Neuro Villalobos: Los tiempos mejores

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“De todas las armas de destrucción que el hombre fue capaz de inventar, la más terrible, la más poderosa, es la palabra.” Paulo Coelho.

Es evidente que vivimos por estos tiempos momentos muy desdichados para la humanidad. Se impone la cultura de la muerte y el afán de conquista nuevamente, como expresión de poderío. Los líderes transformándose en dioses, con la espada de la justicia convertida en capital, energía, e intereses, y con armas reales, amenazan con aniquilar a sus semejantes. Se pretende que la sumisión sea el nuevo símbolo del triunfo de la diplomacia.

Estamos por creer que cada quien, en lugar de un ángel de la guarda, posee un demonio que lo guía. Los viciosos sucumben ante los pecados capitales dándole la razón a Gao Xin Jian quien decía que el hombre se crea sus propios tormentos. Tal vez eso sea producto de ese demonio interior que hace aflorar todo el mal de que somos capaces de infligir con tal de lograr el dominio sobre los demás para mantenerlos humillados por largo tiempo, hasta la muerte si es necesario.

Hasta ahora no se ha conseguido un contrapeso efectivo para detener la barbarie, la irresponsabilidad, tanta locura y vanagloria. Es el momento de sobreponerse a las miserias humanas no vaya a ser que tardíamente descubramos lo que ya Ronald Reagan manifestó: ”la diferencia que hay entre una democracia y una democracia popular es la misma que existe entre una camisa y una camisa de fuerza.”

En el país se ha querido imponer un modelo extraído de viejos folletos sin reparar en el tiempo transcurrido, sin tomar en cuenta las nuevas realidades planetarias, ni las características culturales de nuestra nación. Muy grave resulta el tiempo y las oportunidades perdidas por varias generaciones de venezolanos ante el afán de querer imponer el delirante y fantasioso, pero peligroso recetario del marxismo-leninismo.

En Venezuela, por querer aplicar copias del fracaso, tenemos lo que Alberto Borea Odria denominó un orden absurdo, “ el cual se convierte en un orden depredatorio o de asaltantes cuando los exaltados se transforman en bandidos organizados.” Por desgracia, eso tenemos en nuestro país, un gobierno de forajidos, copiando modelos fracasados en el mundo, que ha destruído sistemáticamente nuestras instituciones fundamentales, alejándonos cada vez más del desarrollo económico y del bienestar, acercándonos peligrosamente al prototipo de un Estado fallido.

Venimos insistiendo desde hace tiempo que requerimos una unidad política con pensamiento de Estadistas que interpreten los signos de los tiempos para pasar de la patria mítica, de la cual nos habla Ana Teresa Torres, a la patria posible soñada por las nuevas generaciones de venezolanos. Se trata de dejar el pasado a los rencorosos y resentidos que haciendo una falsa interpretación de la historia, pretenden insertarnos en una disparatada concepción ideológica en el presente, ignorando a propósito o por desconocimiento lo que la autora citada revela con toda claridad, que esa patria mítica “surge de la memoria colectiva y de la necesidad de los pueblos, no es una argucia ideada por algunas mentes clarividentes sino la respuesta de una sociedad a varias circunstancias, y dentro de un conjunto de diferentes referentes culturales.”

Los tiempos mejores requieren construir el presente factible, con los hombres y mujeres que tenemos, con sus capacidades y anhelos, con una visión de Patria grande en un mundo más humano, un liderazgo más asertivo, con un programa de gobierno realizable, dirigido a satisfacer las necesidades más sentidas y siempre postergadas de las grandes mayorías en el corto plazo, y que permita remover las deficiencias y vicios estructurales de la gestión pública venezolana en el mediano plazo.

Neuro J. Villalobos Rincón

nevillarin@gmail.com