Hugo Delgado: El régimen está invicto

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En época de Mundial de Fútbol Qatar 2022, se puede decir que el equipo del régimen de Nicolás Maduro está invicto. Todos los encuentros los ha ganado. Con objetivos y estrategias coherentes, y efectividad para marcar goles, gracias a la asesoría de los maestros de la mentira y el engaño, la dictadura cubana, han logrado dilatar las “conversaciones” con la oposición, legitimación y reconocimiento, y que los corruptos y genocidas puedan gozar de sus fortunas mal habidas, luego de la suspensión de las sanciones que Estados Unidos de América –principalmente- le aplicaron a varios miembros de su nomenklatura.

El columnista Fernando Luis Egaña (El Nacional 26-11-2022), al buscar respuestas ante la “nueva realidad” y las razones que sostienen al régimen, escribe: “Nos topamos con un engranaje de poder, tanto político, como militar y económico. Tanto oficialista como también de supuesta oposición, que conforman una boli-nomenklatura muy particular, amalgamada por la corrupción y articulada a la delincuencia nacional e internacional, y apuntalada en la capacidad represiva… Pero una absurda «corrección política», derivada del disfraz de democracia, sigue legitimando las tramoyas de los diálogos inútiles y los comicios amañados, para lograr la paz y la reconciliación…Maduro se frota las manos, al apreciar que la gente… acepta dicha estrategia sin mayores reservas… Ese dinamo de acomodos, silencios y complicidades es el motor de la hegemonía despótica y depredador.”

Sin duda, el petróleo vuelve hacer parte del destino histórico de Venezuela. Luego de 23 años de chavismo, está demostrado que este recurso natural ha sido la clave para el control de la sociedad, eso lo entendieron Hugo Chávez y sus aliados cubanos. El Estado todopoderoso entró en la fase crítica con los vaivenes de sus precios internacionales, poco antes de su llegada, pero los intentos por revertir el modelo de desarrollo basado en el oro negro, fracasaron, luego de la caída de Carlos Andrés Pérez, en su segundo mandato (1989-1993).

Producto de la importancia geopolítica del petróleo, el régimen ha logrado, en 2022, la liberación de los narcosobrinos de Cilia Flores, la licencia de producción a Chevron otorgada por el gobierno de EUA, presidido por Joe Biden, la evidente suspensión de las sanciones a la nomenclatura chavista, la impunidad ante los casos de genocidio señalados en los informes de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Corte Penal Internacional (CPI), la entrega de los fondos retenidos en EUA que suman entre 3 y 5 mil millones de dólares. Se muestra un balance en el que el régimen gana todos los partidos y logra sus objetivos.

Mientras, la Venezuela empobrecida y apabullada por la violencia desatada por el régimen de Nicolás Maduro, y su nomenclatura liderada por Diosdado Cabello y el ala militar, del ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López, seguirá sufriendo sus penurias en el campo de la salud, la educación, la justicia y la calidad de vida. Lo contradictorio, es que los causantes de su desgracia, reciben los beneficios de la sociedad permisiva y de naciones aliadas que navegan al vaivén de sus intereses.

La democracia en Venezuela murió. Los fundamentos que la sostienen fueron violados totalmente por Hugo Chávez y Nicolás Maduro, con la venia del pueblo y de la comunidad internacional. De acuerdo con lo planteado por Emanuel Adler (2019), el chavismo destruyó sus bases cimentadas en el respeto a las minorías, la evolución cognitiva que propicia la crítica como motor de la discusión de ideas y de la escogencia de las mejores soluciones, la alternancia del poder sin violencia (poliarquía), la igualdad de los derechos ciudadanos y de participación política, y la destrucción de “partidos vibrantes” (Fernando Rosenblatt 2018)  e instituciones capaces de canalizar los intereses generales.

Desde la crisis de 2002, en todas las mesas de negociación, el chavismo ha salido victorioso. Y en estos momentos de conversación y decisión en México, la “oposición” representada por inexpertos en estas lides, parece más un “payaso de circo”, que obedece ciegamente a los intereses del régimen, cediendo a sus caprichos (incluir a la modelo corrupta,  Camilla Fabri, o excluir a Carlos Veccio), firman un “acuerdo social” que permitirá a Maduro y sus ladrones, utilizar los fondos retenidos para tapar los problemas de servicios públicos (salud, educación, agua, gas, electricidad y telefonía),  cuyo monto  es poco para solventar los daños causados por la gerencia inepta y corrupta, durante dos décadas. ¿Si con un billón de dólares no mejoraron la calidad de vida de los venezolanos, ahora con 3 mil millones sí lo harán?

Ver  a Gerardo Blyde y al resto de representantes de los cuestionados partidos de “oposición” haciendo la comparsa, tratando de mostrar una “falsa lucha por la sufrida Venezuela”, apabullado por la estrategia propagandística del  mitómano, Jorge Rodríguez, que muestra la imagen de “víctima de un régimen corrupto, inepto y genocida”, que no atiende a su pueblo por culpa de las sanciones (a lo Cuba), que logró el reconocimiento y legitimación de Maduro, la flexibilización de las sanciones, la activación de Chevrón (gracias al esfuerzo de sus lobistas en  Washington) que ahora financiará al régimen y la impunidad para los cerebros genocidas responsables de la muerte y tortura de cientos de venezolanos.

EUA defiende sus intereses, dicen periodistas y analistas, y lo que se está dando en México, bajo los auspicios del Reino de Noruega y el presidente aliado del narcotráfico y miembro activo del Foro de Sao Paulo (FSP), Andrés Manuel López Obrador (Infobae 25-11-2022), y el narcoguerrillero presidente neogranadino y socio del FSP, Gustavo Petro (ahora vocero de Venezuela), no es más que el uso de “caimanes del mismo charco”, por parte del gobierno de Biden, para resolver el caso Venezuela y la pacificación de Colombia. Poco importa que las soluciones se monten sobre estructuras coercitivas, corruptas y distorsionadas, como ocurrió en Centroamérica en los 90. El fin justifica los medios.

Pero uno de los efectos de los lobistas de Washington, es que aprovecharán la traición a los intereses nacionales que hará el chavismo: La desnacionalización de la industria petrolera. El desaparecido analista, Antonio Marcano, repitió varias veces, desde la década de los 90, que “las trasnacionales volverían al negocio petrolero”, el tiempo le dio la razón. La legislación va a cambiar, afirmó, el experto, Francisco Monaldi, del Instituto Baker de Políticas Públicas de la Universidad de Rice.  

El 19-03- 2021, la agencia de noticias Blomberg auguraba las intenciones de Maduro: “La nueva ley de energía sólo permitirá a las compañías petroleras volver a los negocios al asumir el control de los activos venezolanos. Restaurar la industria petrolera de Venezuela a su antigua gloria probablemente requeriría decenas de miles de millones de dólares.

Esa es la nueva realidad a la que refería recientemente el periodista, Alirio Rodríguez, que se montará sobre los escombros de una nación destruida moralmente. Con un régimen que se jacta de saltar sanciones y condenas, mientras, su nomenclatura disfruta en la cálida Florida y en Europa, de sus fortunas mal habidas.

Decepcionado, el catedrático de la Universidad Central de Venezuela, Adolfo Salgueiro, afirmaba (El Nacional, 26-11-2022): “No es solo en Miraflores donde predomina la miopía política y desprecio por el interés nacional. En el lado “nuestro” (que ya casi no es el mío) las cosas no son mejores”.

No importa que el régimen se salga con la suya. Si todos viven en la «normalización”, el daño ocasionado en los últimos 23 años se olvida. Poco interesan los hogares destruidos y los 7,1 millones de inmigrantes (algunos volverán a buscar el añorado sueño petrolero), y con el nuevo boom, será difícil que Maduro dejé el poder. Total, con una oposición distraída y el control sobre la estructura formal del Estado, se garantiza el manejo del poder legislativo, judicial y el sistema electoral. La crisis de moralidad y utopía de la democracia poco importará, incluso para EUA. He ahí la causa de la crisis de un sistema golpeado por los negocios, el relativismo y la posverdad.  

Con lo ocurrido en México, quedó evidenciado que el destino de Venezuela no depende de los venezolanos, sino de los EUA, Cuba, China y Rusia. También se desprende la interrogante. ¿A cambio de qué, porque los EUA no da puntada sin dedal? ¿Sólo petróleo o hay algo más, en la agenda oculta que siempre existe en estas lides?

@hdelgado10