El petróleo venezolano parece haber recuperado un lugar privilegiado en las conversaciones de Washington. 75% de los venezolanos rechaza el acuerdo energético pactado entre la administración de Estados Unidos y el gobierno interino de Delcy Rodríguez, según Meganálisis.
Rystad Energy calcula que la producción venezolana podría crecer 17% hasta 2028. Bloomberg registra el acelerado acercamiento energético entre Washington y Caracas. Pero mientras el mercado comienza a hablar nuevamente de oportunidades, plataformas y barriles, un dato político amenaza con convertirse en el elefante dentro de la vidriera : el rechazo de una amplia mayoría de venezolanos al acuerdo que está haciendo posible esta nueva etapa.
Esta semana, dos análisis provenientes de fuentes de referencia para la industria energética internacional —Rystad Energy y Bloomberg— colocando a Venezuela frente a una nueva posibilidad: pasar de ser una gigantesca reserva petrolera prácticamente paralizada a convertirse nuevamente en un actor relevante dentro del mercado mundial.
Tras el acuerdo petrolero suscrito entre Caracas y Washington, el secretario del Interior de Estados Unidos, Doug Burgum , proyectó que la industria en Venezuela podría situar la producción en 1,5 millones de barriles diarios en el corto plazo.
Rystad introduce una dosis de realismo en medio del entusiasmo. Su estimación apunta a un incremento de aproximadamente 194.000 barriles diarios, equivalente a 17%, entre el cuarto trimestre de 2026 y el cuarto trimestre de 2028. Pero la consultora advierte que la recuperación no dependerá de descubrir más petróleo. El problema será conseguir que los recursos existentes puedan convertirse en producción efectiva.
Cerca de tres cuartas partes de la producción venezolana prevista para 2028 corresponderían a crudos pesados, extrapesados y bitumen, mientras que la Faja Petrolífera del Orinoco representaría alrededor del 60% del total. Eso coloca en el centro del escenario elementos mucho menos atractivos que el tamaño de las reservas: diluyentes, perforación, reacondicionamiento de pozos, infraestructura, plataformas y operación de campos maduros.
Es decir, Venezuela tiene petróleo. Lo que no tiene en cantidad suficiente es la capacidad operativa para producirlo al ritmo que el mercado y los nuevos inversionistas podrían imaginar.
Rystad identifica además a las compañías internacionales como protagonistas de esa eventual recuperación. Las empresas petroleras internacionales podrían aportar casi dos tercios del incremento proyectado hasta 2028, con Chevron a la cabeza, seguido por Repsol, Eni, Maha Energy y Maurel & Prom. Sin embargo la mayor parte del crecimiento procedería de empresas mixtas y activos ya existentes, no de grandes descubrimientos nuevos.
La conclusión de Rystad es probablemente la más importante de todo este acuerdo de negociación que va más allá del debate político: el principal límite de Venezuela ya no es geológico, sino de ejecución.
La producción necesita más plataformas, más servicios petroleros, infraestructura, diluyentes y capital. El propio Ministerio de Petróleo de EEUU habría identificado la necesidad de disponer de 93 plataformas activas para 2028 , frente a los niveles actuales. Y el dinero tampoco es que llegará automáticamente.
Los operadores internacionales continúan evaluando la enorme base de recursos venezolana frente a la incertidumbre fiscal, la complejidad operativa y el riesgo de inversión de largo plazo.
Rystad señala específicamente que las decisiones futuras de capital estarán vinculadas a mejoras en regalías e impuestos ya la existencia de condiciones fiscales capaces de reducir los costos de equilibrio de los proyectos .
En paralelo, Bloomberg coloca la discusión en un escenario mucho más político.
La invitación de la administración Trump a Venezuela para participar esta semana en la cumbre de ministros de Energía del G20 en Houston constituye, por sí misma, una señal de la velocidad con la que está cambiando la relación entre Washington y Caracas.
Aunque la delegación venezolana no participará en las reuniones ministeriales formales a puerta cerrada, sí tendría acceso a sesiones bilaterales, eventos paralelos y conversaciones con representantes de la industria. Es la nueva cara chavista más ejecutiva, normalizada y con olor a lavanda para las nuevas negociaciones internacionales.
Venezuela ni siquiera pertenece al G20. Caracas está siendo reincorporada al circuito de conversaciones internacionales sobre seguridad, abundancia y acceso a la energía, en un encuentro que se llevará a cabo en Houston, epicentro de la industria petrolera estadounidense , lo que convierte la oportunidad en una posible puerta de entrada para nuevos negocios.
La oportunidad coincide con el interés declarado de Trump por aumentar la producción venezolana después de la captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero y con el nuevo papel de Delcy Rodríguez dentro del esquema político venezolano.
Bloomberg describe además un acuerdo petrolero mediante el cual Estados Unidos tendría una participación del 35% en North American Blue Energy Partners y derecho a comprar a precio de costo el 20% del crudo producido en yacimientos venezolanos con reservas probadas estimadas en unos 65.000 millones de barriles.
Es el nuevo “Folleto” del chavismo “ligero” que aparece en los nuevos informes de los mercados petroleros.
Para Rystad, el país es una enorme oportunidad de recuperación productiva , aunque llena de obstáculos técnicos y financieros. Para Bloomberg, es además una pieza que Washington comienza a incorporar nuevamente a su estrategia de seguridad y abundancia energética.
La otra Venezuela , la de las 8 horas de apagones, salario en bolívares, escasas oportunidades, persecuciones y presos políticos, inclusive imposibilidad de producir crudo por el estado caótico de sus instalaciones chatarras, parece estar fuera de las salas donde se habla de barriles, plataformas, inversiones y licencias, un país que según las mediciones de encuestadoras como Meganálisis , aproximadamente el 75% de los venezolanos rechaza el acuerdo energético pactado entre la administración de Estados Unidos y el gobierno interino de Delcy Rodríguez.
El cuestionamiento vía redes sociales de comunidades y grupos de venezolanos en estas últimas semanas plantea que el acuerdo petrolero debe ser tachado de ilegítimo porque no pueden producirse acuerdos petroleros internacionales antes de que exista una legitimidad política y social dentro de Venezuela, es decir un gobierno elegido popularmente por el soberano.
La discusión adquiere todavía mayor relevancia porque análisis como los de Rystad y Bloomberg no están necesariamente interesados en responder este tipo de cuestionamientos, ni en lavarle la cara a ningún actor político. Su objetivo es otro: medir producción, inversiones, riesgo, infraestructura, mercados y oportunidades.
Y precisamente ahí puede estar el origen de la percepción de algunos venezolanos de que los grandes medios y consultoras internacionales estarían “lavándole la cara” al régimen.
Pero conviene separar dos cosas : Describir la oportunidad petrolera venezolana no equivale necesariamente a respaldar políticamente al interinato. De hecho, el propio análisis de Rystad está lejos de presentar una recuperación fácil: habla de cuellos de botella, riesgo país, incertidumbre fiscal, falta de equipos, necesidad de servicios especializados y dificultades para transformar las reformas legales en producción real.
El problema está en otro lugar cuando la producción del barril corre el riesgo de quedar subordinada a la dimensión política.
Siempre fue así durante estos 28 años de dictadura chavista, cuando el petróleo fue utilizado como instrumento de poder político. Ahora, después de la captura de Maduro y del nuevo arreglo institucional encabezado por Delcy Rodríguez, el petróleo vuelve a convertirse en el argumento central para la producción internacional a gran escala para un tiempo futuro.
Rystad mira hacia las 93 plataformas que Venezuela necesitaría para 2028. Bloomberg mira hacia la creciente integración de Caracas en las conversaciones energéticas de Estados Unidos.
Hasta ahora queda pendiente una paradoja, y es que una cosa es que Venezuela vuelva a ser atractiva para producir petróleo en los mercados internacionales, y otra muy distinta que los venezolanos consideran ilegítimo el mecanismo político mediante el cual ese petróleo está regresando al mercado.
Lo escuchó de varios analistas: “ Si ese mismo acuerdo se hubiera firmado por ejemplo con María Corina Machado, la aceptación popular habría sido radicalmente distinta” . El rechazo, por lo tanto, no es estrictamente económico; Es profundamente político y emocional.
La Casa Blanca rechazó el martes la idea de que el acuerdo retrasaría el retorno a la democracia en Venezuela.
Obviamente la apertura de los negocios petroleros inevitablemente avanzará mucho más rápido que el cronograma electoral, la reconstrucción democrática y la legitimación de las instituciones que fueron arrasadas; pero de seguro en algún momento debemos dejar de culpar a todos los factores externos a nuestros problemas internos y dejar atrás la tóxica dependencia hacia los “salvadores de la patria” , ese producto político adulterado que invocamos cada tanto con el propósito imaginario de que combata por todos para devolvernos gratuitamente nuestra libertad política, social, emocional y financiera, y al que dos semanas después es víctima del odio automático, por no conseguir los propósitos de la tarea encomendada en la teoría del día a día.
La clave estratégica radicará en evitar que el petróleo en el mercado, que es bueno para la economía, sustituya a las urnas, exigiendo que cualquier acercamiento conduzca inexorablemente a la restitución institucional.
@damasojimenez




































