Hugo Delgado: A la Venezuela del 24 de junio

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Los centros de acopios nacionales e internacionales están abarrotados. Las iglesias están llenas con feligreses. Estas líneas solidarias son para esos venezolanos, y en mayor rango, para los afectados directamente por el terremoto ocurrido el 24 de junio de 2026, así como también para todos los afectados emocionalmente en todo el territorio nacional. Lo sucedido en la zona norte de Venezuela cuyo epicentro mortal está en los estados Falcón, Carabobo, Aragua, el Distrito Capital  y La Guaira, obliga al país a pensar en un futuro complejo.

Lo primero que debe entenderse es la necesidad de reorientar el futuro que ahora tienen los venezolanos, este reto supera las posibilidades del régimen que actualmente dirige el país, por cuanto existen limitantes económicas, técnicas, sociales y políticas  que obligan a buscar el apoyo de la comunidad internacional. Este asunto no se puede atender de forma aislada porque no hay ni recursos ni capacidades.

En segundo lugar, la crisis financiera provocada por una deuda oscura calculada en más 240 mil millones de dólares que aún con el incremento de la producción petrolera, la administración de esos recursos por parte del ejecutivo de Estados Unidos de América (EUA) y los altos precios del barril provocados por la crisis en el medio oriente,  es difícil  de manejar y limita económicamente al país para encarar esta crisis.

El tercer aspecto a destacar,  es el manejo técnico del desastre que superó las posibilidades del régimen y su estructura formal que ha tratado de mostrar una falsa faceta de control de la situación,  a través de sus voceros, de capacidad para el rescate, de manejo de la prensa internacional y nacional,  de seguridad en la zona cero, etc. Sin embargo, la verdad aparece cuando son los mismos afectados quienes la dan a conocer.

El cuarto hecho a analizar es que desde el primer día fue evidente que la zona afectada tenía que ser tomada por las fuerzas armadas y los organismos de seguridad para garantizar la vida de los afectados, organizar las labores de rescate, evitar los saqueos, articular el apoyo de las organizaciones internacionales y nacionales, garantizar el flujo de las ayudas, así cómo la cooperación con los expertos en rescates que suman más de dos mil actualmente.

Setenta y dos horas después muchos sectores afectados por el terremoto no fueron atendido por las autoridades, las comunidades asumieron las labores de rescate y control, algunos negocios fueron saqueados, se presentaron actos delictivos y reclamos de las comunidades por la falta de apoyo; incluso misiones extranjeras protestaron por la falta de coordinación y los intentos de burócratas locales por entorpecer los procesos; lo evidente es que el régimen con  su estructura paquidérmica no tienen la capacidad para resolver la actual situación y menos organizar los retos que vienen.

Un quinto elemento a destacar son las denuncias y reclamos ya están tomando matices políticos dada la adversidad que existe en la sociedad con respecto a los representantes del régimen.  La solución a la presente crisis no es a mediano plazo, los actos de solidaridad no pueden ser solamente reactivos ante el lamentable hecho sino que deben continuar porque salir de este escollo demandará muchos recursos económicos, insumos médicos, decisiones políticas, coherencia social y solidaridad internacional (sobre este punto podría conformarse una estructura que articule a las instituciones nacionales y extranjeras).

El sexto factor a revisar es la experiencia histórica del desastre natural de Vargas ocurrido en diciembre de 1999, en el que se  evidenció la fragilidad del sistema de emergencia y de atención a los desastres naturales, el asunto no se resolvió acertadamente, en el manejo de los recursos económicos hubo corrupción, muchas de las soluciones diseñadas y aplicadas fueron desastrosas; hoy cuando nuevamente Venezuela vive otra experiencia lamentable, el rol del estado vuelve hacer desacertado, deja una estela de dudas sobre el futuro de las poblaciones vulnerables, repiten su mal manejo de los recursos  y sus intentos por controlar a la opinión pública mostrando una cara que no es.

El noveno aspecto  es que la crisis posterremoto 24-J comenzó y su conclusión no tiene fecha. El impacto del fenómeno natural es dantesco. La intervención de EUA enviando expertos, recursos económicos  y técnicos, no son suficientes. Este apoyo tendrá que ampliarse organizando  los procesos administrativos y logísticos, así como establecer alianzas con otros países y organizaciones internacionales con experiencia en el manejo de este tipo de desastres naturales. 

Finalmente, el imprevisible “cisne verde” nuevamente deja en evidencia la incapacidad de un régimen que ya mostró sus cartas durante 27 años de control absoluto del poder y sus recursos económicos, con resultados nada halagadores. La experiencia Vargas de 1999 evidencia su incompetencia, pero a diferencia de ese desastre natural ahora Venezuela cuenta con la intervención directa de EUA y sus aliados.     

@hdelgado10