Andrés Guevara: ¿Y si los venezolanos que están afuera no regresan?

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Recientemente tuve oportunidad de revisar un estudio llamado Talento venezolano sin fronteras: Impacto y reconexión, preparado por el brazo de Consultoría del IESA. Como puede adivinarse del título, la presentación aborda un tema que es crucial y, a menudo, sometido a la coyuntura política: qué hacer con el recurso humano que se encuentra fuera del país y cómo integrarlo a la realidad venezolana.

Desde el punto de vista exclusivamente político, pareciera que el discurso imperante tiene las siguientes líneas maestras: hubo millones de migrantes por culpa del socialismo y esos millones están afuera ansiosos de regresar. Acabado el socialismo, de retorno el orden democrático, en Maiquetía lloverán millones de venezolanos de regreso, abrazando a sus seres queridos, familiares y amigos.

Hay, pues, una visión heroica, si se quiere, en la que pareciera imperativo, deseable, casi que inexorable, el retorno de la diáspora al país. La realidad, sin embargo, pinta más amarga o cuando menos más racional. Precisamente en el informe del IESA se indica que, hasta la fecha, cerca de 60% de los venezolanos fuera del país no tiene planes concretos de regreso. Si bien este número puede cambiar en función de la dinámica político-social del país y del outcome de cuán rápido (y eficiente) sea el retorno de la institucionalidad y la democracia, la realidad, más antipática, es que difícilmente estemos en presencia de un retorno masivo, pletórico y festivo de millones de venezolanos a la nación.

Sin embargo, ello no debe implicar que no se pueda integrar la diáspora a la dinámica del país y al nuevo rumbo que, esperemos, tome Venezuela en los próximos años. Compartimos de este modo la premisa del estudio del IESA según la cual se debe dejar de pensar en cómo hacer que regresen los venezolanos a su tierra y enfocarse más bien en cómo se hace para que los venezolanos puedan participar en la dinámica del país desde cualquier lugar del mundo.

Al final, se trata de millones de seres humanos con planes de vida, opciones y decisiones que forman parte de un orden complejo que difícilmente pueda ser entubado bajo un canon único en torno al país. Precisamente allí radica la pluridimensionalidad y la diversidad de la vida humana. Por fortuna, los avances tecnológicos, la dinámica de vida moderna, nos abren un sinfín de posibilidades para que la premisa de la tan cacareada idea de la aldea global cobre vigor en el caso venezolano.

Son reflexiones duras pero necesarias. El votante querrá escuchar que su gente vendrá de regreso. Es la aspiración de muchos, pero el hacedor de políticas públicas, el hombre que diagrama las decisiones de gobierno, deberá decir con honestidad cuál es el marco de lo posible para que los venezolanos en el extranjero se vuelvan parte fundamental del engranaje de la reconstrucción.

Un engranaje que, necesario es decirlo, luce diverso, amplio y prometedor. Un universo de gente que puede contribuir de maneras hoy inusitadas, pero que pueden ser desarrolladas a través de la premisa de la innovación, la creatividad, el pensar las cosas de manera distinta y retarnos para que, como sociedad, demostremos que tenemos las herramientas para salir adelante nuevamente. Si podemos.