Hugo Delgado: El país melón

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El legado histórico de Venezuela es ser víctima de su riqueza petrolera. Su vida ha estado marcada por el oro negro hace poco más de un siglo. Desde el siglo XX y los que va de XXI su destino a dependido de los vaivenes de los mercados internacionales energéticos, de los intereses geoestratégicos de las potencias, en distintos episodios de la dinámica mundial, especialmente cuando han ocurrido confrontaciones bélicas.

El viernes 23 de octubre de 2026, en los campos petroleros de la Costa Oriental del Lago de Maracaibo, un polémico personaje se paseó por las instalaciones tal cual jeques. Hizo anuncios mil millonarios, beneficios para Venezuela que le permitirán superar el desastre que dejó el chavismo en sus casi tres décadas de control del poder. Olvidando los desmanes y dando paso a la impunidad ante los crímenes cometidos por el chavismo, en sus tres décadas de desgobierno.

El citado personaje es Alejandro Betancourt López, el socio accionista de Estados Uidos de América (inexplicablemente con los departamentos de Guerra y Estado y sin pagar un dólar), en la empresa North American Blue Energy Partners (NABEP) con sede en Barbados. Lo antecede un expediente nada claro por su relación con hechos de corrupción durante la crisis del servicio eléctrico entre 2009 y 2010, en la gestión de Hugo Chhávez, a través de la empresa Derwick Associates.

Tenía como socios -además- a Pedro Trabbau López, Domingo Guzmás López, Orlando Alvarado, Francisco Convit Guruceaga. Recibió 12 contratos por servicios petroleros y de electricidad, que fueron investigados por sobreprecios, blanqueo de capitales y desvío de fondos, en EUA, Gran Bretaña, Suiza y España, pero sospechosamente desde que se asoció con el gobierno de Donald Trump, todas las indagaciones y limitaciones a sus libertades desaparecieron.

Sin invertir un dólar el gobierno de Trump se apoderó de las acciones de la empresa, de la producción venezolana, los ingresos por las ventas que no han sido auditadas y tampoco qué instancia maneja los ingresos. La opacidad en los acuerdos, control de las ventas, ha generado dudas sobre las verdaderas intenciones del ejecutivo norteamericano.

El domingo 25 de octubre de 2026, ocurre un hecho que cambió la luna de miel entre la nomencaltura chavista dirigida por los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez y Diosdado Cabello, y la administración Trump. La líder opositora rechazada varias veces por el ejecutivo norteamericano, María Corina Machado, ingreso de forma poco clara, no se sabe si fue con la aprobación o no del gobierno Trump o por iniciativa propia, pero lo cierto es que este hecho moverá los negocios ilegales que sus aliados firmaron con el régimen.

La llegada de María Corina Machado a Venezuela abre un abanico de incógnitas. El ajedrez político girará en torno a ella porque es la opositora con mayor aceptación, en un escenario en el que las organizaciones políticas tienen pocas posibilidades o están desprestigiadas por su complicidad en la corrupción que caracteriza al país.

Hasta el momento y aún con su arrastre, Machado no ha ganado nada, el aparato estatal sigue controlado por el chavismo. Las instituciones, organismos de seguridad, el sector militar, los recursos, son manejados por el chavismo. Además, es una realidad que el Estado de Terror sigue vigente, aunque de una forma más discreta. Por otra parte, la maquinaria política trabaja en función de objetivos futuros relacionados con la legitimación de los poderes.  Aún en medio de las dificultades, los herederos de Chávez aprendieron a manejar los tentáculos de poder, saben apretar las clavijas, asesinan, torturan, encarcelan, mienten y son peligrosos, el respaldo de su aliado Trump,  le permitió a Delcy ingresar a foros internacionales importantes como la Asamblea de las Naciones Unidas, y ganar reconocimiento.

Después de disiparse la neblina, producto del ingreso a Venezuela de María Corina Machado, se sabrá el rumbo que tomará el país. Los acuerdos de su ingreso no se saben, al igual que se desconoce el destino de la la relación Trump-Delcy y de los convenios petroleros suscritos sobre “arena movediza” como dice el experto, Pedro Mario Burell, porque se están haciendo con instancias ilegítimas, como también lo dice el profesor de la Universidad de Harvard, Ricardo Haussmann.   

Relacionarse con Trump no es fácil, decía recientemente Burelli, mandatarios, empresarios o políticos, les temen a sus reacciones, una actitud que ya impacta sus relaciones con los aliados que lo miran con desconfianza, y deteriora la institucionalidad interna y mundial, más ahora que adelanta su plan “zonas de influencia” con el que quiere imponer su visión autócrata, de la mano de Xi Jimping (China) y Vladimir Putin (Rusia).

Ahora con la crisis en el medio oriente y el aumento de los pecios del petróleo, Venezuela recobró su protagonismo energético, pero existen limitantes fundamentales para alcanzar el renombre de antaño;  el primer factor, es la legalidad de los acuerdos  con empresas para mejorar la producción, su infraestructura está deteriorada, incluso algunos analistas dicen que es mejor cerrar a Petróleos de Venezuela,  y servicios claves como la electricidad afectan las posibilidades de aumentar las capacidades.

En una de sus agudas críticas a la cultura petrolera que generó “el país de los mangos bajitos”, el analista petrolero, Gustavo Coronel, advierte sobre repetir los errores pasados que llevaron a la actual crisis, y enfatiza en la educación como motor del cambio que necesita Venezuela, para cambiar los patrones que rigen a la sociedad.  Ese esfuerzo no es fácil, más cuando la gerencia académica de los centros generadores de conocimientos está viciada y carece de visión para tomar las acciones que conlleven a la transformación necesaria.

La tarea no es fácil porque implica un cambio individual y social profundo, romper con una cultura petrolera que se afianzó en una sociedad que se acostumbró a mitificar al petróleo como fuente de riqueza merecida por todos los venezolanos, de creer que “somos ricos” o es la Venezuela Saudita, que oculta en el fondo los barrios de las grandes ciudades en donde se vive en condiciones infrahumanas, ocultas y desconocidas.

El petróleo sirvió para consolidar al país en las primeras décadas del siglo XX, permitió la construcción de las instituciones que le dieron la visión de una Venezuela verdadera, que superó a los caudillos fragmentadores, que impulsó la salud, la educación, la modernización, pero que no redujo muchas de sus frustraciones, resentimientos y exclusiones que aún con los ingresos petroleros no se pudieron superar.

La alianza Trump-chavismo refleja la irresponsabilidad de una sociedad incapaz de tomar en sus manos su destino, la que delegó la solución de sus problemas a terceros, irresponsable, cómplice, acomplejada porque quiso tapar sus deficiencias humanas con una riqueza no ganada y mitos de falsas riquezas que afianzaron su irresponsabilidad. Venezuela entra en una fase compleja, la de construir un país post petrolero o continuar con el país melón en el que sus ciudadanos creen tener muchos derechos y pocos deberes.

@hdelgado10