Hugo Delgado: Camino a la democracia universal

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El estatus de la democracia alcanzado en el siglo XXI, ha demostrado su capacidad de superar las duras pruebas de demagogos y autócratas que intentaron cercenar la libertad, enriquecerse de distintas corrientes de pensamiento, acompañando a la humanidad en su camino hacia los avances científicos y tecnológicos, y su capacidad de responder, en menos tiempo, a los retos.
Su innegable contribución le ha permitido entrar en otra fase cuestionadora y anárquica, producto de la confluencia de las desigualdades, el liberalismo y el izquierdismo, aún con su fracasada experiencia en la Europa oriental y otros países fuera de la órbita soviética. Yuval Noah Harari (El País 6-01-2019) detecta sus grandes retos: “…La democracia liberal se enfrenta a una doble crisis: Los regímenes autoritarios y los nuevos descubrimientos científicos y desarrollos tecnológicos y su relación con el más profundo ideal básico liberal: la libertad humana”. Siendo ésta la mayor amenaza actual por el intento de las tecnologías de corroerla desde adentro. Se une a este complejo ideario, la concepción teológica y no científica del libre albedrío, del castigo y la recompensa al hombre por sus decisiones. “Los seres humanos son libres, pero sus decisiones no son independientes pues dependen de condiciones biológicos y sociales que escapan de su control”.
En un análisis de los académicos británicos, Lindsey Porter y Nigel Warburton (BBC Mundo 6-02-2021), indican que hace 2400 años, en su libro VI de la «República», el filósofo, Platón, trató de descifrar la naturaleza de los regímenes y las razones por las cuales uno es superior a otro. Aupar la libertad individual, a la larga, genera confrontaciones y caos. El ateniense advertía que esta sociedad ideal estaría en constante peligro de derrumbarse por la posibilidad de corromperse con los privilegios y el ocio que se generaría en los hijos de los gobernantes, provocando -entonces- una oligarquía (gobierno de unos pocos) y acentuando las riquezas particulares y la desigualdad, lo que a su vez aumentaría el número de pobres, la posibilidad del colapso del Estado y el surgimiento de la democracia, una especie de “dulce anarquía”.
Explican los filósofos que las contradicciones internas provocarían –entonces- las caídas de cualquier régimen. Luego de la democracia vendría la tiranía, dicen ambos catedráticos. Señalan que en su obra, Platón evidencia su opinión sobre la democracia -en griego «el gobierno del pueblo»-. Como proceso para decidir qué hacer, era poco favorable. Incluso votar por un líder era arriesgado pues los electores eran fácilmente influenciados por características irrelevantes, como la apariencia de los candidatos; no se daban cuenta de que se requieren calificaciones para gobernar, así como para navegar. Planteó que los expertos preparados para asumir el liderazgo –los aristócratas- deberían ser filósofos especialmente entrenados, escogidos por su incorruptibilidad y por tener un conocimiento profundo de la realidad -más que el común de la gente-, para ejercer las funciones de gobierno y así dirigirlo con sabiduría».
Esta tesis es reforzada en el siglo XXI por Francis Fukuyama (BBCMundo14-05-2019), quien dice que la corrupción debilita a las democracias, al igual las ofertas de sus líderes (sobornos, puestos, beneficios, etc); ambas afectan las gestiones y la calidad de sus gobiernos, convirtiéndose la democracia en correctora y gestora de la corrupción. “Lo que deben tener claro las élites es que deben procurar decisiones correctas y no aislarse del pueblo”, para mejorar la calidad del sistema.
Platón dijo que en esa sociedad, la libertad a cualquier precio se convierte en el único objetivo, se produce un exceso de libertad que genera muchas facciones, una multiplicidad de perspectivas con intereses estrechos y la búsqueda ciega de la riqueza, lo cual ocasiona una sed de igualdad, «el deseo insaciable de libertad ocasiona una demanda de tiranía». A esto se une que el aspirante a líder intenta halagar a las distintas facciones, complaciendo sus pasiones y creando las condiciones para el surgimiento del tirano, manipulador de masas y dominador de la democracia. Al final, esa libertad ilimitada genera histeria colectiva, atrofia la fe en la autoridad, estimula los miedos y la necesidad de buscar a un protector.
Al extrapolar la obra de Plantón a la realidad de Estados Unidos, el ex vicepresidente, Al Gore, en su obra “Ataque a la razón”, indica que al manipular los miedos de una sociedad (un estado de alerta natural del hombre que debe canalizarse para evitar sus efectos sobre la razón) los líderes afectan negativamente a las democracias. En la experiencia nacional, reconoce la importancia que tuvo la ilustración, la imprenta y la palabra escrita en la construcción de la nación, dado que impulsaron la alfabetización, la educación, el individualismo, la discusión libre de las ideas y los consensos, aunque advierte sobre los efectos que actualmente tienen sobre ellos los medios electrónicos, principalmente la televisión y el internet, y la pérdida de la capacidad para discutir, razonar y encontrar la verdad, siendo esta el fin último de la sociedad. Fukuyama refuerza este último planteamiento con el Internet: “Al principio todos celebramos, porque significaba que la información era más accesible; pero también significaba que la desinformación era más accesible”.
Gore considera que en la sociedad norteamericana el conocimiento es la fuente de poder, por eso hay que mantener a la ciudadanía bien informada, para que defienda la libertad individual y tenga capacidad para auto gobernarse, y es a través del mercado abierto de las ideas como se oxigena, siendo la prensa un aliado histórico. Sin embargo, el dominio de la televisión y los medios electrónicos están amenazando la esencia de la democracia, por la superficialidad de los mensajes. Recomienda volver a la senda de la discusión abierta de las ideas para estimular la razón como fuente de la verdad, amenazada por la post verdad.
Héctor Schamis (“La democracia americana y sus descontentos” Infobae 9-01-2021) considera que las experiencias violentas en ese país responden a que “la exclusión y la ausencia de canales de expresión son un insumo perenne para la intolerancia y el extremismo”. Lo demuestran: la toma violenta de varios campos universitarios durante las protestas contra la guerra de Vietnam entre 1968 y 1969, las protestas, saqueos e incendios liderados por Black Lives Matter, luego de la muerte de George Floyd en 2020; y el último episodio: la toma del congreso.
A esto se une la amenaza de las tecnologías como lo advierte el escritor español, Juan Luis Cebrián (El País 19-11-2018): Los ritmos, esquemas y normas de comportamiento en Internet casan mal con los hábitos reflexivos y deliberativos de la Ilustración, cuyos principios inspiran la democracia. Y aunque la Red sea la consecuencia de una construcción lógica, sus efectos se incrustan en el universo de los sentimientos. De modo que la verdad se ve combatida por la posverdad; las noticias, por los hechos alternativos, y el razonamiento, por la expresión de las emociones. Más cuando desde el punto de vista tecnológico, según el investigador, Evgeny Morozov (El País 5-05-2019) “la primigenia pureza de las redes nunca existió, pues fueron promovidas por el Pentágono y Wall Street. Y esto solo se arregla con política”.
Lo que está motivando al modelo democrático que se avecina puede relacionarse con las propuestas de la “Teoría Cíclica del desarrollo de las civilizaciones” del historiador británico, Arnold Toynbee: Al analizar la historia de la humanidad indica que los fenómenos de contactos culturales entre civilizaciones son desafíos y respuestas. Es decir, el primer «empujón» que una civilización da a otra, es contestado por ésta, lo que a su vez mueve a la primera a enviar un tercer empujón, y así sucesivamente hasta que una de ellas termina derrotada.
La democracia futura ha de fundamentarse en la verdad destaca la periodista, María Eizaguirre (El Mundo-España 25-12-2020): “Una democracia liberal al final es un sistema de contrapoderes… Creo que una democracia que pivota en la mentira no tiene futuro”. Tampoco la respuesta es la marxista lenilista, vistos ya sus comprobados fracasos. Además, democracia y comunismo no son compatibles, dice el historiador Stpephane Courtois en su obra Lenín: El inventor del totalitarismo: El comunismo de Lenin, pero también el de Stalin y Jruschov, Mao, Pol Pot, etc., es una visión utópica de la sociedad y del ‘hombre nuevo’ una definición que significa u-topos, el lugar que no existe, opuesto cualquier realidad social, cultural, religiosa y política. La ‘memoria gloriosa’ de esa tradición enmascara la ‘vergüenza’ del comunismo y permite a los adeptos intelectuales y políticos, a utilizar los viejos métodos leninistas –agitación callejera, intimidaciones, provocaciones, propaganda engañosa, infiltración en las instituciones y organizaciones sociales, disciplina revolucionaria– y seguir soñando con una conquista antidemocrática del poder.
Este modelo basado en el terror de masas, la censura, el monopolio del partido sobre los medios de producción e informativos y la mediocridad económica de sus pueblos, dice Courtois, sirvió a los socialistas, fascistas y nazis, y con su melosa idea de justicia e igualdad social envilece a quienes luchan contra las desigualdades. También avaló, según lo expresa ‘El libro negro del comunismo’ de 1997, los crímenes soviéticos, aunque el presidente ruso, Vladimir Putin, los quiera ocultar, los de Europa central y oriental, los de la Camboya de Pol Pot y sus 2 millones de muertes; los del poder chino que mantiene totalmente cerrados sus archivos, incluyendo los de la matanza de la plaza de Tiannanmen, y los entre 60-70 millones de víctimas bajo el régimen de Mao.
La anarquía forma parte de la dinámica democrática, el modelo que se está construyendo invita a confluir los factores que generan las desigualdades y los asuntos ambientales que afectan el futuro de la vida del planeta. Los grandes pensadores de hoy saben que es necesaria la inclusión de todas las partes de la humanidad, el fortalecimiento de las instituciones, del imperio de la ley como garante de los derechos humanos y del modelaje legal de los medios electrónicos para convertirlos en los garantes del flujo verdadero de la información, la discusión de ideas y el soporte del conocimiento que facilite el avance de la humanidad.
La democracia necesita combatir la corrupción y la mediocridad de sus líderes, el cortoplacismo impuesto por los objetivos electorales y el creciente menosprecio de los derechos y libertades individuales garante de los derechos colectivos, garantizar las elecciones periódicas con votaciones libres y secretas; la separación de los tres poderes clásicos que tallara en piedra Montesquieu, y la rendición periódica de cuentas. Para ello es perentoria la formación de una opinión pública bien informada, hoy manipulada por las redes sociales, y garantizar el ejercicio permanente de la libertad individual.
Porter afirma que la democracia también ha creado instituciones e instancias para salvaguardarla: «Hoy en día hay muchas instituciones a la mano, que no existían en la época de Platón: la democracia representativa, la Corte Suprema, leyes de Derechos Humanos, educación universal, los organismos de salvaguarda”, respondiendo así a la gran interrogante de Platón de tomar decisiones justas, prudentes y sabias. Que gobernara la virtud, no la pasión».
La crítica a la desesperanza del politólogo español, Fernando Villaspín (El País 19-02-2020) denota como este fenómeno afecta a la democracia moderna: «Un mapa del mundo que no contenga el país Utopía no merece siquiera un vistazo», decía Oscar Wilde. A esta afirmación subyace la idea de que necesitamos el aliento de llegar a este lugar misterioso para, una vez alcanzado, embarcarnos de nuevo a la búsqueda de otro mejor. En eso consiste el progreso, en el empeño por la sucesiva realización de las utopías”. Por tanto, señala en su moraleja: “Tomémonos en serio los mensajes distópicos, reenfoquemos el mito del progreso y no nos dejemos paralizar por el miedo. Pero, sobre todo, recuperemos la política”.
Karl Deutsch escribió que dentro de la democracia es importante la política porque es a través de ella, su salud, su estructura, sus procesos y funciones, como se identifican los intereses, las responsabilidades y se definen las metas para dar respuestas a los asuntos individuales y del entramado de la sociedad: la familia, la educación, el campo laboral, la economía y la cultura, entendiéndose a esta última como el motor integrador. Por tanto, es necesario combatir la apatía y la ignorancia. La industrialización, la tecnología y la modernización aumentaron los intereses, los niveles de comunicación, las necesidades, y conocimientos, demandas y capacidades de la población, esto ha generado que los países sean más difíciles de gobernar en contra de su voluntad.
Como dice el catedrático español, Eduardo Infante, (BBC Mundo 25-01-2021) al reflexionar sobre el hombre en la democracia: “Es ser ciudadano, no solamente con el acto de votar cada cuatro años, o delegar nuestras responsabilidades políticas en unos profesionales. Es preocuparse del bien común y participar en su construcción”.

@hdelgado10