bolívar y mostró la reliquia de una bayoneta de un héroe local del siglo XIX, Ezequiel Zamora. Su mensaje a la multitud que lo aplaudía era claro: se trata de una batalla clave para el gobierno de Nicolás Maduro.

En Barinas, los carteles con el rostro de Arreaza aparecen por doquier. Ministros, gobernadores chavistas de otros estados y altos funcionarios han desfilado por Barinas, con tareas que han ido de la recolección de basura a la entrega de estufas, neveras, televisores y hasta viviendas populares.

El valor de Barinas va más allá del simbolismo de ser la tierra de Chávez. Está su potencial agropecuario y petrolero y su cercanía con la frontera con Colombia, con zonas donde activistas denuncian la movilización de irregulares armados. El proceso convoca a 607.000 de sus 870.000 habitantes.

Además, 2022 es un año en el que la oposición podría intentar un referendo para revocar el mandato de Maduro.

Casi 25.000 funcionarios de seguridad, 15.000 de ellos militares, se desplegaron el viernes en un operativo nunca visto en esta región del occidente de Venezuela. La autoridad electoral, en una rueda de prensa en un batallón militar, confirmó la instalación de las 961 mesas en 543 centros de votación.

“No han tenido, como decimos nosotros, paz con la miseria”, dijo a la AFP el aspirante de la mayor alianza opositora, Sergio Garrido. “Barinas es en este momento la capital de Venezuela”.

El feudo de los Chávez está gobernado desde 1998 por un integrante de la familia del expresidente. La dinastía empezó con su padre, Hugo de los Reyes Chávez (1998-2008), y continuó con sus hermanos Adán (2008-2016) y Argenis (2017-2021), quien aspiraba a la reelección, pero renunció después de que el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) ordenara repetir los comicios cuando el opositor Freddy Superlano reclamaba el triunfo.

Superlano, a quien el TSJ sacó del camino alegando que era blanco de investigaciones judiciales, concentraba 37,60% de los votos por 37,21% de Argenis Chávez.

Garrido tomó el lugar de Superlano, luego de que la esposa del candidato excluido y otro posible postulado también fuesen inhabilitados.

El tercero en discordia en estos comicios es Claudio Fermín, considerado como un disidente de la oposición por el bloque mayoritario del antichavismo, que le acusa de haberse vendido y presentarse para dividir a los votantes.

Se acabaron los Chávez

El gobernador de Barinas no llevará el apellido Chávez por primera vez en más de dos décadas, aunque Arreaza, caraqueño de 48 años, tiene un vínculo con los Chávez más allá de la política. Fue yerno del “comandante” y padre de su primer nieto, a quien llamaba cariñosamente “El Gallito”.

Ante los cuestionamientos por su postulación siendo forastero -votó en Caracas en noviembre-, se declara “hijo adoptivo” del lugar.

Ha sido constante el guiño familiar al desaparecido Chávez, con “El Gallito” en gran parte de los actos de campaña, así como sus hijas María Gabriela y Rosa Inés. Rosa Virginia, exesposa de Arreaza, sí ha estado ausente.

Sortear las consecuencias de la crisis económica sin culpar a los gobiernos de los Chávez ha sido un leitmotiv para Arreaza, que opta por el discurso oficial de culpar a las sanciones de Estados Unidos.

Frente al despliegue oficial, la oposición intenta reactivarse. “Con participación alta, la oposición debería ganar, pero la abstención pulveriza sus opciones”, apunta Luis Vicente León, presidente de la encuestadora Datanálisis. Una larga caravana de vehículos acompañó a Garrido en su cierre de campaña: “¡Se acaban los Chávez!”, gritó un hombre subido a un camión mientras agitaba una bandera de Venezuela.

AFP y EFE