Hugo Delgado: El legado de Fernando Villavicencio

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“Quien tolera el desorden para evitar la guerra, primero tiene el desorden y después la guerra”. Nicolás Maquiavelo

En el remoto departamento colombiano del Putumayo, se encuentra la población de Puerto Leguízamo, una región impregnada por la belleza de la naturaleza, con zonas aún inexploradas por el hombre en donde conviven una hermosa y majestuosa vegetación, animales exóticos, ríos llenos de magia y leyendas indígenas, que tratan de sobrevivir al inclemente avance de la cultura globalizada, subyugadora de los legados ancestrales.

La mágica región mantuvo parte de su naturaleza virgen  hasta la invasión del narcotráfico y la violencia.  En la década de los 80 se inicia el lapidario matrimonio que ha marcado la vida de la Colombia de los siglos XX y XXI. Puerto Leguízamo surge como base naval, luego de la breve confrontación entre Colombia y Perú (1932), y se crea en la ribera norte del río Putumayo, mientras  la frontera peruana y ecuatoriana se encuentran al otro lado.

La selvática región se ha convertido en zona de nadie, afianzada por las políticas de Gustavo Petro, favorecedoras del auge del negocio de las drogas y de la expansión de los dominios del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), de los llamados “comandos de selva”, integrada por ex insurgentes, paramilitares y narcotraficantes. En este escenario también entra el Cártel de Sinaloa. Su población lo sabe y los ve.

A pesar de la presencia de la Infantería de Marina y de la Armada de Colombia, estos grupos irregulares operan en sus alrededores con libertad total, dice un poblador de la zona y  una fuente militar lo reafirma: “nos tienen atados de manos”. En el río Caucayá existen campamentos del ELN y los propietarios de las fincas temen por sus vidas. La ley de la bala es la que prevalece, mientras  las autoridades locales no pueden hacer nada.

En la zona han ocurrido masacres sin que los medios y los llamados defensores de los derechos humanos digan algo. Todo por el dominio del negocio del narcotráfico. A pocos kilómetros de Puerto Leguízamo ocurrió el bombardeo al campamento ecuatoriano del poderoso y protegido comandante, Raúl Reyes (2008), causante de una crisis diplomática entre los gobiernos de Álvaro Uribe (Colombia 2002-2010), el polémico presidente y prófugo de la justicia ecuatoriana, Rafael Correa (2007-2017), y el abiertamente aliado de las guerrillas colombianas, Hugo Chávez (Venezuela 1999-2012). En este incidente, ya se expresaban los intereses predominantes de los socios del Foro de Sao Paulo (FDS).

Esos intereses ahora son más notables. El asesinato del dirigente político y aspirante a la presidencia de Ecuador, Fernando Villavicencio (59), un periodista investigativo y sindicalista, candidato del Movimiento Construye, que desnudó la corrupción y el autoritarismo del niño mimado del FDS, Rafael Correa, evidencia esa confluencia de propósitos comunes, al punto que el examandatario, sin escrúpulo alguno, hizo un pronunciamiento público, citado por la periodista Salud Hernández  (Semana, 12-08-2023): “Eres un cobarde sinvergüenza. Pronto se te acabará la fiesta”.

En los últimos meses, los socios del FDS ha profundizado su estrategia criminal contra quienes se opongan a sus socios. Lo hace el pedófilo, Daniel Ortega en Nicaragua con la brutal represión desatada contra sus opositores y la iglesia católica. En Venezuela, el títere de Cuba, Nicolás Maduro, utiliza la estructura del Estado para atacar a sus adversarios, las últimas acciones contra la candidata María Corina Machado lo demuestran; recientemente se denunció que el ELN atrincherado y protegido por el régimen planificaba el asesinato del fiscal General de Colombia, Francisco Barbosa, quien adelanta investigaciones en contra de Gustavo Petro.

Petro quien fue denunciado por su ex embajador de Venezuela,  Armando Benedetti, y su hijo Nicolás Petro, por recibir financiamiento con dineros sucios, ya es cuestionado por el “suicidio” del coronel Oscar Dávila, el pasado 9 de junio de 2023 (clave en el caso de la niñera, Marelbys Meza, de la jefa de su gabinete, Laura Sarabia), y  la denuncia del abogado del primogénito, Daniel Teleki, sobre su intento de asesinato. Las investigaciones de Villavicencio implican al ex alcalde y guerrillero del M-19, porque vinculan a su hijo con la aspirante a diputada por el correismo, Raisa Vulgarín, en el traslado de dineros de Bogotá a Barranquilla, cita la periodista Salud Hernández.

¿A quién le conviene el asesinato del candidato del movimiento político Construyendo, Fernando Villavicencio? se pregunta Hernández, lógicamente a Correa, no lo acusa pero sí enfatiza en el beneficio que tendrá  ya que también preparaba otra denuncia en su contra el domingo 13 de agosto de 2023.

El periodista ecuatoriano como parlamentario (2017) había desnudado las andanzas de Correa, a pesar de haber votado por él. Lo vinculó con el robo más grande de petróleo en alianza con Petrochina y la oscura venta de gas; el sobreprecio en la construcción de la central hidroeléctrica Coca Codo Sinclair  de US$ 800 millones a  más de 2500 millones, en complicidad de Odebrecht, la aliada del amo del FDS, Ignacio Lula da Silva; el escándalo Arroz Verde que mostró el financiamiento ilegal del partido de gobierno y de varios de sus funcionarios (Infobae 10-08-2023).

Villavicencio logró la condena de Correa.  Se convirtió en enemigo del FDS porque investigó el caso  de la sospechosa empresa FOGLOCONS  del  barranquillero y testaferro del chavismo, Alex Saab. En este trabajo vinculó, con documentos en mano, a Piedad Córdoba y su hijo Camilo Castro Córdoba, Rafael Correa, Hugo Chávez y Nicolás Maduro, y a Álvaro Pulido socio de Saab y de Luis Sánchez, hermano del asesor de Correa, Jaime Sánchez. En las movilizaciones utilizaron el avión del rey del Clap  el 8 de julio de 2013 y  el 29 de septiembre de de 2015. En este entramado de corrupción se calcula se lavaron US $ 2500 millones.

Su posición frontal contra los narcotraficantes abrió otro frente con el Cártel de Sinaloa que tiene presencia en la frontera entre Colombia-Ecuador-Perú y Venezuela, y que tiene vínculos con grupos traficantes como Los Chontos de Adolfo Macía “Fito”. Igualmente la detención de 6 sicarios colombianos abre las sospechas de la participación de grupos irregulares o mafias de ese país.

Ecuador entró en el ojo del huracán del FDS que está demostrando su poder destructivo cuando de buscar el poder se trata. El asesinato de Villavicencio se une al del alcalde de Manta Agustín Itriago ( 24 de julio de 2023), convirtiéndose en otro hecho que debilita notablemente al gobierno de Guillermo Lasso. El país ahora afronta una crisis provocada por una tácita alianza política del correismo y el narcotráfico.

Tampoco es casual la declaración del presidente de México, Alejando López Obrador, quien descartó la versión de participación del Cártel de Sinaloa en el asesinato de Villavicencio. Más cuando las drogas son utilizadas como arma estratégica para destruir a la sociedad norteamericana, líder de la democracia occidental. Lo que ocurre con el FDS, el narcotráfico y en Latinoamérica, es una demostración de la errónea visión de quienes creyeron en el fin del comunismo y de la historia,  como escribió Francis Fukuyama.

Los demócratas no vieron venir al lobo que disfrazado de oveja filtró la institucionalidad democrática, ocultando sus intenciones con asuntos relacionados con el ambiente, la desigualdad, la pobreza y la exclusión, para luego destruir desde adentro a su eterno enemigo. Ecuador, Nicaragua, Venezuela, Chile, Argentina, Brasil, Colombia y Bolivia, materializan los intereses de los chinos, los rusos y los cubanos, que pacientemente ahora intentan dar la estocada para tomar el poder.

El sacrificio de Villavicencia resumido en su frase “no les tengo miedo”, es un golpe a “la verdad”, vital en la democracia pero enemiga de los comunistas. Quizás este hecho catalice el cambio en una Ecuador sumida en la violencia y el caos, estimulado por el correismo. Una estrategia que ya surtió efecto en Chile y Colombia para llevar al poder  a los ineptos Gabriel Boric y a Gustavo Petro.  Es el costo que pagan los pueblos sumidos en el resentimiento y la venganza histórica, que no saben canalizar sus energías hacia estadios superiores de bienestar, justicia y de construcción de una verdadera cultura ciudadana.

@hdelgado10