Hugo Delgado: El bacalao social

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Mientras los países desarrollados avanzan hacia niveles –inimaginables-  tecnológicos, científicos y culturales, buscando el bienestar de sus ciudadanos y el progreso de sus naciones, en Latinoamérica, el resentimiento expresado en odios y violencia, la enrumban hacia el atraso y el desaprovechamiento de esas oportunidades que brinda el patrimonio de la humanidad del siglo XXI.

En muchos países latinoamericanos hacen referencia al pez bacalao como la carga -material o psicológica- que algún hombre lleva en su espalda y no lo deja caminar bien. Así sucede en este continente,  llamado a ser por el libertador Simón Bolívar la gran potencia continental, el cual difícilmente prosperará con sus sociedades, mayoritariamente resentidas, revanchistas, sin fe, desconfiadas y contrarias a cualquier idea o propuesta que se opongan a sus preceptos. Escudan sus patologías psicológicas,  tras corazas conceptuales que dan respuestas hipócritas a  tratos  históricamente injustos, excluyentes y desiguales, pero que al final conducen al fracaso, conductas destructivas, deficientes respuestas y praxis corruptas, más dañinas que las que ellas critican o consideran la fuente de sus males.

Algunos Políticos iberoamericanos, discípulos de las causas anti colonialista, eurocentrista o anglocentrista, propusieron  la reivindicación de sus naciones y hasta del continente, entre ellos destacan: Fidel y Raúl Castro, Ignacio Lula da Silva, Néstor y Cristina Kirchner, Daniel Ortega, Hugo Chávez, Manuel Correa, Gustavo Petro, Manuel López Obrador, Pablo Iglesias, José Rodríguez Zapatero, Evo Morales, Juan Manuel Santos, Michelle Bachelet, Salvador Allende, y Juan Domingo Perón. Sin embargo, los resultados de esas experiencias no son halagadores.

El fundamento político parte –en algunos casos- de la teoría marxista, totalmente divorciada de la realidad latinoamericana, porque precisamente emerge en un contexto eurocentrista y como respuesta humanista al modelo industrial predominante en Europa (eurocentrista). Su propuesta se  basó en la lucha de clases (motor histórico) y proponerse como la solución histórica final para encontrar la felicidad suprema del hombre.  Otras corrientes de pensamiento emanadas en complejas épocas de las instituciones generadoras de conocimiento postmodernistas, impulsaron la confluencia de diversas ramas de las Ciencias Sociales, para dar soluciones a temas referenciales como la desigualdad histórica. Sus resultados muestran poca efectividad.

Desde el punto de vista de sus gestiones públicas, estos personajes tuvieron aciertos parciales. Por ejemplo, en la llamada “década de las materias primas” (principios del siglo XXI), se instrumentaron programas de salud, sociales y económicos, que en vez de resolver los asuntos neurálgicos de la sociedad los agudizaron, dejando nefastos legados a los mandatarios que los relevaron: atrofiadas burocracias sin capacidad de financiamiento, deudas externas mayores, corrupción en la gestión pública (incluyendo en  el Poder Judicial lo cual ha profundizado la impunidad y debilita la aplicación de la justicia), modelos de ayuda proselitistas y generadores de enfermiza dependencia, y un floreciente resentimiento.

Simplemente “corrieron la arruga”, mostraron su ineficiencia y corrupción en el manejo de los asuntos públicos. Ahora vienen por la revancha. Ocurrió en la Argentina de Mauricio Macri (2015-2019) y en la España de Mariano Rajoy (2011-2018), en ambos casos quienes destruyeron la economía y cometieron actos de corrupción, tomaron el poder por cualquier vía. En el país austral, la misma sociedad se encargó de reivindicar a sus verdugos y en la península ibérica un golpe parlamentario le otorgó el poder a al PSOE. Ironías de la historia.

Europa es una expresión de la importancia de aprovechar su legado histórico. No es un modelo perfecto, pero logró unirse y alcanzar objetivos comunes, luego de sus dos últimas guerras del siglo XX.  Se esforzaron para crear su Comunidad Europea (CE).  Aprovecharon su desarrollo académico, científico y tecnológico, su diversidad cultural y su institucionalidad fundamentada en su tradición. La experiencia del resentimiento generado en el interior de Alemania, producto de la  humillante derrota del conflicto 1914-1918 y el Acuerdo de Versalles, desembocó en  una segunda confrontación devastadora (1939-1945). Lo ocurrido en este país es ejemplo de cuan demoledor puede ser este factor psico-social, cuando es canalizado por líderes psicopáticos, obsesionados con el poder y sin contrapeso socio-institucional.

Desde las universidades, centros de generación de conocimiento, la formación de grandes sectores de su élite intelectual y profesional, se genera el subjetivo sesgo ideológico que los conducen hacia concepciones de realidades altamente contaminadas, que luego inciden en sus ejercicios profesionales o ciudadanos, sea como funcionarios encargados de impartir justicia o conducir la gestión  pública, o en el sector privado. Al final del cuento,  el único afectado es el continente que continua bajo la influencia de  estos fantasmas quijotescos, que le impiden el aprovechamiento pleno de la cultura occidental y las posibilidades de insertarse  activamente en esa corriente para generar conocimiento y respuestas cónsonas con sus necesidades locales, reduciendo  males históricos como la desigualdad.

Estos asuntos sociales que no han tenido respuestas acertadas por los mismos gobiernos de izquierda, también llamados “progresistas”, nutrieron las estrategias violentas que se definieron en  los dos últimos encuentros del Foro de Sao Pablo (FSP): Buenos Aires 2018 y Caracas 2019.  En ambas reuniones, los grupos racistas, feministas, humanistas y ecologistas, etc.,  decidieron enfilar sus objetivos hacia la eliminación de los gobiernos derechistas que afectan sus intereses. Estas acciones se materializaron en las recientes manifestaciones contra Donald Trump en Estados Unidos;  disfrazadas como luchas reivindicativas, auparon la campaña de su contrincante, el demócrata Joe Biden.  O lo ocurrido a finales de 2019 en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador y  Bolivia, que sirvieron para  ocultar las malas gestiones de presidentes engranados con los intereses de Cuba, Venezuela, Rusia y China, y les permiten consolidar sus futuros planes para tomar el poder.

@hdelgado10