El mercado petrolero global atraviesa un cambio de paradigma impulsado por la fragmentación de la OPEP y la audacia de la Realpolitik de Washington.
La salida de los Emiratos Árabes Unidos (EAU) de la organización, sumada al bloqueo iraní en el Estrecho de Ormuz, ha dejado al descubierto la vulnerabilidad de las cadenas de suministro tradicionales, disparando el crudo Brent a los $126 y amenazando con romper el techo de los $8 por galón de gasolina en EE.UU. En este escenario de crisis Venezuela emerge como el actor clave para la estabilidad energética de las Américas.
El aumento de las exportaciones a 1.23 millones de bpd en abril de 2026 y la firma de acuerdos con empresas como Hunt Overseas y Crossover Energy marcan el inicio de una recuperación acelerada. Lo más significativo es el retorno simbólico y técnico de gigantes como ExxonMobil y ConocoPhillips, quienes, tras dos décadas de expropiaciones, evalúan volver a la Faja del Orinoco para reconstruir la capacidad productiva nacional hacia el objetivo de los 3 millones de bpd.
Ante este nuevo aire el pragmatismo mostrado por Delcy Rodríguez busca una relación de «largo plazo» con Trump. Ya lo habiamos dicho en el episodio de la semana pasada de nuestro podcast. Su necesidad de correr la arruga de una legitimidad cosmética hasta el 2030, libre de elecciones a corto plazo, confirma que la necesidad de seguridad energética y flujo de caja está sepultando las barreras ideológicas y las necesidades de libertad y democracia de todo un país.
VUSA






































