Hugo Delgado: Ser o no ser

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La oposición está atrapada en el dilema de William Shakespeare: “To be, or not to be”, o “Ser o no ser”. Luego del llamado a elecciones parlamentarias del omnipotente e ilegítimo, Nicolás Maduro, el chavismo ha logrado dividirla, desviar su atención de la opinión pública y enredarle su vida, tal como lo reza el guión comunista cubano y El Arte de la Guerra de Sun Tzu.

Sectores componentes del 80% de esa masa de la población, compuestas por organizaciones civiles, gremiales, sociales y políticas, deshojan la margarita ante una compleja decisión relacionada con la participación o no en las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre 2020, convocadas por el régimen y sus instancias, claramente parcializadas: Los írritos Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y el Consejo Nacional Electoral (CNE).

En primer lugar, si la convocatoria expresa la hizo la presidencia ilegítima de Nicolás Maduro, desconocida por la legítima Asamblea Nacional -elegida el 5 de diciembre de 2015, y gran parte de las naciones democráticas mundiales-, a través de su operador político el TSJ, instancia que a su vez decidió escoger a los miembros del CNE; entonces, es un proceso totalmente ilegal. No solo por las atribuciones que tomaron arbitrariamente el Poder Ejecutivo (no reconocido), el Judicial y el Electoral, sino que estas dos últimas instancias son írritas.

En síntesis, las instancias formales del Estado son totalmente desconocidas por sus ciudadanos ¿Pero eso realmente importa o no? En el país de la dimensión desconocida –como lo es Venezuela-, sí es importante analizar la vigencia de la legalidad para establecer el alcance de la legitimidad de las decisiones de Maduro y su nomenclatura. En el libro de cabecera de los dictadores cubanos y el ruso, Vladimir Putin, el Arte de la Guerra, se recomienda hacer tortuoso el camino del enemigo, dividirlo, engañar y mostrar las debilidades como fortalezas. Eso es precisamente lo que el chavismo hace constantemente: confundir, dividir, tomar la iniciativa y aprovechar el andamiaje formal, para minar la estrategia de la oposición.

2019 y 2020 fueron claves para que los estrategas cubanos empujaran a sus súbditos chavistas hacia la ejecución de sus estrategias divisionistas, luego de perder la iniciativa con la llegada sorpresiva de Juan Guaidó a la presidencia de la Asamblea Nacional, y el desconocimiento del triunfo reeleccionista de Maduro (20 de mayo de 2018). Los dispositivos de presión rojitos se hicieron sentir convocando a un referéndum ilegítimo (16 de julio de 2017) que concluyó con la escogencia de una Asamblea Nacional Constituyente (30 de julio 2017) que trató de suplantar –sin éxito- a la AN, pero sí ejerció presión (ayudado por el TSJ), complicó el trabajo legislativo y desvió el esfuerzo de la oposición para luchar contra el gobierno chavista.

En enero de 2020, ante la mirada sorpresiva de la opinión pública nacional e internacional, se materializa otro plan macabro del chavismo. El diputado, José Guerra, y otros miembros de la AN, habían denunciado en noviembre 2019 que se adelantaba la “Operación Alacrán”, para comprar –principalmente- a varios miembros de las bancadas de Acción Democrática, Primero Justicia, Un Nuevo Tiempo y Voluntad Popular, con la finalidad de torpedear la reelección del presidente encargado, Juan Guaidó. Pero este grupo, liderado por Luis Parra, comprado vulgarmente por los dólares rojitos – entre ellos los del ahora magnate extraditable, Alex Saab,- no solo presionó en el proceso de ratificación, sino que luego amparado por el TSJ y avalados por el CNE, se apodera de cada uno de los partidos –cuyas directivas fueron declaradas ilegítimas- de los cuales provenían, con el objetivo final de darle legitimidad a las venideras elecciones del 6 de diciembre de 2020.

La oposición tiene el dilema de participar o no en las elecciones del 6D. Si lo hace avala todo el anterior proceso ilegal que condujo hacia el acto electoral. Si no lo hace, el fantasma del 4 de diciembre 2005 lo cobijará, cuando renunció a hacerlo y el chavismo asumió totalmente la AN, avalando todos los eventos de gobierno de Hugo Chávez, escogiendo a su conveniencia a todos los miembros del CNE y del TSJ, los atropellos y negocios oscuros, firmando convenios, tratados y endeudamientos. Este aval le permitió al comandante eterno y a Nicolás Maduro, atornillarse al poder.

El reciente llamado de las organizaciones mayoritarias a no participar, fue condicionado por una serie de exigencias de sus miembros, entre las que destacan la no persecución de los partidos políticos, la escogencia transparente y legal del CNE por la AN, la auditoria del ente electoral y la observación internacional. De no hacerlo, lógicamente, el chavismo y sus aliados minoritarios lo harán, contra viento y marea. Tratarán de resistir la presión nacional e internacional, contando para ese momento, con un inminente cambio de gobierno en Estados Unidos.

El objetivo final de la estrategia chavista es darle legitimidad al régimen de Nicolás Maduro. Es un aprendizaje sistemático de la democracia cubana, en la cual votaba el 99% por Fidel Castro en todas las elecciones que hacían, o de la rusa de Putin, quien elimina físicamente a sus opositores o los encarcela y modifica a su antojo las leyes para mantenerse en el poder.

La eliminación de la oposición en la AN, le permitirá a Maduro firmar convenios con rusos, chinos, españoles, italianos, iraníes, etc., para terminar –por ejemplo- de rematar a Petróleos de Venezuela a precios de gallina flaca-, en un acto aberrante y de desnacionalización y modificar -a su conveniencia- el mamotreto de Constitución Nacional y cuanta ley necesiten.

He ahí el dilema que envuelve a una sociedad venezolana, que camina en un limbo en el que, en una apología al sadomasoquismo, muestra como el malo de la película, apoyado todavía por el 20% de su población, y en medio de la peor crisis económica y sanitaria de su historia, se fortalece y afianza, minando cualquier esperanza de cambio, y alargando su agonía, en momentos cuando necesita –obligatoriamente- un cambio de rumbo, para construir cualquier cosa mejor a la que tiene hoy.

@hdelgado10