Hugo Delgado: Sin menospreciar al enemigo

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La multipolaridad e interdependencia que caracteriza al poder mundial, está obligando a las potencias a reconsiderar sus estrategias para alcanzar sus objetivos. Venezuela es ejemplo de esa nueva realidad que ha logrado afianzarse en el siglo XXI, y evidencia las razones por las cuales Estados Unidos no ha podido desplazar  al régimen  chavista.

La situación ahora es más complicada.  Los venezolanos están angustiados y agotados  por la pandemina china Covid-19, la hiperinflación, la parálisis total del país producto de la escasez de gasolina y las medidas sanitarias tomadas por el ilegítimo gobierno de Nicolás Maduro, el deterioro de los servicios públicos y la suspensión de la principal televisora satelital norteamericana DirecTV, que afectó 2,4 millones de suscriptores y aproximadamente 10 millones de televidentes.

Los venezolanos esperaban que Estados Unidos presionara militarmente al régimen de Nicolás Maduro, ante el arribo de cinco tanqueros petroleros iraníes que traerán gasolina para abastecer el desasistido  y corrupto mercado nacional. Claro que no iban hacer nada, no vale la pena asumir tamaño costo cuando se sabe  que ya Venezuela pagó con oro el cargamento y la asistencia militar, y el suministro garantiza el abastecimiento de un par de semanas. Luego la crisis volverá.

Para Irán la venta fue positiva porque le permitió bajar la presión económica que tiene producto de la baja y la guerra de los precios petroleros, disminuyó la gran cantidad de hidrocarburos almacenados, cobró en oró cada barril, en momentos cuando la economía mundial está de capa caída, y redujo el peso de los problemas internos generados por la crítica situación social, política y económica.

Para los guerreristas rojitos, las acciones, que luego de la muerte del “cerebro del terrorismo mundial”, el general  Qasem Soleimani, el 3 de enero de 2020 en Bagdad (Irak), emprendería Irán contra Estados Unidos, quedó solamente en amenazas. Era lógico que, aparte de algunos misiles que lanzó contra la embajada de Estados Unidos  ubicada en la capital iraquí, la escalada no pudo ir más allá porque  su situación económica le impide ir a una confrontación a largo plazo.

En el nuevo  episodio heroico, se verán en los jerarcas chavistas recibiendo con honores militares a los cinco tanqueros cotizados en oro, que servirán para ocultar su nefasta gestión de los últimos 18 años, en un país con las mayores reservas petroleras del mundo y con su principal empresa petrolera totalmente arruinada y destruida. Volverá el espíritu guerrerista de los militarzuelos que se creen los libertadores de la patria, cuyas cuentas dolarizadas reposan en Europa, Estados Unidos y los paraísos fiscales. Habrá discursos enalteciendo la gesta victoriosa de una batalla que nunca ocurrió, condecoraciones y aviones de combate, en un episodio que solo alimentará egos y bolsillos.

Nunca en la historia de Venezuela, ni siquiera en sus peores episodios, hubo tanta mediocridad controlando el poder.  A pesar de la justificación de la izquierda o los grupos europeos y latinoamericanos que intentan sustituir la cultura del postmodernismo, el capitalismo y la colonialidad, la evidencia de la emancipadora revolución chavista no se puede ocultar. El país está destruido, sobrevive porque una sociedad  que los rechaza no ha logrado un liderazgo unido y definir sus objetivos, y en medio de sus errores, ha permitido oxigenar al moribundo régimen.

La falta de contundencia de Estados Unidos contra el régimen es consecuencia de las variables que afectan sus intereses como potencia mundial. Anteriormente el uso de la opción militar no era tan costoso, la interdependencia política y económica  era menor y una acción bélica en una nación como Venezuela resultaba menos onerosa. En su actual estrategia de diálogo y cooperación ha intentado sumar aliados, pero es natural que dado el carácter democrático que prevalece en el mundo de hoy, existan puntos divergentes.

Sin duda, Estados Unidos sigue teniendo el mayor poder de incorporación de otros países a sus causas. Sin embargo, el trabajo realizado por el chavismo durante 20 años logró sumar fuerzas que no tienen mucho poder militar,  tampoco nada que perder y sí mucho que ganar, como son los grupos terroristas, los narcotraficantes y las guerrillas colombianas. Además, contó con un plan diseñado hace 70 años por el comunismo internacional liderado por la Unión Soviética (ahora Rusia asumió la amenaza)  y China, cerebros perversos como los dictadores cubanos Fidel y Raúl Castro, y grandes debilidades de las democracias que se convirtieron en sus mejores aliadas a la causa.

La reducción de la coacción  del poder bélico en el mundo de hoy, obliga a  Estados Unidos a manejar alternativas que van desde la presión diplomática y las sanciones económicas, hasta el uso final de la fuerza, que a pesar de ser una opción costosa y de uso extremo, no es descartada, porque ellos “saben a lo que se exponen cuando hacen a un lado su fuerza militar y el equilibrio del poder”, dice Joseph Nye.

La paz sigue siendo esquiva para los agobiados venezolanos.  Su dirigencia opositora sigue sin brújula, peleando por un pedazo de una torta que no sale del horno. Mientras el país se cae a pedazos, pisado por la bota corrupta y despiadada del régimen, militares y chavistas siguen viendo en el nuevo cargamento de gasolina, la fuente de los dólares que entrarán a sus bolsillos. Los tanqueros iraníes ingresarán sin problemas a los terminales locales, escoltados por aviones y barcos de guerra si es preciso, no se sabe si es para resguardar el negocio que se avecina o mostrar a los gringos que la revolución se respeta.

@hdelgado10