Emiro Albornoz: No al fraude

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Voy a tratar de explicar por qué, a mi juicio, no se debe ni se puede votar en las elecciones parlamentarias convocadas por el régimen usurpador de Nicolás Maduro.
Lo primer que hago es calificar esa convocatoria y su realización como el fraude más descomunal de los tantos que ha venido llevando al cabo el bodrio gubernamental de Nicolás Maduro y lo que han dado en llamar la revolución bolivariana para desgracia de nuestro Libertador.
Al no ser convocadas por un Consejo Nacional Electoral que debió ser nombrado por el organismo o institución que tiene esa competencia constitucional, como es la Asamblea Nacional de Venezuela, la legítima, la que fue elegida por mayoría calificada de la oposición democrática el seis de diciembre del 2015, ya quedaba en condición de ilegal.
El régimen hizo todo cuanto pudo para evitar que el CNE de las alcahuetas comadres fuera designado por la muy legítima AN porque eso hubiera significado que el pueblo de Venezuela hubiera recobrado la confianza en el organismo regidor de los procesos electorales y se hubiera volcado a los centros de votación para escoger nuevamente una AN que se le opusiera al poder omnímodo que representa Nicolás Maduro al tener de rodillas al resto de las instituciones que le sirven de soporte al sistema democrático.
Todo fue orquestado de la manera más inescrupulosa. Los Diputados oficialistas se van del parlamente, pero previamente desde el Tribunal Supremo de inJusticia, había declarado, una figura sin pies ni cabeza, según los eruditos en leyes, el desacato de la Asamblea Nacional, lo cual le sirvió para neutralizar todas las acciones legislativas que llevaran adelante, incluidas aquellas apegadas a la Constitución que servirían para desalojar a Maduro en los primeros seis meses de la presidencia de la república tales como: la reducción a cuatro años del periodo presidencial y la convocatoria a un referendo contra Maduro, ambas leyes fueron declaradas inconstitucionales por ese apéndice de la presidencia usurpada en que se constituyó el TSJ.
Luego Maduro, brincándose la Constitución, cual cabra montaraz, convoca una asamblea constituyente sin el requisito constitucional de preguntarle al soberano si quería una constituyente o no, porque lógicamente que el pueblo venezolano le iba a decir que NO ante la bajísima popularidad que tenía en ese momento y tiene hoy día..
Se trata del artículo 347 que dice a la letra;” El pueblo de Venezuela es el depositario del poder constituyente… En ejercicio de dicho poder puede convocar una Asamblea Nacional Constituyente con el objeto de transformar el Estado, crear un nuevo ordenamiento jurídico y redactar una nueva Constitución”. Mientras, el artículo 348 establece que la iniciativa puede venir del presidente, de la misma AN o del poder municipal reunido en Cabildo. Pero es el pueblo quien dice si quiere una constituyente y por lo tanto se le consulta obligatoriamente..
Y para redondear bien la estafa, realizan la convocatoria de manera sectorial y no universal como debe y tiene que ser. De esa manera aseguraban el 52 por ciento de las curules de esa fraudulenta constituyente porque pondrían a votar a los sindicatos paralelos que montaron en todo el país ante su imposibilidad de ganar en elecciones libres y democráticas desde la Confederación de Trabajadores de Venezuela hasta el ultimo sindicato del más apartado pueblo, las comunas, los gremios paralelos, etc para asegurar un triunfo que de manera clara, legal y limpia jamás obtendrían porque ya no hay pueblo que los respalde..
Así fueron conformando un entramado jurídico, toda una gran trampa o estafa que la quieren reeditar este seis de diciembre convocando unas elecciones parlamentarias que son ilegales porque el organismo que las ha convocado es igualmente ilegal, designado por un TSJ espurio que usurpó las funciones constitucionales de la legítima Asamblea Nacional de Venezuela.

El régimen hizo todo lo posible para que el pueblo venezolano siguiera teniendo desconfianza en el ente electoral y por ello ratificaron a dos de las comadres que ya venían haciendo de las suyas y designaron como presidenta a la Jueza Indira Alfonzo, que fue quien tuvo a su cargo declarar el adefesio jurídico de la nulidad de las elecciones de los diputados de Amazonas electos el seis de diciembre del 2015 para quitarle a la oposición su mayoría calificada.
Sencillamente, hicieron como Jalisco, perdieron y arrebataron, y es que Maduro y su camarilla de desfalcadores son como el escorpión de la fábula de Esopo: ser tramposos, dictatoriales, corrompidos y cuanto calificativo malo se consiga por allí, esa es su naturaleza.
Este seis de diciembre, una vez que la zarabanda electoral sea iniciada y al final de la tarde-noche tengan el triunfo asegurado con la mayoría calificada y requeté absoluta que lograrán, aún cuando los desprecia el noventa por ciento de la nación (cómo puede entender el mundo que un gobierno que tiene sufriendo y pasando hambre a noventa por ciento del pueblo, ese pueblo va votar por quien lo mata de hambre).
Claro está, esa mayoría que agarrarán es con base a una participación que se estima en un quince por ciento de los inscritos en el registro electoral porque ese día tendrán el ventajismo de disponer de gasolina que solamente ellos tendrán, utilizarán hasta los vehículos militares para ir a buscar gente que bajo el miedo y la amenaza saldrá a votar, y tienen los bolívares y dólares para montar toda la logística que es necesaria en estos eventos.
Pero como les dará vergüenza que solamente hayan votado un poco más de tres millones de electores, la mayoría arrastrados bajo presión de que serán echados de los cargos públicos y les quitarán las tristes bolsas Clap que ya están entregando una cada seis meses, de un total de más de veinte millones, entonces declaran la hora loca.

A falta de testigos de los colaboracionistas que quisieron tratar de legitimar el fraude, comienzan a meterle votos a esas máquinas a favor de los candidatos del régimen, y hasta este cronista que no votará, de pronto aparece que votó, y así cantarán un resultado favorable totalmente al régimen con una participación de unos nueve millones de electores, que porcentualmente les dará un 48 por ciento de votantes que no son tales.
ENo al fraude del seis de diciembre. No votes.

Emiro Albornoz León/Periodista