Hugo Delgado: Mirando hacia afuera

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Van 22 asesinatos, pero ningún culpable; desde el gobierno de Donald Trump los respaldan con justificaciones absurdas. Lo que está sucediendo en Estados Unidos de América evoca a su pasado de esclavitud cuando pagaban a los funcionarios por la captura de los negros que huían, aplicando este incentivo ahora se recompensa a los oficiales de Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) para que cometan más atropellos porque lo que importa es la cuota.

El mexicano, Lorenzo Salgado Araujo (52), vivió en Estados Unidos de América  durante 35 años, fue asesinado el 7 de julio de 2026 en Houston (Texas), por agentes encapuchados del cuerpo paramilitar del (ICE), mientras se dirigía a la construcción en donde trabajaba.

Días después, el 13 de julio de 2026 en el estado de Maine, al joven colombiano, Joan Sebastian Durán Guerrero (26), “le dispararon accidentalmente” justificó el agente del ICE,  David Michaelle Brouillette. Viajaba con su esposa y su hija de 3 años de edad. Era residente legal y los funcionarios alegaron que los había embestido con su vehículo, incluso la excónyuge del funcionario involucrado lo denunció por su intención de tergiversar los hechos.

Ambos murieron y nadie pagó por los crímenes. ICE expresó versiones totalmente tergiversadas, como ha ocurrido en otros asesinatos, y la justicia brilla por su ausencia ¿Con esta serie de crímenes qué busca el gobierno de Trump? ¿ Acaso infundir terror en la población inmigrante con hechos y redes sociales, ya estigmatizados por su discurso de ser “delincuentes” como lo dijo en sus discursos electorales?

A estas muertes se agregan los 221 ocupantes de “supuestas  lanchas” cargadas con narcóticos” que han  muerto en los océanos Pacífico y Atlántico, como lo señala el representante de la   Washington Office On Latin America, Adam Isacson, en entrevista con César Miguel Rondón (29-07-2026)

En su discurso, Trump construyó una narrativa con la organización “El tren de Aragüa” con el objetivo de justificar los atropellos y persecución contra los venezolanos inmigrantes que huyeron de su país debido a la inseguridad, la persecución y la crisis económica. Es cierto que en las oleadas que salieron, se mezclaron personas honestas, profesionales, empresarios y familias trabajadoras con una minoría de delincuentes.

Pero esto no es nuevo, ocurrió con los italianos y su mafia, con los chinos, los alemanes de finales del siglo XIX y los nazis que fueron integrados, luego de la postguerra, en programas científicos y en los organismos de inteligencia. También sucedió con los rusos, los jamaiquinos, los colombianos, los escoceses, los irlandeses y los ingleses.

No es novedoso que eso ocurra, porque es cierto que EUA se hizo con inmigrantes. Su historia lo demuestra con los esclavos negros sacrificados en las plantaciones que  potenciaron su economía, los chinos utilizados en masa para construir las vías férreas de California, entonces ¿cómo destruir ese legado? Ahora resulta que Trump y su grupo ideológico tomó las ideas de los primeros puritanos que ocuparon el este de la costa de Norteamérica para atropellar a quienes llegan a su país.

Esa ideología basada en la creencia puritana y la supremacía blanca, degeneró en las bases del “destino manifiesto”, plasmada en su Constitución, en la “Doctrina Monroe”   y en las políticas de seguridad nacional diseñadas e instrumentadas por distintos presidentes, con las que han refrescado el ideal de creerse el pueblo blanco, ungido por  Dios, para guiar con su verdad al mundo, como lo explicó el historiador mexicano, Juan Miguel Zunzuneguí, cuando analizó el nacimiento del  imperio.

Ese rol asumido por los norteamericanos los llevó al pedestal en el que están hoy. Se convirtió en un imperio a “sangre y fuego”, utilizando la fuerza, la cultura, el poder económico y geopolítico, y las instituciones universales impulsadas  -principalmente- después de las dos grandes guerras europeas.

Incluso grandes pensadores geopolitólogos, como el profesor de la universidad de Harvard, Joseph Nye (1937-2025) y sub secretario de Defensa durante la administración de Bill Clinton (1994-1995), teorizaron sobre el rol mundial de EUA basando su propuesta en el Neoliberalismo de las Relaciones Internacionales, que propone y analiza el papel de la diplomacia, las instituciones mundiales, el diálogo, la cooperación, la atracción como nación referente en materia de principios, convivencia y modo de vida; y el uso de la fuerza como opción última en procesos conflictivos.

Ese liderazgo construido durante décadas ahora se vulneró en la segunda gestión de Donald Trump, sin que se visualice un nuevo modelo que sustituya a la arquitectura construida después de la segunda gran guerra, por Franklin Delano Roosevelt  (1882-1945) y Harry Truman  (1884-1972).

La gestión  Trump ha generado incertidumbre, producto de sesgos históricos y culturales e intereses económicos, como el racismo y el destino manifiesto, que siempre han acompañado a los gobernantes; sin embargo,   en este convulsionado mundo necesitado de cooperación para abordar los grandes temas de la humanidad, esta no parece ser la idea del su gobierno.

El tema de la inmigración es más complejo de lo que parece. Un informe del Ejército de EUA publicado en la década de los 90 señaló el fracaso de la imposición del modelo democrático en muchos países de Latinoamérica. “Se montaron sobre estructuras corruptas y coercitivas”, con el tiempo las fallas comenzaron a surgir,  una de estas es la inestabilidad institucional provocada por el vaivén político que ocurre periódicamente de la izquierda a la derecha o a la inversa, esa consecuencia genera desconfianza, especialmente en los jóvenes, que impulsa a sus ciudadanos a salir de sus naciones generando una gran pérdida de capital humano.

En el caso particular de Venezuela, hay que precisar que antes de la llegada del chavismo en diciembre de 1999, los venezolanos no emigraban, con el advenimiento del régimen  esta condición se revirtió. Ahora su población, además de dejar todo para buscar nuevos horizontes, sufren las arremetidas y discriminación de sus conciudadanos que viven en EUA y que se creen privilegiados,  y de sus autoridades que irrespetan su legalidad porque la mayor parte de quienes ingresaron a Norteamérica se acogieron a instrumentos como el TPS o el CBP 1 y -en su gran mayoría-  han buscado la legalidad, porque a pesar de la captura de Nicolás Maduro (3-01-2026), la  estructura del Estado sigue en manos del chavismo, mientras la corrupción, la represión y la inseguridad continua dominando la vida nacional.

Igualmente ocurre con la polémica lucha contra el narcotráfico. El gobierno de Trump y sus antecesores responsabilizan a Bolivia, Venezuela, Colombia, Perú, Ecuador y México de ser responsables de este flagelo. Enfatizan y crean la narrativa de “ellos son los culpables”, pero no miran las razones del porqué los norteamericanos consumen las drogas, o qué organizaciones criminales son las responsables de la distribución interna de los alcaloides, o qué instituciones son las que lavan las fortunas que se generan. Miran hacia fuera pero no lo hacen hacia adentro.

@hdelgado10