Dámaso Jiménez: Democracia y libertad de expresión

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Nunca fue tan evidente un ataque cruel y despiadado hacia una democracia funcional como la de estos últimos 23 años en Venezuela.

Convertido en un país petrolero destruido, con graves delitos ocultos propagados a  “sotto voce” ante los ojos del resto de las democracias del mundo, incapaces de activarse ante semejante foco de infección totalitarista, el chavismo mantiene aún entre sus fauces a un país que luce irregular en todos los aspectos.

La dictadura que gobierna comete delitos graves de los que solo se conoce la punta del iceberg. La única manera de impedir que el grueso de estos hechos sean conocidos por el mundo es impidiendo que los periodistas realicen su labor, reportarlas libremente.

La manipulación de los datos, la distorsion de la realidad a través de medios que se prestan a generar fakes para desinformar y deformar la mente ciudadana, es parte de la estrategia de mantener oculta las cifras, datos  y hechos importantes en materia de finanzas, petróleo, salud, desempleo, corrupción, pobreza e inseguridad.

No solo termina siendo prohibitivo publicar lo que resulta inconveniente al cartel que funge como gobierno en el poder, sino que existe un enorme bloqueo en un país con un Estado que resulta extranjero para la mayoría.

No existe acceso a la información que manejan los cubanos en el país. No hay libertad de realizar la tarea. Si la consigues, y es el papel del periodista, inmediatamente atentan contra la integridad del periodista, su familia o reputación, lo que hace al profesional del periodismo en presa facil para los perros del régimen.

El país ha sido desmantelado de las estructuras de comunicación de la democracia. Ahora aquellas que prefirieron prestar sus servicios al chavismo por unas monedas de oro como fórmula de sobrevivencia, también se hicieron ruidosas para un régimen que desprecia el periodismo y la fachada que no le sirva netamente como vehículo de propaganda.  .

Parte del oficio periodistico ha tenido que mutar a las redes, eximida de todo carácter profesional y ético, donde no hay cuidado de las formas, y en muchos casos usando la perversión de la noticia o los fakes para intentar captar la atención de los incautos y desprevenidos, grandes propagadores de una matriz falsa que sirve automáticamente, muchas veces sin saberlo, al status quo que desea ocultar la realidad.

Esto ha generado un exilio forzoso de centenares de periodistas venezolanos que aún buscan la forma de comunicar lo que pasa en Venezuela, aún cuando siguen siendo bloqueados en Venezuela, como parte de un aparteid que no permite otra cosa que un mediocre internet, con el propósito de aislar de la información a todo un país.  

¿Hacia dónde vamos? Todos queremos recuperar la democracia venezolana justamente en medio de la mayor crisis de la democracia mundial que vive el colapso de la confianza en las instituciones, donde la exposición de la verdad ha sido una de las torres más bombardeadas en estos nuevos tiempos de fake y de bots.

La información veraz desde el oficio profesional, así como la actividad política, han sido convertidos en hechos irrelevantes, en un mundo donde no hay discusión ni tolerancia fuera de la verdad propia, ahora permitida o censurada incluso por los “Big Tech”, los nuevos proveedores del contenido que será permitido, y que en el futuro terminarán  tomando el control sobre los aparatos estatales para proveer la comunicación que debe existir entre los ciudadanos o usuarios sin derecho a discernir o reclamar ante el agujero negro de los algoritmos.

No será fácil pero todo anda mutando ante nuestros sentidos.

@damasojimenez