Eugenio Montoro: Las moscas

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El genial francés Jean Paul Sartre, filósofo, escritor, novelista, dramaturgo, político, biógrafo y crítico literario, dejó un volumen inmenso de obras y sus pensamientos influyeron de manera importante en el mundo entero. En su tiempo (1905/1980) fue una especie de estrella del saber con miles de seguidores, pero posiblemente por su doctrina de existencialismo ateo y su coqueteo con el marxismo ha sido algo distanciado (nos atrevemos a especular) en los círculos religiosos occidentales y en los grupos de pensamiento conservador.

        A nadie le recomendaría perder el tiempo tratando de revisar su obra de mayor importancia “El ser y la nada” de lenguaje incomprensible para los aficionados a estos temas donde me incluyo, pero si podemos disfrutar de algunas de sus obras de teatro y “Las moscas” es quizás una pertinente.

        En “Las moscas” Sartre utiliza el mito de Electra al regreso de su hermano Orestes. Como se recordará el rey Agamenón y su esposa Clitemnestra eran los padres de Electra y del pequeño Orestes. Agamenón se va a luchar al sitio de Troya y mientras tanto su esposa, la reina, le traiciona con Egisto. Al regreso de Agamenón, los amantes se confabulan y le dan muerte. Electra escondida ve, con horror, la trágica escena que involucra a su madre en el asesinato de su propio padre. Egisto se convierte en el rey sucesor y desposa a Clitemnestra.

        Electra envía lejos a su hermanito Orestes para que cuando crezca pueda vengar a su padre. Pasan los años y a su regreso Orestes, en efecto, mata a Egisto y también a su propia madre. En la versión original Orestes enloquece, pero finalmente es perdonado por los dioses.

        Sartre cambia el final e inventa una discusión entre los dioses (que representa Júpiter) y Orestes. Júpiter le recrimina su falta por haber matado y le pide que se arrepienta. Orestes le replica “tú eres el rey de los dioses, el rey de las piedras, el de las estrellas y de los mares, pero no eres el rey de los hombres”. Júpiter lo ha creado en libertad y entonces dejó de pertenecer a los dioses. “Yo soy mi libertad” dice Orestes.

        Sartre, como todo existencialista, pone el asunto de la libertad en primera fila y con esta obra rompe la tradición de las tragedias griegas donde los hombres son manejados al antojo de los dioses y plantea la paradoja de que el hombre solo puede serlo si se convierte en su propio dios, si vive en plena libertad, aceptando su responsabilidad y no justificándose con la absurda idea del destino.

        El asunto de la libertad no es solo un asunto filosófico es, principalmente, la necesidad en su aplicación cotidiana por la que luchamos los hombres. Es despertar cada mañana sintiéndose libre para decidir el día y es cumplir con los compromisos que libremente se aceptó realizar. Las tiranías van a contrapelo de la libertad en su esencia, con la violación a los acuerdos y el vivir bajo el desvarío del gobernante.

        Venezuela no solo es víctima de un régimen de épica incapacidad para ejecutar el bien e inmensamente corrupto, el mayor problema agregado, y la causa fundamental de la necesidad de su término, es la falta de libertad que demuestra no solo en el apresamiento de los individuos supuestamente peligrosos y molestos, sino en el acorralamiento del ciudadano utilizando todos los medios posibles que van desde los caramelos Clap y el lavado cerebral usando los medios de comunicación masivos, hasta las bombas lacrimógenas y las miras telescópicas en los fusiles, para matar.

        Sartre fue seleccionado como premio nobel de literatura en 1964 pero lo rechazó en una carta a la Academia diciendo que él tenía como norma no aceptar distinciones. Un poco para contrariarlo, van algunas de sus frases como muestra de su ingenio, “La felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace”, “No perdamos nada del tiempo, tal vez hubo otros mejores, pero este es el nuestro” “La libertad es lo que haces con lo que te han hecho” “El hombre tiende más a contar su vida que a vivirla” “Me he dado cuenta que muchos de los problemas vienen de nuestra incapacidad de usar un lenguaje claro y conciso” “La existencia es anterior a la esencia y la gobierna” “El hombre está condenado a ser libre”.

        La libertad también es nuestra guía y propósito y los venezolanos estamos próximos a conseguirla. El termómetro que así lo indica está en otra frase de Sartre “A los verdugos se les reconoce siempre. Tienen cara de miedo”.





                                                                         Eugenio Montoro