Hugo Delgado: Detengan el llanto

801

Entre 2002 y 2003, Venezuela marcó su ruta hacia el fracaso. El paro petrolero provocado por la confrontación del régimen de Hugo Chávez y la gerencia de Petróleos de Venezuela (Pdvsa), degeneró en la expulsión de gran parte de su capital humano y así se inició el proceso, liderado por el profesor izquierdista de la Universidad del Zulia, Gastón Parra Luzardo, de deterioro de su calidad operativa. Hasta ese momento, la corporación funcionaba con poco más de 30 mil trabajadores de óptima formación técnico-gerencial, cantidad que gracias al clientelismo y la corrupción, ascendió a más de 170 mil empleados.

La diáspora de técnicos petroleros comenzó y se dispersó por el mundo. Venezuela perdió uno de sus capitales humanos más importantes. El gritó de Chávez “fuera” no midió las consecuencias futuras: hoy Pdvsa no es ni la sombra de lo que era. Demostró que la verdadera riqueza de un  país está  en manos del capital humano, de su formación educativa, sus valores, su bienestar y del sentido de país que posea.

El tiempo se encargó de  darle la razón a quienes presagiaron el nubarrón que se aproximaba y quitarla a quienes desde el poder creyeron tener el control y con despotismo, pensaron que  los hombres pasaban y las instituciones quedaban. Lamentablemente  no es así siempre y hoy la otrora gran industria trabaja al mínimo y su infraestructura está en condiciones deplorables.

Agencias argentinas de emigración señalan que aproximadamente salen mensualmente mil jóvenes profesionales hacia Europa y Estados Unidos de América (EUA). La desconfianza e inestabilidad económica es el factor de mayor incidencia. Un fenómeno que a corto plazo no tiene impacto, pero que al igual que la diáspora venezolana, demostrará que a largo plazo, los efectos son devastadores.

El último informe de la Organización de  Estados Americanos (OEA) presentado por su secretario, Luis Almagro, destaca  una movilidad de profesionales en Latinoamérica y el Caribe, principalmente Chile, Perú, México, Colombia, EUA y Europa, principalmente España. Las principales razones que inciden en este fenómeno, son el bajo crecimiento 2,2% (2019  antes del Covid chino) cuando la media mundial es 3,1%, la inestabilidad del mercado laboral, la desconfianza e inestabilidad política y la inseguridad jurídica.

El informe de la OEA  al explicar la fuga de cerebros reitera en los siguientes factores: baja productividad laboral, el impacto del Covid chino, pobreza, contracción de la clase media, salarios bajos (un salario mínimo no estimula la demanda y tampoco compensa el esfuerzo individual), poca rentabilidad de fondos de pensión, baja calidad de la enseñanza pública, escasa  inversión en los sectores productivos y de innovación tecnológica, y poco riesgo de los sectores empresariales para emprender.

También incide en el fenómeno migratorio, el desigual avance de las economías de los países desarrollados y los latinoamericanos. Esta tendencia  hace  que cada vez más los mejores preparados escojan los mercados laborales  de EUA y Europa. En 2020, según la OEA,  de la población que emigró hacia Norteamérica, el 50% de la zona del Caribe, eran profesionales, y en el caso de Latinoamérica esa cifra fue  del 57%.  El período 1996-2007  muestra que en este lado del hemisferio, el número de personas con estudios de tercero y cuarto nivel aumentó de 23 millones a 40 millones, generando  la tendencia migratoria anterior.

Según Andrés Oppenheimer (17-02-2022) Latinoamérica sigue presentando problemas estructurales económicos, políticos y sociales que desestimulan su progreso. La mayor parte del continente solo espera que las materias primas (por ejemplo petróleo cuyo precios es de US$94 y el de los alimentos que subió 28% en 2021) incrementen sus precios en los mercados internacionales para aumentar su gasto público y la corrupción, olvidando otros factores que inciden en su crecimiento y atracción de la inversión privada, como ocurre con los países asiáticos.

El periodista recomienda aprovechar las bondades tecnológicas del Teletrabajo, mejorar la inversión y la calidad en educación, estimular la innovación y el emprendimiento, y atraer capitales extranjeros para desarrollar la industria, especialmente la digital y la relacionada con la inteligencia artificial –por ejemplo-.

Por otra parte, la OEA en su diagnóstico también enfatiza en la baja calidad de la educación que sale muy mal parada en materia de habilidades, en la desigualdad entre las instituciones formativas públicas y privadas, advirtiendo que la inversión no garantiza la eficiencia del sistema. Apreciación que también plantea en su informe 2021, la Organización para la Cooperación  y el Desarrollo Económico (Ocde), en el que se recomienda  que ambos factores deben ir de la mano.

La Ocde reconoce los esfuerzos de “inversión focalizada” hechos en Colombia, Chile, Brasil, México y Argentina; y la eficiencia de la organización jesuita Fe y Alegría. También sugiere revertir la deserción estudiantil y recuperar la calidad perdida por las clases a distancia, entrenar y actualizar a la población económicamente activa para hacerla más productiva, reforzar el mercado laboral y crear empleos formales que estimulen el ingreso en las empresas competitivas.

Los informes de la OEA y la Ocde, y las observaciones de Oppenheimer coinciden en la necesidad de mejorar la calidad y el gasto en la educación pública, como fundamento para impulsar un desarrollo económico regional,  que la coloquen en una mejor posición productiva y de atracción de capitales, que vinculen el mercado laboral y las organizaciones educativas, que estimulen la innovación, el emprendimiento  y prioricen las inversiones en áreas como la biotecnología, la biomedicina, la inteligencia artificial y la transformación digital.

A estas recomendaciones continentales se agrega la importancia de la estabilidad política e institucional que reduzca la desigualdad social, combata la impunidad y la corrupción, y amplíe la base fiscal para financiar los programas de salud, beneficios sociales y educación. El esfuerzo integral del continente debe dirigirse a detener el desangre humano acentuado por los vaivenes de quienes irresponsablemente juegan con las necesidades individuales, socaban la esperanza, generan el llanto interminable de las familias divididas por la diáspora y  provocan la pérdida de jóvenes profesionales que buscan un verdadero futuro.

@hdelgado10