Una frase expresada frecuentemente por los noruegos resume lo que es el fútbol: es un juego. Esa visión simplista hace ver este deporte como una sana diversión; sin embargo, en otras naciones esta percepción no aplica, los extremismos ideológicos, la política, los factores socio culturales han transformado esta noble actividad fisco-mental en otra cosa.
El recién finalizado mundial de fútbol 2026 realizado en México, Canadá y Estados Unidos de América, deja una estela de lecciones que van más allá de su concepción de “ser un juego”. Se hizo evidente la combinación de intereses deportivos, políticos, económicos y culturales, destacándose la influencia de esta actividad en el mundo.
Esa fuerza mundial se evidenció con la cantidad de espectadores, televidentes, visitantes de redes, presencia de personajes importantes del cine, otros deportes, empresarios, artistas, políticos y reyes. En este mundo globalizado el fútbol demostró que es el rey de los deportes, la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) se convirtió en una multinacional rentable, poderosa, capaz de sentar presidentes y reyes, doblegarlos ante su poder.
El fútbol ha mostrado la evolución histórica del mundo. Selecciones de naciones con antecedentes racistas ahora muestran ricos mosaicos culturales, permeadas por excelentes jugadores aceptan esas mezclas positivas que han nutrido a sus sociedades de forma constructiva No reconocer ese fenómeno positivo raya en la estupidez.
Pero el fútbol no es un juego simple como lo conciben los noruegos: si ganan estamos felices y si perdemos también. Al sacar las conclusiones, luego de finalizar el torneo el pasado 19 de julio de 2026, no todas expresan ese sentido de fraternidad y sensatez; en este mundo de hiperverdades estimulado por las redes sociales y sus algoritmos, deformados por sus creadores como lo dice Yuval Harari, se están estimulando términos esencialmente violentos, resentidos, despectivos, belicistas, racistas, etc, capaces de llevar a todos los rincones del mundo mensajes más emocionales que razonables.
Las redes permiten que los “supuestos expertos” y otros personajes divulguen sus hiperverdades creando posiciones encontradas, extremismos insensatos, descalificaciones, críticas destructivas, calificativos para justificar posiciones; esta realidad solo ha servido más para demoler a grandes selecciones y jugadores, afectados por los vaivenes del juego, en el que grandes figuras pueden errar una pena máxima y convertirse en villanos en un minuto, sepultados por cualquier comentarista.
Por ejemplo, Colombia hizo un mundial excelente, solo recibió un gol en cinco juegos, finalizó su participación invicta porque fue eliminado en “tanda de penaltis” por Suiza; de la mano del entrenador argentino, Néstor Lorenzo logró ser finalista de la Copa América, clasificó al mundial 2026, le ganó a España (ahora campeona del mundo). Le faltó gol a pesar de tener excelentes delanteros como Luis Díaz, Cucho Hernández y Luis Suárez. Ahora los “expertos” colombianos con arrogancia y prepotencia critican sus logros y a sus jugadores.
Igual sucedió con equipos que tenían excelentes futbolistas como Portugal, Brasil y Ecuador. Pero así es el fútbol, equipo que no hace goles termina mal, no importa si domina el juego, si no logra marcar pierde. Pero la polémica más destacable ocurrió en la final jugada entre la Argentina de Messi y la España de Yamal, el resultado fue de 1 a 0, los “especialistas “, los que creen saber algo de fútbol y los opinadores de oficio, han creado un ambiente nunca antes visto. Destacan las críticas devastadoras contra un equipo que demostró “su extra” en los tres últimos juegos contra Egipto, Suiza e Inglaterra y en la final contra España, entre la presión en un escenario con miles de espectadores y el desgaste físico, no se desempeñaron muy bien.
Las polémicas surgen luego del resultado. Dice el periodista argentino, Marcelo Longobardi, que personeros de todo tipo crearon un ambiente oscuro, descalificando al perdedor con términos despectivos, los acusaron de racistas, de practicar un fútbol de baja calidad, le quitaron los méritos a un Leonel Messi que había hecho un mundial excelente y ser la marca no solo de una selección sino de un país.
Otros articulistas consideran que el inmerecido Balón de Oro otorgado a Rodri fue injusto porque Messi tuvo más méritos; igual ocurrió con el Guante de Oro entregado a Unai Simón, que tampoco fue acertado pnorque hubo arqueros con mejores desempeños, como por ejemplo, el portero revelación de la humilde selección de Cabo Verde, Josimar José Évora Días “Vozinha”, que en su debut mundialista empató con el campeón España.
A la FIFA se le ha cuestionado en aspectos como el comportamiento preferencial con Estados Unidos de América y el trato despectivo hacia Canadá y México, igual ocurrió con algunas selecciones, las dudosas decisiones técnicas, incluyendo interpretaciones del VAR, los tiempos de hidratación que rompían cualquier estrategia; el maltrato de los organismos de seguridad norteamericanos contra los espectadores inmigrantes y jugadores; muchas acciones de su presidente, el italiano Gianni Infantino, dejaron serias interrogantes.
Los desmanes contra Argentina evidencian los efectos de las redes sociales, los prejuicios expresados a través de ella de cualquiera “bufón” que exprese su verdad y se cree dueña de ella. Este comportamiento desenfrenado de personajes de todo tipo muestra el entrampado mundo que ha creado la globalización, la inteligencia artificial y los algoritmos de esas plataformas sociales sesgadas expresados en términos estimuladores de la confrontación sin sentido y cargados de resentimientos de todo tipo.
En un evento deportivo llamado hacer un sencillo juego, de unión fraterna, cooperación y de expresión del trabajo colectivo de cada equipo, se ha convertido en un espectáculo deplorable, cargado de emociones totalmente contrarias al sentido del fútbol, empeñado en la ganancia, las preferencias, las rencillas, los juicios de los autores de las hiperverdades y de un ecosistema digital que en nada contribuyen al fortalecimiento de la ética y los valores universales.
Quizás la victoria de España ayude a la ruptura de finales “de siempre los mismos”, permitiendo una fructífera rotación que anime al espectáculo. Una final entre Inglaterra y España -por ejemplo- hubiera dado un toque de justicia a dos naciones que contribuyen a engrandecer al fútbol con sus respectivos torneos, en el que se entremezclan todos los continentes, culturas y razas.
@hdelgado10




































