Eugenio Montoro: Los últimos patriotas

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            Cambian las cosas en el mundo moderno. Muchas ya las podemos anticipar con bastante claridad y estas líneas tratarán sobre eso.

1-La comunidad LGTBIQ. Con mucha fuerza desde hace varios años avanza en la lucha por sus derechos y en especial el de no ser discriminados. Sus letras representan conductas sexuales diversas, Lesbianas (mujeres que gustan de otras mujeres), Gay (hombres que gustan de otros hombres), Transgénero (se identifican con el género opuesto al que tuvieron al nacer), Bisexuales (gustan de mujeres y hombres), Intersexuales (nacen con características de los dos géneros) y Queer (los que no quieren ser etiquetados). Este movimiento de minorías, al igual que muchos otros en el pasado, terminará imponiéndose y la sociedad los aceptará como parte del paisaje humano. Su influencia, utilizando todos los medios de comunicación, es enorme al punto que, hasta los programas infantiles, Disney, Bob esponja, por ejemplo, muestran ya abiertamente las nuevas conductas sexuales.

            2- La droga. El avance de la legalización de la droga es indiscutible y hay poca duda de que todas serán permitidas en el futuro. Ya en casi todas las películas, las escenas de personajes fumando marihuana son rutinarias como un reflejo de lo ya socialmente aceptado. Nuestros actuales discursos sobre el peligro de las drogas pasarán a ser compañeros de los similares argumentos que se hacían hace cien años atrás sobre el consumo del licor. La demanda de drogas sigue en aumento y eso es lo que quieren, y van a tener, las sociedades del futuro.

            3- La religión. La decadencia de todas las religiones en el mundo moderno es una realidad indiscutible. Su influencia sobre los individuos, que antes podía ser de vida o muerte, es cada vez menor y limitándose a los actos tradicionales. Muchos se preocupan sobre la posible pérdida en referencias morales, pero lo cierto es que las realidades sociales están empujando a todas nuestras costumbres, incluyendo las religiosas, a revaluarse y modificarse.

            4- Las fronteras. John Lennon en su bonita y sesuda canción “Image” incluye una frase que dice “imagina que no hay países” que quizás recoge el sentimiento y hasta el sentido común de muchas personas de hoy. Ciertamente las fronteras son asuntos artificiales entre los países. ¿Podría el mundo funcionar sin ellas? La respuesta es un rotundo sí. ¿Podría la humanidad operar como si el mundo entero fuera su territorio? En algunos conocidos casos ya se empieza a mostrar. La Unión Europea funciona sin fronteras para los países miembros. El caso del cambio climático y la necesidad de una acción conjunta nos muestran como una sola comunidad preocupada por su supervivencia.

            Las comunicaciones modernas han sido, y seguirán siendo, el gran catalizador para pensar en un mundo unificado. Ni siquiera los distintos idiomas supondrán barreras al disponerse de eficientes aparatos traductores. El comercio internacional ha achicado las distancias y las complicaciones y las nuevas posibilidades de trabajar desde cualquier parte del planeta ya están consolidadas. Un mundo sin fronteras es el mundo del futuro.

            5- El mundo de los derechos. La tecnología irá creando mayor bienestar con, cada vez, menor esfuerzo. Aquella clarísima relación del pasado entre el sudor diario y la comida y las cosas que se tenían, desaparecerá creando la ilusión colectiva de que todo está allí sin esfuerzo y que, además, todos tenemos el derecho a disfrutarlas.  Casi todas las Constituciones son generosas en enumerar los derechos de los individuos a seguridad, salud, educación, servicios y una larga lista de beneficios. Esa tendencia seguirá y el hombre del futuro creerá que todas las facilidades que le rodean son como el aire y el sol de hoy, maravillosos, imprescindibles y, además, gratuitos.

            ¿Que representa todo esto para el hombre de hoy? En realidad, poco. El saber o imaginarnos cómo será el futuro no altera nuestra opinión actual sobre las drogas o sobre los gais y podemos seguir haciéndolos flecos con nuestras opiniones corrosivas sobre sus peligros o sus ridiculeces al moverse. Saber que las religiones enflaquecen no quiere decir dejar de ir a Misa ni olvidarnos de rezarle a San Benito. Saber que nuestros países dejarán de tener fronteras no impide que hagamos nuestros mejores esfuerzos para recuperar a Venezuela, hoy secuestrada por un nido de víboras rojas y entregada en su soberanía a cubanos y guerrilleros extranjeros.

            Tal vez seamos parte de los últimos patriotas, pero hay que seguir, vencer y disfrutar del mucho orgullo de serlo.

                                                                               Eugenio Montoro