Alberto Barboza: Caminando juntos hacia la Sexta República

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Reflexionando sobre el acontecer político del país y en función de las elecciones regionales del 21N, de la cual estoy convencido hay que ir a votar, recordé las razones de mi apatía con la oposición venezolana y mi ausencia en varios procesos electorales, las mismas tienen que ver con los hechos políticos de abril del 2002, donde se perdió una gran oportunidad de evitar lo que posteriormente vivimos, producto de una manifiesta inmadurez de los actores de la época, la falta de liderazgo y una corta visión de la política. Aunque en honor a la verdad, lo que sucedió fue lo mejor, ya que tuvimos la oportunidad de conocer en carne viva, a pesar del costo, la naturaleza de un sistema pseudosocialista. Pero independientemente, fue una torpeza histórica, que me llevo a adversar durante mucho tiempo a la oposición, muy mala heredera de sus precursores, no solo de la generación del 28, sino también, la del 58, quienes sin duda alguna poseían las competencias suficientes para haber salido triunfante en esos acontecimientos. Ahora bien, salvo algunas excepciones, todavía percibo dos debilidades en esta generación de políticos.


La primera, es la carencia del arte de la gerencia y conocimientos del acontecer político desde una perspectiva doctrinaria. No es lo mismo, describir las características y la insuficiencia de un determinado servicio público, a desentrañar la naturaleza científica y practica del sistema socialista o economías de planificación centralizada, en contraste con otras escuelas del pensamiento económico regidas por las leyes del mercado y el individualismo responsable. Es decir, la superficialidad de los argumentos de la mayoría de los dirigentes de la oposición ha sido muy notoria en ese sentido. Al lado de esta realidad, el gobierno, si aprendió sobremanera de esos acontecimientos del 2002, y desarrollo un conjunto de acciones estratégicas correctivas y preventivas, para mantenerse en el poder y disminuir a la oposición.


La segunda, es el sectarismo, la falta de unidad en un solo bloque estratégico, compacto y coherente en función de la magnitud de la contraparte, escribo estratégico, porque en el fondo, y es lógico, los diferentes partidos de la oposición obedecen a criterios ideológicos diferentes y cada quien tiene su manera de interpretar la política, además de estilos específicos para abordar ciertas situaciones, lo cual es natural que así sea, y debe ser de esa manera, porque ese es justamente el juego democrático. Pero por amor a Dios, a la vida, al universo, en estos tiempos, se requiere la unión de cara al país, y en su defecto, la oposición hoy todavía luce fragmentada.


A pesar de todo, todavía existe la oportunidad de una unidad estratégica, por lo menos entre dos bloques, que considero los fuertes, los llamados G4 y la plataforma Soy Venezuela. Muchos pudieran pensar que ello es una utopía, y seguramente tendrán razón, pero es lo correcto, las diferencias existentes entre todos estos partidos es irrisoria ante la magnitud de la crisis del país y del destino predeterminado. Solamente un “ENANO POLÍTICO” puede considerar que su interés particular está por encima del interés nacional. Este tema, siempre lo describo con la siguiente parábola: “En situaciones extremas, vale caminar con el Diablo en la búsqueda de Dios, una vez llegado al final del camino y ante la presencia de Dios, es honorable decirle al Diablo ¡Bueno compañero! hasta aquí llegamos, cada quien su camino, usted y yo somos diferentes y antagónicos por naturaleza, pero hemos llegado a un ambiente donde podremos dirimir nuestras diferencias en función del país, sin el riesgo de liquidación del otro”.


Independientemente de la formula usada para superar la situación política, y en función de un posible éxito en las elecciones regionales, donde la oposición tendrá nuevamente la oportunidad de administrar recursos del estado. Es indispensable, urgente y necesario, que los nuevos protagonistas de la oposición, que emergerán del proceso regional, realicen una excelente gestión, en términos de ejecutar, unos proyectos para mejorar los destruidos servicios públicos, y otros, en función de las potencialidades de cada región para apalancar su desarrollo. Eso sí, independientemente de la eficacia y eficiencia demostrada en la gestión, esta debe estar en el marco de una impecabilidad en el manejo de las finanzas, dar muestras de la mayor ética posible, solo de esta manera, se reducirá al máximo la posibilidad del resurgimiento de los derrotados.

Los que criticamos los gobiernos de la denominada cuarta República por sus desaciertos, independientemente de sus aciertos, ahora añoramos esa época donde prosperamos y fuimos felices junto con nuestras familias, hoy separadas. Pero la cuarta República, no es la meta, sino una nueva República caracterizada por un estado de derecho, una democracia solida, una economía autónoma y libre con un fuerte emprendimiento y un estado abocado solamente a sus funciones inherentes. Pero, para que ello sea una realidad, la oposición debe formar un nuevo “Homus politicus”, acometiendo programas de formación sobre liderazgo, planificación, productividad, entre otros, para formar, transformar y forjar un nuevo Gerente Publico, un profesional de la política con una fuerte competencia tecnocrática para hacer correctamente su trabajo, en términos técnicos y morales. Esta será la base de la “SEXTA REPÚBLICA” que todos ansiamos.


Alberto Barboza
Coach Gerencial en liderazgo, planificación y productividad
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